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DASEIN

>> martes, 26 de octubre de 2010

La vida
Es “Invidable” y envidiable
ante el horizonte de la muerte

Dar la espalda
A esta perspectiva de fuga
Es negar a Heidegger
Es Vivir para el día
Sin esperar a la noche

Queremos evitar
El punto de confluencia
Para no oír al ocaso
Del demasiado tarde
Pero nuestro ser
Que afirma su ir haciéndose
Nos anuncia que de su tarea
Algún día, descansará

Yo, desde mi posición
Combato a este hombre
Con la poesía, mi reflexión
Aguardando al día
Con la filosofía
Del trovador

26 – 10 – 10

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ERA LO QUE SE MERECÍA

>> lunes, 25 de octubre de 2010

- Anoche hablé con ella por última vez…
- ¿Quedaste con ella?
- No…
- ¿Hablaste por teléfono?
- Tampoco…
- ¿Contactaste con ella por Internet?
- Qué va…
- ¿Entonces?
- ¿Hay que tener contacto con otra persona para relacionarte con ella?
- ¡Tú me dirás!... Me recuerdas al falso poeta que creó Machado… Juan de Mairena ¿no es eso? Sí, en efecto, Juan de Mairena.
- ¿Lo ves? ¡Tú tampoco has creado un diálogo directo conmigo! Te pones a divagar y a divagar…
- ¿Tú hiciste eso anoche?
- Más o menos… la escribí un poema y se lo dejé en su buzón.
- ¿De qué hablaba?
- Más o menos la comunicaba que no podía seguir estando con ella…
- ¿Y se lo dijiste en poema? ¡Ya hay que tener valor…!
- Siempre me comuniqué con ella así… Era lo mínimo que podía hacer. Se merece cualquier cuidado y detalle.
- Pareces un frívolo hablando así.
- Piensa lo que quieras…
- No lo terminará de leer. Ni siquiera lo conservará. Esas cosas duelen, en verso y en prosa. No debías de haberte esmerado…
- Sigues pensando eso… lamento que tengamos puntos de vista tan distanciados…
- Contéstame a esto: Si tanto la estimas ¿piensas que se merecía esto?
- Merecía mi sinceridad…
- La sinceridad poética no es sinceridad…
- ¿Eso crees? ¡La poesía es verdad!
- Eso es una máxima…
- La poética, sin ribetes, sin pedantería… me refiero a la lírica libre de aprisionamiento estilístico...
- Ah, vaya… Ya comprendo.
- No te rías de mí.
- ¿Por qué nunca me escribiste una poesía?
- Te he dicho que la poesía es sinceridad…
- En efecto, eso has dicho.
- Pues ahí tienes tu respuesta.

25 – 10 – 10

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ENSAYAR ENSAYOS

Siempre me he preguntado por este afán de formular mis inquietudes por escrito. Cuando pequeño, creía que llegaría un momento de mi vida en que haría las cosas con corrección, sin motivo para ser corregido. Nos sospechaba por entonces que el corrector iba a ser yo mismo. Ahora, descubro que nunca podré descansar en mi pasado, que siempre me revisaré por esta obsesión de no dejar de poder ser incorrecto. ¿Algún día escribiré sin temor a resultar ingenuo en mis preguntas? Esto de “ensayar” es cosa muy seria, pues preguntarse por cosas que han de ser universales (por fuerza, pues de lo contrario no podrían interesar a los demás) supone ya de por sí la inseguridad de estar equivocado en las formulaciones. Ensayamos durante toda nuestra vida sin esperar un ejercicio definitivo que demostrar. ¡Hasta mi pelo es inseguro, pues siempre anda despeinado! Admiro a los rizos, anclados en su propia forma, seguros de su determinación a permanecer pegados a la piel.
¿Qué es la madurez? Para mí, reconocer que puede actuarse erróneamente hasta un día antes de la propia muerte. Quizá las preguntas evolucionan, y por eso no deben ser corregidas, pues esto supondría la eliminación de la propia evolución. Pienso que todavía puede ser peor, pues en este caso no solo me corrijo a mi sino a los demás cuando dejo de hablar egocéntricamente.
Borro, pues, la memoria con mi actitud. ¿En qué puedo ver que mejoré si no conozco mi inicio?
Distintas caras de mi propia Historia que quieren ser solo una. Este mismo individuo que lucha por destruir su propia historia a fuerza de perfeccionarse, querría saber el origen de la Historia, su primer día, para comprender este último.
Pararse a pensar (o parar a pensarse) desde mi posición profana resulta un verdadero quebradero de cabeza. Aceptar un infinito a la inversa en el mundo es un verdadero despropósito (y, sin duda, una equivocación tremebunda por garrafal). ¿Cómo puedo pensar que hubo un día 1 en el mundo? Esto sería tanto como pensar que hubo un principio en el tiempo, algo totalmente contradictorio. Pensar en el origen de la propia medida resulta incluso cómico. ¿Antes el primer minuto qué hubo? ¿Qué hubo cuando no hubo tiempo? ¿Qué engendró el propio tiempo? Todo ha sido engendrado por otra cosa anterior, por lo tanto solo cabe pensar en un número infinito de engendradores. Hasta pensar en Dios como cosa creada por sí mismo sería una locura. Ha de aceptarse como un dogma, y esto echa por tierra el propio espíritu de la filosofía.
Así pues, reconociéndome en este sentido kantiano al no poder demostrar como factible una Crítica de la razón pura para comprender el mundo, solo me queda, como decía Machado en su poema, el advenimiento de ese pájaro, de esa paloma que fue Platón.

25 – 10 - 10

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CINCO PREGUNTAS

>> viernes, 22 de octubre de 2010

(TEXTO DE EL CULTURAL)

1 - ¿Se está formando correctamente en España a los almunos e bellas Artes?
2 - ¿Se consigue, por parte de la Facultad, que sus alumnos salgan preparados para su futuro profesional?
3 - ¿Se está enfocando correctamente la visión Artística en la universidad?
4 - ¿Qué cambios sería los necesarios para desatascar el conflicto de "retraso" en las bellas Artes con respecto al resto de países?
5 - ¿Qué se entiende hoy por artista plástico?


(TEXTO DE MORAZA)

1 - ¿Hay suficiente fuerza por parte de los profesores como para convencer a los alumnos acerca de una nueva concepción de las Bellas Artes?
2 - ¿Participan suficientemente los alumnos en su responsabilidad como para ir modificando la visión "retro" de las Bellas Artes?
3 - ¿Está actuando el Estado correctamente para renovar la visión de "cultura"?
4 - ¿nos hemos librado de la antigua concepción del artista?
5 - ¿Se encuentra la figura del artista en un momento de crísis?

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SUPLEMENTO DE EL CULTURAL. PROS Y CONTRAS

Tras realizar esta lectura reflexiva acerca de la situación actual del Arte en España, creo que no debo ocultar cierto pesimismo como conclusión hacia lo extraído.
Estos mismos problemas surgidos de las opiniones de artistas, críticos, profesores, son viejos conocidos respecto a lo que, año tras año, he venido recopilando dentro de mi propia investigación como estudiante expectante de futuro. Año tras año, esta realidad va tomando una posición más cercana, pues a medida que uno va finalizando los estudios siente que aquello que tarde o temprano será una realidad, va conformándose como problema-real-práctico. Tras estos cinco años de carrera, no he conseguido encontrar una voz posible con la que atacar al problema de frente. Los buenos profesores en lugar de darme las respuestas, me han generado más preguntas. ¿Debemos resignarnos a asumir la particularidad de una España que se mira al ombligo en lugar de aprender de otros países? No hay duda que esa concepción del “genio” que no necesita de los estudios para demostrar lo que lleva dentro se encuentra más generalizada de lo que creemos. No obstante, la clave misma de los estudios se encuentra precisamente en la necesidad de olvidar el ombligo (o, al menos, tratar de dejarlo de lado) para conocer otros ombligos en los que su egolatría es menor. Esto es más recomendable que el despertar de ese sueño que se creía inmortal y encontrarse cara a cara con que el dinosaurio todavía sigue ahí. El artista debe de ser un individuo social, dispuesto a relacionarse con los demás para desbancar ciertas ideas absolutas que parecen resistirse a su propia movilización (evitando obtener como resultado un deambular de las mismas). Conocer para poder hablar con más derecho, para merecer el respeto de los demás. El aislamiento solo produce eso, aislamiento. Se puede vivir como un ermitaño, pero hay que aceptar entonces esas reglas del juego. “Si tengo talento, ellos vendrán a mí sin tener que ser yo el que vaya hasta ellos”. Esto retoma la concepción ególatra antes citada. También es cierto que se puede no ser un ermitaño y, a la vez, no participar de la concepción actual del arte. Hay quien puede haberse quedado enamorado del arte en una de sus etapas pasadas (los museos pueden descubrirnos momentos artísticos que nos cautiven). También cabe la posibilidad del que se sienta capaz de aunar esa concepción anterior con la actual de forma que funcione. Esta podría ser una forma inteligente de actuación. Para eso, hace falta cierta visión para los “negocios”. El no renunciar a nuestra personalidad debe ser lo primero a tener en cuenta. En el momento en que podamos anularnos por otro arte que nada tenga que ver con nosotros, estaremos siendo incoherentes. También resultaría interesante pasar por diversas etapas para encontrar finalmente nuestra propia “medicina”. Lo importante muchas veces es más el viaje que el destino. Al fin y al cabo, Bellas Artes es más una carrera vocacional que una inversión a largo plazo. La experiencia personal, lo que extraemos de una etapa tan interesante como lo es la universitaria, debe de ser una de nuestras metas. Hay quien pueda concebir una carrera como un trámite o un simple título para un plan futuro; lo que encuentro ridículo es emplear cinco años de una vida en algo que no nos estimule ni nos de nada a cambio. Hay casos de personas que comienzan la carrera con una concepción de la misma y salen defraudados, terminándola o abandonándola antes de su conclusión. El tiempo empleado en ella puede desgastar los ánimos, pero ello es señal de que algo no está funcionando (y no me refiero solo a la actitud del alumno).
En cualquier caso, si algo como la enseñanza no nos reporta aprendizaje (o así lo creemos) no debemos seguir jugando a algo que puede volvernos incoherentes (y si lo hacemos, que el propósito sea de dar una oportunidad a poder estar equivocados).

22 – 10 - 10

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SOBRE EL TEXTO DE JUAN LUIS MORAZA “DECÁLOGO-DESEO PARA UN ARTE DE LA ENSEÑANZA (DE LAS ARTES” (1999). UNA CONCLUSIÓN

El ser humano comprometido con el buen funcionamiento social, con el “progreso”, ha tenido como preocupación universal la aplicación de la frase de Pitágoras “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. El sustantivo “niño”, en el sentido que quiero aplicarle en este caso concreto, se referiría al individuo en proceso de formación. Se precisa, por tanto, de una solución del problema desde su inicio, para que este no quede viciado y sea demasiado tarde después. Si en estas personas se encuentra el futuro, deberían ser preparadas para enfrentarse sin problemas a una madurez que les permitiese responsabilizarse de la educación de las siguientes generaciones, llegando a un perfecto equilibrio evolutivo. Con esa misma idea de libertad individual, el ser humano no cejaría en evolucionar con respecto al momento histórico que le tocase vivir. Durante toda la Historia, la juventud ha sido sistemáticamente demonizada por una parte de ese otro grupo de individuos de mayor edad (y, supuestamente también de mayor experiencia) que, anclados en cierta actitud reaccionaria, no han dudado en verlos como un peligro para el futuro. Se les tacha de inconscientes, de caóticos, y otros adjetivos no menos grandilocuentes. Siempre ha habido, por tanto, un miedo al cambio. A esto hay que decir que han sido precisamente estos cambios de concepción los que han permitido avanzar en la Historia. Ciertamente, la libertad nos asusta, no sabemos de qué modo obrar cuando la vida se nos presenta sin apoyos sobre los que sustentar nuestra seguridad. El miedo a la libertad nos ha hecho confiarnos en ciertos protectores que nos han impedido, paradójicamente, evolucionar. Solo cuando se escucha las distintas versiones de la realidad plural, es cuando el individuo asume (más tarde o más temprano) todo ese crisol, ese caleidoscópico que conforma las distintas realidades para explicar lo que nosotros podemos percibir, como bien nos explicó Descartes.
Es en la Universidad (cuyo término viene a referirse en su significado sobre “la única verdad, la verdad universal”) donde entraremos en contacto con este conflicto a la vez aclaratorio. No solo esta tarea se encuentra en la mano de los docentes, encargados de preparar a los alumnos para el futuro al que han de enfrentarse al concluir su ciclo formativo. Son también los propios alumnos los que ayudarán, en una tarea recíproca, a formarse en esa otra universidad que viene a denominarse “de la vida”.
No quiero exagerar, pero la cafetería de una facultad, mismamente, puede ser considerada como una asignatura más. Yo me atrevería a considerarla como la asignatura que abarca a todas las demás. Lo que no se aprende en las charlas mantenidas entre compañeros, las conclusiones obtenidas desde tantos puntos de vista, no se podría aprender en otro lugar. En ellas se discute acerca de las asignaturas que se tienen en común o no, de las experiencias, sentimientos propios… La evolución vital la podemos encontrar en una persona con la que se han compartido vivencias durante los años requeridos para una carrera. Se puede pensar: “Cómo era esta persona en el primer año y cómo es ahora.” Curiosamente, los gustos estéticos- en el caso de la Carrera de bellas Artes- suelen evolucionar durante este transcurso vital de tal forma que no se parezcan en nada, que resulten incluso contrarios los últimos para con los primeros. Al ir avanzando en cursos, al alumno se le van dando ciertas libertades que no tiene del todo en los primeros, con asignaturas comunes a todos, siendo una obligación el que sean cursadas. El campo, como digo, se va abriendo con multitud de posibilidades, lo que puede generar también un caos, una indecisión para un individuo decidido a aprenderlo todo, a conocer todo lo posible que se oferte en su caso.
Si hay algo que pueda achacarse a la Facultad, es esa especie de “encerramiento” al que se somete al alumno, en esa especie de apariencia de que “fuera de ella no hay mundo”. Al salir, pues, el alumno, se encuentra medio desprotegido. Esto, afortunadamente, está siendo atajado por una parte profesoral nueva, con concepciones más abiertas, con una mente más actual respecto a otros profesores, cuya edad y generación les aportó una concepción diferente respecto al artista y su futuro profesional.
En cuanto a la exigencia, como estudiante de la Universidad Complutense de Madrid, he encontrado diferentas sustanciales al cursar otras asignaturas (de libre elección) en las demás facultades del recinto. El nivel que se pide al alumno y la evaluación afecta al rendimiento y calidad del trabajo del alumno, lo que puede llevarle a una cierta desorientación e incluso frustración al ver recompensado de forma tan irregular su esfuerzo.
Todos estos planteamientos entrarían dentro de diferentes criterios: facultad, decano, profesorado, alumnado e incluso cierta ideología interior dentro de cada carrera en cuanto a su concepción de las cosas.
Como puede comprobarse, la unificación de la enseñanza, además de imposible, resultaría inútil. Todo ejercicio de homogeneización es peligroso y nos evoca ciertos errores que no conviene repetir.
Un profesor debería de tener en cuenta todos aquellos quebraderos de cabeza que tuvo cuando era alumno para aplicar con coherencia su tarea. Aquello que le preocupó siendo estudiante o que encontraba como injusto, tratar de atajarlo con su situación social actual. Ahora, tendría en sus manos esas armas para poder mostrar a esos nuevos alumnos una puerta nueva a la educación.

22 – 10 - 10

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A MARCEL DUCHAMP

>> jueves, 21 de octubre de 2010

Suguealisme eres tú
Con tu carcajada
En forma de bigote
Para la Gioconda
Los italianos,
Al no comprender todavía
El surrealismo de las bombas
Olvidaron responderte
Con otra broma

De las veces que destruyeron tu bidé
Demostraron que era prescindible
Porque podía hacerse otra copia
Como una película de Clair quemada
En un proyector del Montmartre

Estas rimas descienden siguiendo las pisadas
De tu cuerpo, desnudo de escalera para abajo
¡Mira! ¡Puedo hacer caligramas!
De tu cuerpo femenino te hablo:
Vístete para que no te lo vean
¡Qué bien se admira tu piel, ahora disfrazado!
A Rosa no se la ví: era su perfume barato

Tu rostro cadavérico, se apoyaba en un deporte serio
El ajedrez te ayudaba a pensar cada una de tus jugadas
Tu carácter paciente se cansó de todas las vanguardias
¡Siendo uno en tu grupo, siempre eras el primero!
Soportándote tú solo, un día dijiste: ¡Inventemos una!
Ese día, tu rostro olvidó la mano y se apoyó en la cerradura
Enamorado de un cuerpo sin rostro tumbado sobre la hierba
Te propusiste en matrimonio y fuiste novios y novia

En fin: lo que quería
Era hacerte un homenaje
De poesía desordenada
Radical y anárquica
Como la pisada del elefante
¡Ya tengo dos rimas!

Pero, al final, la rima austera me puede
Yo no estoy hecho de tu madera
El artista, a su manera, nunca se rompe
Es un solo material su rompecabezas

Muchos “is-t-mos” surgieron
Como para conmover la tierra
Y hacernos a todos pedazos

¡VIVA DUCHAMP!
¡VIVA!
¡VIVA FRANCIA!
¡VIVA!
¡VIVA EL ANARQUISMO ARTÍSTICO!
¿Nadie contesta?
Es que esto
No se dice en voz alta.

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EXILIO INTERIOR

>> martes, 19 de octubre de 2010

No sé cuando ni cómo creé la siguiente historia en mi cabeza:
“Un científico, pasa todos los días, a esa hora, por un parque, camino de su laboratorio. En uno de los árboles se posa todos los días, a esa misma hora, un extraño pájaro, desconocido aún por la ciencia. El científico lo codicia, está obnubilado por su exótica belleza. Cada día, trata de de atraparlo, pero en el último momento el pájaro, asustado, se escapa siempre a tiempo, volando.
El pájaro y el científico me representan a mí. Un día uno y otro día otro, como por relevo. Esta es mi verdadera confusión.
Como el científico, quisiera llegar a comprender al pájaro, que es mi obsesión.
Como el pájaro, me siento agredido diariamente por mi propia esencia.
No comprendo la situación actual en la que vivo. Lucho, por defenderme como individuo, ante el peligro inminente externo. “hay que comprender” me dice este. Casi resulta un imperativo ante el cual se accede cediendo: “no quiero comprender esto porque no me interesa”. Y después de comprender ¿a quién le comprende uno?
Es incoherente el rol que se ha adjudicado esta sociedad: no da su brazo a torcer pero, a su vez, repudia este mismo hecho con la palabra (y creo que, más que denunciarse a sí mismo, lo hace para con los demás).
Pienso, después, como ser contradictorio social: ¿Para qué voy a renegar concretamente de mi nacionalidad, cuando el mundo entero se encuentra en la misma situación? ¿Por qué abandonar el lugar que me vio nacer y crecer? ¡Que lo abandonen aquellos que ahora mismo lo deforman con su forma de proceder! Todos luchan por desconocerse unos a otros. Yo lucho por no perder mi identidad; por ello, me he parapetado en mi propio interior, hablando todos los días conmigo mismo. No quiero perder la cordura. Por lo que se ve, me equivoqué de roles. Más que el científico o el pájaro, soy entonces el árbol que los separa a los dos.

Recurriendo a la desesperada a la filosofía universal, vienen a mi memoria los nombres de Epicuro, Schopenhauer y otro no tan acreditado sino más cercano a la novela: Baroja.
En general, resumo la situación en un solo sentimiento: el egoísmo. No un egoísmo voluntario, sino común a todos los mortales. Así, por ejemplo, si al terminar una clase de filosofía sobre este tema, yo me levanto y me marcho a comer, algunos estudiantes de la asignatura pensarían de mí: “Este va a predicar ya con el mal ejemplo. No solo no se queda a hablar con nosotros sobre este tema tan preocupantemente anclado dentro de nuestro ser sino que es el primero en demostrarlo… cuando vayamos a comer, ya nos habrá quitado uno de los platos que seguro queríamos tomar…” Por otro lado, es demasiado el sobrevalorar de este modo la actitud de los estudiantes de Filosofía, que seguro que en muchos casos les preocupa más terminar la carrera para empezar a cobrar dando este tipo de lecciones magistrales que ahora reciben. El hombre necesita ser egoísta para sobrevivir. Esto, dicho por Schopenhauer en su época, serviría para que fuese tildado de visceral. Ahora, solo con el paso del tiempo, se le considera incluso un autor clásico, que nada impresiona ya con sus teorías. En mi caso, Schopenhauer me dirá que mi mundo como voluntad se encuentra en el deseo de comprender lo que ahora me rodea y resulta hostil. En el caso de los demás, su voluntad será imponerme sus ideas y tratar de reconducirme por otro camino, sacándome de una duda para introducirme en un conformismo. ¿Y si no me quiero conformar? La representación del mundo que yo haré, por otro lado, será la que me convenga para sobrevivir a él sin volverme loco, sin acabar en el final de Andrés Hurtado e “El árbol de la ciencia”. Ahora, mi propósito a satisfacer será el de no molestar ni ser molestado. En el resto de deseos, más terrenales, suelo ser menos exigente. He llegado por fin a Epicuro, quien recomienda satisfacer las voluntades de forma irreal, en el pensamiento, en la imaginación. La recreación interior de la satisfacción de deseos es más agradecida que la ingrata realidad. El deseo acaba condensándose dentro de mí, sucede el placer en mi imaginación, sin que el real llegue. Este puede ser mi camino particular hacia el budismo, disolviendo los deseos mediante esta forma “mágica” de contentarse. Y es que, muchas veces, no somos sino cosa onírica, irreal, que no quiere creer que vivimos lo que vivimos. En Occidente, el exterminio de esta ansia de deseos, que no conduce más que al dolor generado por la habitual frustración, Baroja lo traduce por el suicidio como única liberación de la agonía de un personaje que vive en un mundo de lobos, irracional, hostil y duro.
Genero, pues, esta especie de corteza, este corcho que me impermeabiliza de aquello que puede dañarme psicológicamente. El cerebro resulta el elemento esencial en el ser humano. Sin él, ni siquiera somos conscientes de que no somos nada al perderlo. La reencarnación sería, pues, absurda, pues nunca recordaríamos qué ser vivo fuimos antes (y esto es tan sencillo como que nos encontramos en un cuerpo distinto, no igual).
Anclado en estas raíces que suponen la persistencia en mi propio “yo”, no me afecta el viento si solo supone la caída de unas hojas que después se regenerarán.

8 – 10 – 10

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¿SUEÑAN LOS ÁNGELES CON LAS MARIPOSAS?

>> lunes, 18 de octubre de 2010

¿Sueñan las almas?
¿Pueden permitirse
Permanecer inconscientes?
El alma, no sueña
Porque en sí ya es sueño
Y si tampoco pisan
Nunca podrán tropezar ya
Tampoco

¿Piensan las almas?
¿Qué son las almas
Sino el humo
que no se fuma?
¿Alguien se tragó
Alguna vez su espíritu?
¿Sintió que se le salía
En algún estornudo?
¿Qué son las cosquillas
Sino almas fugitivas?

Alguna vez conoceré
Todo el polvo que no veo
Cuando dirijo mi mirada
Hacia un horizonte lejano
¡qué bien se ve
Tras todas esas cortinas!
¿hasta donde llega el sonido
De mi inesperada risa?
¿Quién es el último
Que me escucha?

Si pongo un pie en el techo
Sin romper mi perpendicularidad
¿A quién estaré molestando?
¿Quién vive en ese otro suelo?
Mientras pego saltos
¿Contra qué estaré dando?
¿A quién molestará mi cabeza?
¿Serán duros mis cabezazos?

Todas son preguntas respondidas…

18 – 10 - 10

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AÑORANZA INÚTIL

Cuando paso por la estatua
de la plaza del dos de mayo
me pregunto por las proezas
¿dónde habrán quedado?
Desaparecieron como la espada
De estos dos héroes que parecen
Ahora, con sus manos vacías
Retarse, en pedestal, a puñetazos

Noto que la fiebre de la juventud
Permanece apagada dentro de mi ser
Llegar a viejo haciendo tonterías
Me satisface, la verdad, muy poco
Mi moderación de veinte años
Aunque pueda ser extraña de diario
Se descentra y rápido hierve
Cuando pienso en la fama del monumento

¿Hay que convertirse en piedra?
"Más tarde o más temprano
Nos robarán lo que tengamos en la mano"
Pienso algunas veces, aunque en esta
Concretamente, en mi duda
Creo que ya me lo están arrebatando
Suspiro en la incertidumbre
De si valdrá lo que ya he escrito
Si no se estará oxidando
Si en lugar de piedra sea herrumbre
Si acaso no es, en valor, ese tamaño

Observo que, siendo aún joven
Seré también así de viejo
Luchando por lo justo
Siendo de talante moderado
Apaciguador de esta sangre noble
De sentimiento, infecta de preocupaciones
¿quién quiere seguir escribiendo
Ahora que ya no existe la poesía
Del misterio?
Ya todo se cree saber, se conoce
Nada sorprende, nada asusta, nada inquieta
¡Es triste escribir como un viejo!


18 – 10 – 10

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LA FALSA LIBERTAD

>> domingo, 17 de octubre de 2010

Siempre he admirado a los columnistas de cultura de los periódicos: son seres que creen en la inmortalidad por su afán de conocimiento, que parecen haber visto pasar ante sus ojos toda la historia habida y por haber del arte, incluso sin necesidad de haber llegado a una edad avanzada para llevar a cabo esta tarea imposible. Cada vez que surge un evento, un homenaje, una retrospectiva, una edición literaria, allí están ellos para hablar los primeros de autores, obras, épocas y tamaños. Son tan exactos en sus descripciones que parecen haber calcado su opinión de breves reseñas enciclopédicas la noche anterior. No hay nunca una opinión fuera de ese tono cultural. Parece que salirse de la línea descriptiva y aséptica puede resultar peligroso. Sin embargo, hay algunos que pueden ser considerados “periodistas de tercera categoría” sin necesidad de exponer opiniones personales atrevidas. ¿O es que ya se va a crucificar a alguien por un lapsus “escribae”?
¡Qué mentes más cerradas deben de ser aquellas que se conforman con una opinión vertida en un día, una hora y un lugar equivocados! Se juzga constantemente a las personas por lo que dicen y hacen en cualquier momento, siendo este bueno o malo para ellos. Nos falta la conversación reiterada de café para corroborar estas teorías del prejuicio.
Seguramente, todavía haya quien aplauda porque sí en los teatros, pensando todo lo contrario a lo que demuestran sus manos en acción. Convertir en rito algo que debería de salir de dentro, de quien ha pagado su entrada y se encuentra con derecho a no aplaudir. Hay quien dirá: “Claro que se aplaude siempre, pero algunos lo hacen con más efusividad que otros”. De acuerdo, acepto también este gris dentro de las gamas blanco-negrinas. Hay quien dice también que más vale omitir que mentir, por ello para no ser descortés pero tampoco sentir traicionar a la otra persona, hay quien decide no manifestarse al respecto en su opinión. ¿Quién omite miente? No, que va. Es simple educación. Ahora ha surgido la moda de pedir opiniones para poder mejorar el trabajo. Entonces, son ellos muchas veces los que se muerden la lengua con esta aptitud y aceptan críticas que, de no haberlas pedido por propia voluntad, habrían sido duramente atacadas. Entonces, se opta por el enfriamiento para con la otra persona, si esta tiene una relación cercana con la otra. La psicología, en muchos casos, sirve como arma para luchar sin necesidad de una batalla directa. Entonces, llega la falsa libertad: “Podéis hacer esto, sois libres de hacerlo.” Al decir esto, se da a entender que, quien lo propone, no es partidario de ello pero admite que las normas de la libertad están en su contra. Las personas, al oír esto, temen ser libres.
El escritor humilde, por tanto, no tendrá cabida en ciertos círculos donde lo que importa no es el reconocimiento de una mortalidad que limita el conocimiento excesivo, sino el demostrarse erudito al cubo para permitirse influir en quienes recurren a ellos como exploradores en busca de las Fuentes del Nilo. Primero, hay que aceptar esto, para después romper con ello. Síntoma, pues, de la debilidad de quien acepta un conocimiento selectivo, de quien cree en esas Fuentes del Nilo y confía en convertirse en una de ellas tarde o temprano. Si dedicaran toda su existencia a nutrirse de conocimiento, si así fuera, me divertiría pensar en lo desastroso que deberían ser en el resto de parcelas desatendidas de diario. Seguro que no admitirían su descuido. El que es despistado y reconoce serlo, el que se ríe de sí mismo, creo que nunca sería capaz de dedicarse a escribir como es y citar referencias tan aburridas y marmóreas como yermas por su inutilidad. Letra muerta que solo podemos conseguir que huela peor de tanto utilizarla. ¡Reconozcamos lo pestilente del asunto y riámonos de nuestro puesto de disección en el anatómico forense de las catacumbas!

17 – 10 - 10

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UN DÍA EN LA VIDA DE FRED RUBINSTEIN

Como cada mañana, Fred Rubinstein se dirigió hacia la cocina, todavía con la sensación de cansancio que da el haber dormido más de la cuenta. Abrió la nevera y cogió la espuma de afeitar. Con ella, se pintó sus cejas y bigote diarios. Después, sacó sus gafas empañadas y se las puso. Anduvo a tientas por el pasillo y sacó del paragüero su pantalón y chaqueta. Vérselos poner era todo un espectáculo. Después acertó a coger el pomo y salió a la calle sin peinar. Era un día verdaderamente frío. Cuando Fred se dirigía a la parada, pensó: “¿Por qué ir en autobús cuando puedo pagar el cuádruple yendo en taxi?” Con esta mágica deducción, Fred estuvo esperando cerca de media hora a que llegase un simpático coche color amarillo. En todo este tiempo, pasaron cinco autobuses y, además, incubó una gripe galopante. Cuando un taxista se dignó por fin a parar (otros debieron pasar de largo al observar la genuina indumentaria de Fred), Fred había conseguido un nuevo peinado gracias al viento que soplaba a raudales en aquella calle. El conductor le debió de confundir con un cantante del momento, y estuvo empecinado en no reconocer que se trataba de Fred Rubinstein (mucho mejor que el cantante) simplemente por no romper su sueño de lunes por la mañana. Fred acabó creyéndose que era en realidad ese hombre que se había inventado el taxista, y comenzó a cantar canciones que siempre había tenido en su cabeza y nunca se había atrevido a interpretar. Consistían en retales de recuerdos musicales cuya unión resultaba verdaderamente sorprendente. Lo curioso del asunto es que el taxista acabó cantando con él, acordándose de ellas. El viaje fue tan maravilloso que, cuando el coche llegó a su destino, Fred le pidió que no parase, haciéndole recorrer de nuevo el tramo en sentido inverso y luego al revés.
Fred llegó tarde al trabajo. ¡Qué bonito era el trabajo de Fred! Le habían dicho que su jefe tenía su puesto en una de las mesas en las que él trabajaba, confundiéndose con el resto de trabajadores que llegaban tarde. Nunca supo Fred, por tanto, con quién se gastaba los cuartos. Podría ser el compañero que le dictaba lo que tenía que escribir. Era un chico muy comprensible, pues se ofrecía a realizar su trabajo sabiendo que Fred no podía leer por sus gafas empañadas.
A la hora de comer, como siempre, Fred entraba a la tienda de robar comida y, lo que es mejor, nunca pagaba por ello. El dependiente hacía como que no miraba cuando los clientes arramplaban con lo que tenía en el mostrador.
Por la noche, salía del trabajo y se iba a casa andando. Fred era un auténtico deportista de la mente. En casa, no cenaba porque lo único que tenía en la cocina era una nevera en la que guardar las gafas y la espuma de afeitar. Al acostarse, pensaba siempre: “¡Qué suerte tengo de poder vivir mi vida!”

17 – 10 – 10

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LA LEYENDA DEL AHUEHUETE

Pasaba cada día por tu lado
preguntándome si realmente
vives desde hace tanto
combatiendo a las épocas
siendo un objetivo claro
de entre tantos abatidos
de este mundo mortal de años

Tú conociste a mis antepasados
Y ellos pasaban ante ti diciendo
“¡Es solo un árbol!”
Ahora, continúas enhiesto
Cansado de permanecer levantado
Buscando el reposo sobre la hierba
Soñando convertirte en cesto

Cronología: Plantaron los reinados
Las guerras napoleónicas devastaron
Y por último, llegó el pueblo
Y tú, si ser mutilado, ni transplantado
te convertiste en símbolo, a pesar tuyo
Eras un árbol y ahora un monumento

¿Cómo puedes vivir tanto?
¿Sobrevivirás al fin del mundo?
¿Agotará tu savia el aburrimiento?
Cuando el mundo salga rodando
Tú, vertical, perpendicular
Le impedirás el paso
Tropezando contigo, no habrá descalabro

