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LE LLAMABAN LE CAN

>> martes, 22 de junio de 2010

Era “El perro” franco-inglés. Los esbirros, a sus espaldas, le llamaban “Lacan”, en homenaje al insoportable psicoanalista francés. Decían que hablaba con el mismo énfasis con el que el alumno de Freud daba sus conferencias. Debía ser que se sentía muy importante en su posición. Desconocía, por tanto, esta otra de “payaso” que le otorgaban sus asalariados. Él aparecía con su corbata de interminables playas de repetidas palmeras, su chaqueta y pantalones blancos- camisa, por supuesto negra- y zapatos de falsa piel de cocodrilo. Como extraño dato, apuntaremos que era un mafioso delgado, aunque arrogante en la tradición. Todo comenzó a tambalearse cuando su hija se ennovió con un agente de la C.I.A. El padre sintió en esto una traición filial, pero no por ello dejó de aprovechar su situación para continuar con las extorsiones y los negocios sucios. Lo que más le dolía de su yerno era que le preguntase cómo se podía ser italiano hablando solo el inglés y el francés. No había respuesta para eso, ya que, habiendo nacido en Sicilia, debía de conocer a la perfección el idioma de Dante. Sin embargo, la situación era la que era y durante su vida nunca se molestó en hablar con un solo vecino. Nunca tuvo amigos, esta es la verdad. Su padre era de Irlanda y su madre de Aix en Provence. Lo de la “Provenza” ya era otro cantar. Nunca cantó una tarantela, ni cuando una tarántula le picó una vez y pudo haber eliminado el veneno sudando al ritmo frenético de Rossini. Por esto, no era muy bien visto en las cenas con la otra “familia”. Siempre traía consigo a un rubio bajito, dejándole a él hablar en cada uno de los actos mientras permanecía callado en la mesa, con las manos cruzadas sobre una barriga inexistente. Sobra decir que este rubio bajito no era, como él, un italiano de pega. La noche de autos, llegó en el peor de los coches. Nada más bajar pisó un excremento (él prefería llamarlas “sombras”) de chien. Todos estaban allí. Hasta que él saliera no podían ellos abandonar sus Ferrari. Por fin, de cuerpo entero presente, les tocó a ellos presentar: cogido de las orejas por mil manos despiadadas, el yerno apareció casi sin tocar el suelo. ¿Hasta cuando tenías pensado escondernos tu secreto?” dijo el más bajito, Focillone. “La culpa no es mía sino de mi hija que no sabe elegir bien su pareja…” El yerno pujaba por pisar con los pies la tierra que sobrevolaba todavía, en vano. No obstante pudo decir algo, pues la boca no la tenía tapada: “Querido suegro, mi deber es detener a todos estos buenos amigos suyos”. Era valiente, no cabía duda. Le podían haber dejado seco en el momento en que dijo aquella brabuconada, pero ningún arma fue desenfundada de su chaleco: Todas apuntaban al jefe, a Le Can. “Creemos que esta lección será más dolorosa” dijo Gentile, el más larguirucho de todos. “Pero si me matáis, acabaréis todos desordenados” dijo le Can, en un último intento de convencer. “De eso nada; tu querido yerno nos ha dado a cada uno un puesto en su particular agencia” dijo Rizzotti, el más bigotudo de todos. “Así será más fácil de encontrar a los perseguidos” dijo el yerno. “¿Pero no ves que ya están aquí todos? Dijo el suegro. Moldini, el que más tiempo llevaba en el oficio de todos, comenzó a ponerse nervioso y gritó: “¡Dejarás huérfana de padre a tu novia!”. Estaba apuntando a Le Can con una pistola en la sien. “¿Qué novia? ¡Me ha dejado por un contrabandista de los Mares del Sur!” aseguró el ahora despechado.
¿Murió Le Can en aquella noche de Huerto de los Olivos? Nunca lo sabremos, pues el que aquí escribe acaba de entrar a trabajar, en este mismo momento, para Andrew McCallagan, jefe de los servicios secretos de la C.I.A. y creador de la M.S.F. (mafiosos sin fronteras) y conviene que su imagen quede inmaculada (hasta el día de su fallecimiento, claro).

22 – 6 – 10

2 comentarios:

Meme 22 de junio de 2010, 15:48  

Me encanta como has derrocado en un momento todo el romanticismo italiano que se le ha dado a los mafiosos. De hecho los mafiosos no tienen nada de romántico...
Yo también te aprecio mucho Javi y no me gusta que ya casi no nos veamos y no sepamos el uno del otro. Eso tiene que cambiar!
Mañana seguiré leyendo tu blog.
Un beso fuerte!

putativus 22 de junio de 2010, 15:53  

¡Un beso! ¡Cambiará, claro que sí!

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