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Mamá, yo quiero ser Azcona

>> martes, 22 de junio de 2010


Novela de Azcona con portada de Mingote


No sé por qué me acuerdo en estos días de Rafael Azcona. Parece como si una parte de él estuviese en todo mi yo desde que le conocí sin que me lo presentaran. Hoy, ojeando películas en una tienda de El Rastro, me he encontrado a Diego Galán, nuestro querido crítico cinematográfico. Solo se me ha ocurrido decirle “Diego ¿verdad?" Nada hubo de "¿Qué opinas de Rafael Azcona?" Típico esto de encontrarse críticos en videoclubs. ¿Dónde si no? Entiendo que no quieran ir al cine, tal como se ha puesto de precio -amén de la tan eterna mala cartelera que promocionan-. Claro que, siendo coherente en mi profesión, lo que yo haría- si estuviese en sus pellejos- sería atrincherarme en casa y no volver a la editorial de mi periódico hasta que no me dieran algo bueno sobre lo que hablar. Hablar por hablar es charlatanería. Por aquí me entra y por aquí me sale. Siempre pienso en mi como ese Azcona por descubrir, inédito. ¿Se puede ser alguien sin aparentarlo ser y parecer nuevo? No creo. Aspiro a ser una persona como él. Esto es más difícil que aspirar a ser el "personaje". ¿Cómo se pueden decir tantas verdades con humor y a la vez aparentar no ser una persona interesante? Todo esto no lo entiendo. Son tres normas que no hay cómo casar. Sin embargo, hay posturas menos irreconciliables que esta: De carácter aristocrático, inclinación homosexual e ideología marxista, podría decirse que Visconti poseía una mezcla explosiva e imposible de conjugar. Pero no nos apartemos del kit de la cuestión: Azcona es como ese ser que parece incluso dormir contigo para impedirte soñar con él. Creo que hay veces en las que no es posible soñar con una persona con la que se duerme. Esto se debe a que parece estar ahí protegiendo al soñador, conduciendo su caudal onírico. El mío, en particular, con o sin sujeto a mi lado, ya no suele desbordarse. Cada vez sueño menos que me caigo de la cama y despierto.


Retrato de Azcona realizado por Mingote


Para ser Azcona, esto es verdad, hay que pasar primero hambre y olvidar que se es genial para trabajar como un funcionario toda la vida, sin derecho a jubilación. Esto me gusta menos. Todavía no me he hecho a la idea de que llegará un momento de mi vida en que tendré que poner a dormir estos pájaros míos que tengo en la cabeza. Les taparé la jaula con una tela negra y se creerán apadrinados por la reina de la noche, la que les hará dormir el sueño de los justos. Seguro de que antes de que apremie la necesidad de comer, ya los habrán cazado a escopetazos otros. No me importa. Unos pájaros por otros: Ahora, lanzo unos poemas míos de falsa juventud por la ventana en forma de pajaritas (ni siquiera los disfrazo de avioncitos. Aunque sea triste, vuelan mejor los avioncitos que las pajaritas en papel). ¿Cómo podía escribir tan evidentemente? Se supone que la poesía es sugestión ¡y yo quería explicarlo todo! ¡Bendito poeta! Mientras Azcona, más inteligente, hacía volar los papeles que todavía no había escrito para el nuevo guión de Ferreri, llegado por primera vez a Italia para trabajar con él. Azcona, en su Logroño natal, escribía mucho mejor, con la perfecta conjunción del payaso blanco y el payaso Augusto al que se refería Fellini: la mezcla el payaso serio y elegante con el del chistoso y patético, la lucha eterna del hombre con sus dos "yos". El poeta-guionista-escritor-dibujante cantaba al humor y esto le era suficiente. Yo, humorista, trato de parecer grave y esto es lo que hacer reír y no tiene ninguna gracia. Es el encantador encanto del castillo encantado: todo un fantasma ¿no creen? Así me veo yo. Arrastrando de por vida estas cadenas de la coherencia. ¡Puf!
22 – 6 – 10



Una novela de Azcona ilustrada por él mismo

2 comentarios:

Meme 23 de junio de 2010, 2:16  

Me ha encantado esta frase: "ese ser que parece incluso dormir contigo para impedirte soñar con él".
Y por favor, nunca pongas a dormir a tus pájaros, son una parte insustituible de ti. Nadie podrá matarlos a escopetazos si tú no quieres, si tú los proteges.

putativus 23 de junio de 2010, 4:05  

Descuida, que yo más que de pájaros soy de tener por casa tortugas... Me gusta verlas moverse a cámara lenta, pensar qué van hacer en cada momento cuando luego en realidad acaban por no hacer nada. Arrugaditas y asustadizas. ¡Qué divertidas son las tortugas!

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