Pienso en ti, árbol milenario
Mientras tapado con tu sombra
Espero ese sol que nunca te aparta
En este día de diario
Ombra mai fu, poesía del parque
Temor de los mortales, recordatorio
Emblema de este parque tan centrado

Eres, más que árbol de la ciencia
árbol de la vida…

16 – 10 – 10

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Reportaje: Exposición Antoni Miralda "De gustibus no disputatum" (Palacio de Velázquez, 2010)

>> sábado, 16 de octubre de 2010

Autores: Javier Villalba Ramos y Javier Mateo Hidalgo


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HUNDIMIENTO Y ASCENSIÓN

>> viernes, 15 de octubre de 2010

No recordaba cómo había llegado hasta allí. Lo único que podía hacer era recorrer el limitado espacio de un punto al otro. Un hombre de mediana edad se detuvo a inmortalizarle, en su particular celda cristalina. ¿Por qué en lugar de hacerle una fotografía no le ayudaba a salir de aquel claustrofóbico lugar?
La libertad estaba a su vista, pero no a su alcance. Podía creer que la tocaba, pero lo único que estaba haciendo era picotearla.
El escaparate era horizontal y encerraba a otros que podían haber corrido su misma suerte. ¿Se pudo haber quedado encerrado también aquel besugo, cuya mirada vidriosa no dejaba de ser otro escaparate sin vida?
El gorrión no quiso detenerse en ningún momento, impidiendo sacar una imagen en condiciones a aquel curioso.
La desesperanza es capaz de generar atención hasta en el más mínimo ser.
Dos estudiantes entraron en el establecimiento solo para advertir al encargado de que un pájaro se había quedado atrapado en el escaparate. El camarero ya se encontraba al corriente de la situación, pero agradeció aquel gesto de los filantrópicos estudiantes de biología.
El gorrión, sin comerlo ni beberlo se encontraba en una situación límite. Lo que sí comió y de lo que sí bebió fue de lo que aquel muestrario culinario le ofrecía. Arrancó algo de la piel del besugo y consiguió beber de un poco de la tinta de unos calamares que, junto al otro pescado, conformaban la parte marítima del festín.
El encargado confiaba en que el pájaro saldría por donde había entrado; lo que no podía imaginar es que ni el mismo gorrión recordaba cómo había dado con su pico ahí.
Cuando parecía todo perdido, algo fabuloso aconteció. El pájaro, se introdujo en una tarta que había sido decorada con la apariencia de un huevo. No puede explicarse este fenómeno. El pájaro, parecía retornar a su propio origen. Permaneció oculto dentro de la masa, alimentándose de vez en cuando del jugo de mermelada y el fondo de bizcocho.
Al poco de este curioso fenómeno, dicha tarta se sacó del escaparate, cuando el pájaro había pasado ya al olvido del encargado y los camareros.
Una señora entrada en años y carnes, había pedido este dulce para tomar en el mismo establecimiento. Sentada en una mesa de mantel, esperaba ansiosa hincar el diente a este manjar que escondía una sorpresa.
El pájaro, al ver mecerse su casa, su nido, se estremeció siendo consciente de que había vuelto a olvidar cómo había entrado allí. Quería salir, revoloteando como un poseso. El movimiento de las alas sirvió de herramienta para ir erosionando la gruta, y, por fin, cuando la señora iba a pinchar con el tenedor y dividir con el cuchillo, el ave fénix resurgió de su dulce tumba, resultando un espectáculo de ser admirado. Los comensales, sintieron ciertas náuseas, pero ya todo daba igual, pues el gorrión había conseguido volver doblemente a la vida, escapando por la puerta del local.
Aquel gorrión que había olvidado el color marrón para vestirse del blanco nata, fue un héroe anónimo, un luchador de la vida que hoy nadie recuerda ya. Tan solo este relato puede servir de recordatorio para honrar su proeza. ¡Viva Gorrión!

15 - 10 - 10

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Extraño cartel

>> sábado, 9 de octubre de 2010

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EL OLOR DE LA TARDE

La tarde huele a fogones apagados
A ese sol que lleva mucho encendido
Al reposo del diario guerrero
Y a sus aprendices, que al no nacer aprendidos
van a admirar a aquellos, tocados por otra luz
luchando en mil batallas, esquivando el colegio
los “Unos” contra los otros.
Atila olvidó la espada, ellos el cartabón

Los menudos dedos de esa niña
huelen a cáscara de mandarina
ese aroma que se coloca bajo los radiadores
que inunda las narices de los alrededores
estas que saltan a la comba, con la digestión encima
en los ecos de un recreo, rebotando desde la cocina
¡Qué gritos desde el comedor!
La clase de gimnasia es siempre la primera
Por la mañana y por la tarde…
Truene, nieve, llueva o caiga un rayo atronador
El niño, de flato en los costados, al deporte se encamina

La tarde le huele a todo lo que no podrá hacer
a todo lo que dejará por el camino
rumbo a cumplir su obligación.
¿Es obediente, desencantado? ¡Es un niño!
Le gusta olerlo, aunque nunca probó el café
¿Por qué no me va a gustar con lo bien que huele?
Es, de nuevo, ese olor de después de comer
Allí se quedaron, en casa, probándolo.
La tarde huele también a sudor
Y a esa agua de alberca que se debe beber
después del competitivo ejercicio

Estando yo congestionado
respiré e inhalé un olor muy fuerte
que llegó a salir por los labios
Pensé que es la única cosa, el catarro,
de lo que de la infancia no te desprendes
Aquel día respiré de nuevo ese olor de tarde
Lo volví a reconocer, pensé que no volvería
De nuevo, el patio, el sol, la mandarina
el fogón y el falso calor de los radiadores
Me sentí con nuevas ganas de volver al patio
y de dejarme cosas, perdidas por el camino
¡que ya las haré! ¡Siempre hay tiempo!
Ahora, iría a enfrentarme con mi destino

