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RE-DESCUBRIMIENTO

>> martes, 13 de abril de 2010

La cara del ángel se parecía a las transiciones que sufren aquellas caras que creemos en la distancia conocer y resultan ser finalmente completas desconocidas cuando pasan delante de nosotros. Su altura era tan inmensa como su alma, su espíritu hecho de carne de aprendizaje. Realizado con unas pocas líneas de colores, resultaba casi un armazón suficiente como para reconocerlo en su apariencia, nada más. Una construcción solo de pilares, esperando a su resguardo. Esto fue lo que realmente me cautivó aquel dibujo. Resultaba una portada excepcional. “¿Cuál es el título y el autor?” No me importa, tan solo la editorial… “¿Compras un libro por su presentación?” En efecto, fue un amor a primera vista. “¿Vas a abrirlo alguna vez?” ¿Y deteriorar su cubierta y su encuadernación? ¡Nunca! Solo necesito el editor, como ya digo. Busqué errante con el testigo de una hoja de papel- donde iban anotados los datos, para mí irrelevantes- durante semanas, rastreando cualquier lugar que vendiese libros. Nada. Creí haberme vuelto loco, haber alucinado aquel día. Volví a la fuente: “Clara, déjame ver tu libro otra vez”. No hacían falta más detalles. “Su Libro”. Fue directamente al estante y me lo alcanzó desde su posición. Volví a ver aquella preciosidad grabada a fuego de tinta. Entonces, hice lo que antes me había privado de hacer: pasar mi mano por encima. Rápidamente noté un cierto relieve en las líneas gráficas. Indignado, levante la mirada hacia mi compañera y la interrogué: “¿Qué significa esto?”. Entonces ella me contestó con increíble normalidad: “Lo hice yo. Es acrílico. Perdí la portada y decidí reinventarla”. Un libro blanco abarrotado de aburridos trazos hechos por una amiga. “¿Podía ella en verdad poseer todo este manantial en su pulso tembloroso diario? Miré sus manos: Tenía un talento oculto (e innato, supongo). “¿desde cuando te da por hacer estas cosas?” Ella me contestó con la misma tranquilidad anterior: “Desde que decido marcar las lecturas que me han marcado, darlas mi propio valor.” Noté en sus palabras una falsa modestia como de agradecimiento. Aún así, me conformé con esto. Era más de lo que podía pedir, abusaba demasiado de su confianza. “Devuélvemelo” dijo, pero para entonces ya había salido de su casa. Cambiar una amistad por un dibujo “divino” no está tan mal, de verdad.

13 – 4 – 10

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