Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

UNA NÍVOLA: “NIEBLA” DE DON MIGUEL DE UNAMUNO

>> miércoles, 14 de julio de 2010

Hay veces en que me cuesta retirar el apelativo precedente y subjetivo de algunos nombres. Pero, tranquilos, yo no soy como aquellos otros que siguen empeñados en redimir de sus arrugas a algunas divas llamándolas por el diminutivo de su nombre. “Encarnita” de tal, a sus setenta años, es un piropo bastante desastroso. En el caso del “Don”, como es este, creo que continúa siendo correcto- aún después de muerto al que cabe hacer los honores- porque esto mantiene en una condición de superioridad al afectado que debe seguir respetándose. Hemos tenido muchos genios en nuestra historia. Si seguimos acotando, en la historia de España, sigue habiéndolos y muchos (también frustrados, cómo no). Luchadores en sus ideales, recalcadotes de sus sentimientos, defensores a ultranza de aquello que mantenían como humilde descubrimiento. Habrá habido- como no- otros menos seguros de sí, que no hayan permitido dar a conocer lo que tramaban. Como si estuviesen cometiendo un delito, han negado la confianza al público de aquello que no hubiera estado de más de compartirse, para bien universal. Como el amante que oculta su relación a los demás, asustado, como un criminal. Don Miguel, convencido de lo que pensaba, no dudó en cavarse su propia tumba ante el tribunal inquisitorial de Millán Astray y sus muchachos en la Universidad de Salamanca, tras la Victoria del 36. Y digo su tumba, porque murió, días después de aquel, recluido en su casa, creo yo que de pena. La “cervantina cojitranca”, uno de los versos de Sabina para su canción de “Máter España”, hace alusión a la comparación que don Miguel hizo de Astray con el autor del Quijote, en lo único que se le podía comparar: lo tullido. Unamuno tiene una visión (y, también, una versión) de España que invita a la depresión. Un pesimismo de novela filosófica, casi inclasificable, como es la “Nívola”. Este término lo pone en la boca del amigo del protagonista del libro, Víctor, que se encuentra escribiendo una novela que no quiere que se concrete en ningún género. Una “Nívola”, por tanto, algo inventado, nuevo, que calle las bocas de los expertos en literatura. Quizá el pesimismo no sea tal. Debería decirse así: “El enfrentamiento del lector con los misterios de la vida y de la muerte, de la religión y de la preocupación existencial en definitiva”. Esto, evidentemente, genera una depresión en el lector, pero porque no quiere asumir aquello contra lo que se da, sabiendo que no hay otra posible escapatoria. Augusto, un personaje de ficción en manos de su creador, Unamuno, es como la vida de un hombre en manos de ese Dios que “le sueña”. Cuando ese Dios despierte, o se canse de soñarle, no sabrá qué hacer con él y le asignará un final. Así, Augusto morirá y también Unamuno. Vivimos en un sueño, en una “niebla”, de la que tememos conocer sus cotas. Estamos confundidos pero no queremos salir de esa confusión, de esa ignorancia, por tanto. Solo los más fuertes, los más maduros, traerán consigo estos pensamientos, estos temores, y serán como el pan nuestro de cada día, como aquello que tenemos solo un poco más lejano que las canas y las arrugas. ¿Y qué hay de si hay Dios o no lo hay? Es todavía más terrible asumir que después de la muerte ni siquiera hay resurrección, que no hay espíritu para la vida eterna, que todo acabó. Que, cuando esto suceda, ni siquiera podremos ya pensar que esto se ha acabado. Una broma macabra la de aquel que nos trae al mundo para morir, para ir muriendo cada día. ¿Para qué estamos aquí? Un misterio que a mí todavía me da miedo a resolver. Para mi, hay valentía en la decisión de pensar que no hay nada más allá. Mientras aquellos con fe se compadecen de esto otros, tratan de pensar que en su último momento les entrará temor y querrán creer (siempre presentes los últimos momentos de Azaña) por temor al ver tan cercano el final, los hay que piensan que las religiones existen por el miedo a morir sin continuación posible. Entre estos, me encuentro yo. Puede parecer una idea muy simplona, después de tanta historia como la de las religiones. Pero, a mi juicio, en la idea del dios se abrazan muchos individuos por este motivo.
Quizá se por esto, porque tratamos de una novela que habla de estas y otras cosas, que las enfrenta sin olvidar la parte de ficción (repleta, por otra parte, de innovaciones que la hacen única), con la que se aprende incluso “a ser”, considero “Niebla” importante, dentro de las obras maestras, por no carecer de ningún contenido, porque es completa más allá de lo que se la pueda exigir, porque se completa después de ser escrita, sigue viva y polémica. Una historia concreta pero universal es su pieza clave.
14 – 7 – 10

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP