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LE MORT ROUGE

>> martes, 29 de junio de 2010



cartel de "La garra escarlata"

Cuando paso por la Calle Mayor, a la altura del Mercado de San Miguel, no puedo evitar elevar mi mirada al tejado de una de las casas que hay frente a este: una escultura de bronce color verde, aparentemente inadvertida, se alza como la más antigua de las antenas parabólicas: es un Ángel Caído. Puesto que nos encontramos con aquella belleza de edificio modernista recién restaurado, mi cabeza siempre me juega la mala pasada: Miguel- ángel. Este Luzbel caminando hacia Lucifer, no es tampoco un arcángel - San Miguel. ¿Qué es? Nunca le he podido ver la cabeza, como estrellada contra su pavimento de tejas. En las noches, parece reverberar también con una luz casi diamantina, que desconozco de dónde proviene. Ese ángel que fue bueno y ahora es, como poco, misterioso, me recuerda en su bella soledad a Erice. Su cortometraje-documental “Le mort Rouge”, desde luego inclasificable y todavía más indescriptible, es todo un monumento pétreo a la memoria fantástica. Como el antiguo Kursaal de San Sebastián (hoy pluma plúmbea de cristal, cubo de imposible mar azul aunque sí de verde cielo), donde comienzan las pesquisas de ese Sherlock Holmes encarnado por Erice (un investigador basado en otro también basado en literatura, esto es, Basil Rathbone, actor cuyo nombre caen bastantes sospechas acerca del de la película del “ratón super-detective” de la Disney). ¡Qué narración más bella efectúa Erice, con esa voz tan paciente y a la vez llena de deseos y necesidades vitales! Una historia realizada gracias a sus pocas exigencias para darse a luz. Erice, parsimonioso, necesitado siempre de tiempo para su propia realización profesional y personal, ha escogido sabiamente un proyecto sobre el que trabajar casi desde casa, sin nadie que le de la tabarra por detrás para preguntarle cómo lleva su propia lucha interior. Erice parece evocar a la autosuficiencia, a la supervivencia con una filosofía que escapa a cualquier elucubración posible, un enigma casi insoportable. “La muerte roja”, pueblo inventado por el director de la película de suspense “La garra escarlata”, retrotrae al lector empedernido (y, sobre todo, miedoso) al cuento de Poe. Esa garra asesina que se escuda como sombra de duda, desfila también como espectro por las paredes de la casa del niño Erice. “Es el cartero de cuando la guerra, el que trae la muerte”. Como en las películas expresionistas, la sombra precede al cuerpo en los planos, presentándole abstractamente, creando temor e incertidumbre. En este caso, la sombra nunca traerá al cuerpo. No hay cuerpo sino voz, la de un director al que nunca conoceremos del todo.
29 – 6 - 10



Victor Erice

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