Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

LUGARES COMUNES

>> miércoles, 25 de agosto de 2010


“El año que viene casi todos ustedes serán profesores. De literatura no saben demasiado pero lo suficiente para empezar a enseñar. No es eso lo que me preocupa. Me preocupa que tengan siempre presente que enseñar quiere decir mostrar. Mostrar no es adoctrinar, es dar información pero dando también el método para entender, razonar, analizar y cuestionar esa información. Si alguno de ustedes es un deficiente mental y cree en verdades reveladas, dogmas religiosos o doctrinas políticas, sería saludable que se dedicara a predicar en un templo o desde una tribuna. Si por desgracia siguen en esto, traten de dejar las supersticiones en el pasillo antes de entrar al aula. No obliguen a sus alumnos a estudiar de memoria, eso no sirve. Lo que se impone por la fuerza, es rechazado y en poco tiempo se olvida. Ningún chico será mejor persona por saber de memoria el año en que nació Cervantes. Pónganse como meta enseñarles a pensar. Que duden, que se hagan preguntas. No los valores por sus respuestas, las respuestas no son la verdad. Buscan una verdad que siempre será negativa. Las mejores preguntas son aquellas que se vienen repitiendo desde los filósofos griegos. Muchas son ya lugares comunes, pero no por eso pierden vigencia. Qué, cómo, cuando, por qué; si en esto admitimos eso de que la meta es el camino, como respuesta no nos sirve. Describe la tragedia de la vida pero no la explica. Hay una misión, un mandato que quiero que cumplan. Es una misión que nadie les ha encomendado pero que yo espero que ustedes, como maestros, se la impongan a sí mismos. Despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez. Sin límites… sin piedad."

Discurso del profesor a sus alumnos en el film “Lugares comunes”


La enseñanza no es moco de pavo. En el profesor, reposa una gran responsabilidad. Bajo sus palabras, sus actos, se encuentra no solo la responsabilidad de educar, sino además la de comunicar. Conseguir el interés del alumno, sus ganas de aprender. Estoy de acuerdo en que estas palabras parecen más cinematográficas que reales, pero este ejemplo debe de tenerse en cuenta a la hora de abordar una realidad. Por supuesto que no existe una sola verdad. Por ello, hay que aprender a enseñar que hay distintas verdades y versiones de la historia, y conocerlas todas para llegar a una media de las mismas.
El maestro tiene ante sí una ardua tarea. No me resulta extraño relacionarlo con la figura del traductor. Al fin y al cabo tanto uno como otro se encargan de transmitir información adecuándola de alguna manera. El origen de traductor tiene dos significados. Por un lado, el de “traidor” y por otro, el de “el que trae”.
El maestro tiene que conseguir que el alumno se sienta interesado por las clases, por la oratoria. Debe saber que este intuye en el fondo de su ser lo siguiente: “Lo que aprendo en clase podría aprenderlo en los libros”. Para evitar que este presentimiento se cumpla, su obligación es no aburrir. Si sus clases acabaran por resultar tediosas, el “pupilo” retomaría la idea de aprender en una biblioteca dejando así de perder el tiempo en las horas lectivas. Dar lugar a la participación es también un buen sistema. Muchos estudiantes no sienten la necesidad de colaborar con el profesor en este sentido, es más: piensan que una clase consiste en que una persona con el rol de docente habla y habla mientras ellos callan y apuntan. Lo apuntado les servirá para enfrentarse después a un examen.
El alumno debe sentirse espoleado, tener la necesidad de encontrar un momento en el que aportar su opinión. Sentirse incluso presionado para ello. Resulta necesario que haya un intercambio de opiniones. Es sano. El alumno así da a conocer sus puntos de vista. Su visión de las cosas puede resultar útil al profesor, del mismo modo que las contestaciones del educador pueden guiar al alumno en el conocimiento y manejo de su brújula orientativa. Volver más preciso no solo su conocimiento, sino su modo de conocer, de adentrarse en este laberinto que es la sabiduría (la experiencia vital, por supuesto). En un examen apenas puede el alumno expresarse libremente, atado de pies y manos por un temario. El profesor, qué duda cabe, debe de encontrarse siempre dispuesto a conocer cosas nuevas, mostrarse abierto a propuestas. El que un maestro reciba lecciones no debe representar para el alumno “debilidad”. Es más, esto debe ser para él una muestra más de buen hacer por parte de quien “debe enseñarle”. Esto engrandecerá el respeto que sienta por él. Al menos, así debería funcionar. Igualar posiciones es otra de las tareas a llevar a cabo. Que ni el alumno se sienta inferior ni el profesor superior. Como ya he expuesto, entre ellos debe de intermediar el respeto (y que cada uno de los dos se lo gane con creces, claro es).
Durante mis estudios tanto en la Universidad como en el colegio, los profesores vieron en nosotros a futuros profesores. Unos con buenas intenciones, otros como destino sin remedio. Los segundos veían la profesión que ejercían como forma más coherente de sobrevivir en el mundo laboral. En Bellas Artes la cosa era más clara. Así nos lo dijo el entonces decano en la presentación de inicio de curso. Muchos tendríamos ilusiones que nunca se cumplirían relacionadas con ese hacerse un nombre en el mundo del arte. “Acabaréis siendo profesores y se os quitarán esos pájaros de la cabeza”. Siempre ha corrido la voz en nuestra carrera de que los profesores que dan allí clase son, en su mayoría, artistas frustrados. No obstante, hemos de diferenciar entre los profesores que ofrecen clases de carácter práctico (pintura, escultura, dibujo, grabado…) y los que ejercen como teóricos del arte. Luego están las ponencias, las publicaciones de libros… Hay muchas formas de vivir en este mundillo además de la de dar clases en un aula. Están, además, los que “han conseguido vivir del arte como tal” compaginando este modus vivendi con el de ser profesor. Ser profesor es sentir ganas de transmitir a los demás cualquier tipo de conocimiento, de explicar cuestiones que están todavía vírgenes para aquellos que acaban de llegar, como quien dice. Quien no sienta nada de esto y vea su profesión como mera forma de obtener una economía que le permita vivir, más vale que desista de su empeño y deje su puesto libre para otro que seguramente haga más honor a su profesión. La palabra “vocacional” debe de suscitar más de un cargo de conciencia a quien acude disgustado a su clase diariamente.

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP