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EL MONIGOTE

>> domingo, 29 de agosto de 2010


Un dibujo, realizado a carboncillo sobre papel que representaba a un hombre diminuto, sentía una desaforada sed. Veía que, en la mesa donde descansaba dentro de la hoja, el dibujante había olvidado su vaso de agua. Hacía mucho tiempo que el estudio había quedado vacío, el suficiente como para que un dibujo comenzase necesitar de su hidratación. Había sido engendrado y abandonado a su suerte. El monigote llegó a renegar de su padre porque pensaba que era ya imposible que apareciese. Cuando todavía no habían pasado tres horas desde que el hombre había dibujado en el papel, la puerta se abrió y ¿quién apareció?...
“¡Padre, padre, déme un poco de su agua, que me muero!” dijo el dibujo con una boca no muy perfilada. Pero el padre de la criatura solo había vuelto para llevarse el vaso. Al tratar de cogerlo, tuvo la mala suerte de que resbaló de sus dedos y fue a volcarse sobre el papel donde aquel sediento pedía a voz en grito agua. Todo quedó emborronado, nada recordaba ya a la figura humana que hace un momento pedía su salvación. Aquello que podía haberle quitado su sed lo eliminó. Tal fue el enfado del dibujante ante las consecuencias de su torpeza que no dudó en hacer de su última creación una pelota de papel y arrojarla a la papelera.

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