9 – 10 – 10

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LECCIÓN

>> jueves, 7 de octubre de 2010

El profesor llevó a sus alumnos hasta aquella clase en la que nunca habían entrado. Con el último en entrar, cerró la puerta y apagó las luces. Se dirigió al fondo del aula, donde podía observarse, con la poca luz que penetraba por las persianas, el dispositivo de ver diapositivas. Dijo con la voz segura que le daba su rol: “Voy a haceros una pequeña prueba para que me demostréis a mí, vuestro nuevo profesor, vuestros conocimientos. Para empezar, solicito la presencia de uno de vosotros, voluntariamente. De lo contraria, tendré que elegir a dedo.”. Como ninguno hizo por felicitar la situación, el profesor tuvo que recurrir a su reciente memoria para con su nuevo grupo. “A ver, Pedro, por ejemplo”. El niño, al cual por supuesto no distinguía de entre el oscuro tumulto, apareció reticente dando un paso al frente. “Sí, tú eres Pedro. A ver, quiero que pongas en funcionamiento este proyector.” El niño se quedó como petrificado, sin querer hablar ni actuar. “¿Qué te ocurre, vamos a ver?” preguntó el profesor a su alumno y examinado. “Profesor… no sé qué es un proyector.” Esta contestación sentó como un jarro de agua fría a su tutor, el cual tuvo que demostrarle, mediante una explicación, que se trataba de lo que tenía delante. “Si es un león, te muerde.” Algunas risas se escucharon como eco de una lección cruel. “¡Quisiera ver lo que hubieseis hecho de haber estado aquí!” pensó el pequeño Pedro, de solo nueve años.
“Vamos ¿a qué esperas?” le increpó el profesor, no queriendo saber que era precisamente era su actitud lo que agarrotaba al niño. En este caso, no tardó en responder a la petición de su profesor y comenzó a tocar botones, aunque su actitud no era desde luego aleatoria.
“¿Qué haces, qué haces? ¡No es tan difícil, vamos a ver!”
El profesor ocupó el puesto de su pupilo, tratando de demostrarle una nueva cosa, en este caso su acción rápida y efectiva para el problema. La cosa se alargó, no consiguiendo el profesor salirse con la suya. “No lo comprendo… Esto lo he hecho muchas veces. ¡Muchos cursos han pasado por mi tutela!”
Pedro, le dijo en voz baja algo que el profesor no consiguió comprender.
“¿Qué dices? ¡No te entiendo! ¡Habla más alto y para tus compañeros, que no estamos solos!”
El niño, quería decirle que aquello no se encendía porque se le había olvidado enchufarlo antes de comenzar la clase. Así, temía ser reprendido por el profesor, pero sabía que no podía quedarse callado al conocer la solución posible.
“¿Cómo te atreves a darme lecciones, tú, que no sabes lo que significa la palabra “proyector”?

7 – 10 – 10

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PALABRA DE UNAMUNO

>> miércoles, 6 de octubre de 2010

¿Por qué he tardado en escribir tanto esta declaración de intenciones? Porque hasta ahora, no había visto clara la razón que me llevara a realizar dicha empresa. Cien años después, me he dado de bruces con Unamuno y he comprendido por qué sentía hacia él respeto como escritor y afecto como persona atormentada e incomprendida. Siempre se pensará que fue un autor un tanto disperso, que nunca logró unificar su discurso para presentarlo como algo homogéneo al público. Esto, para mí, es una virtud propia de ese caos ordenado de las mentes más lúcidas. Unamuno, a mi juicio, si poseía la coherencia de un discurso unitario, de un problema único común a todas sus creaciones literarias: tanto la lírica, como la novela, como el drama o el ensayo, vienen a concurrir en una inquietud que nunca consiguió calmar: el deseo, como mortal, de no morir. Un deseo, un anhelo, un “Hambre de Dios”. En su trayecto vital, el escritor vasco pasó por diferentes formas de pensar: comenzó siendo un católico ejemplar, pero sin renunciar a la razón, lo que le llevó a declararse escéptico, protestante. Creyó después en el socialismo para después abandonarlo por un anarquismo no “dinamitista” (rechazando el ejemplo de Bakunin). No podía creer en una humanidad generalizada. Tenía que creer en el hombre, más allá de su definición general. En el individuo. “Si hubiera un partido Unamunista”, yo sería el primero en no estar en él”. El ser particular, aquel a quien hablaba y aquel que le leería, incluso después de muerto. Como un ser carnal, lleno de vida, rechazaba a la “razón” porque esta rechazaba esa creencia de un “más allá”. La razón, por tanto, según él, “mataba la vida”. No hay un Dios, no hay alguien que no pueda morir y haga posible la “otra vida de aquel a quien crea”. Lutero dijo de la razón: “la considero la gran prostituta porque se acuesta con todas las tesis”. La razón de Unamuno se basa en el sentimiento religioso.
¿Por qué tenemos tanto miedo a sentir? La razón se antepone al sentimiento, a aquello que no puede estandarizarse, controlarse. Kierkegaard habla de la importancia del individuo frente a la omnipotencia de la razón. La fe no puede estar sometida tampoco a ningún sistema. Supone una ruptura en esa necesidad de conocimiento, de aclaración.
Uno quisiera ser como Dios, porque es el ser que nunca deja de ser con su eternidad. Nosotros, tenemos fecha de caducidad. Unamuno quisiera ser alguien que no muriera, porque el hombre se compone de un cuerpo que desaparecerá y de un alma que se rebela contra esa desaparición.
Esta frase de “la materia no se crea ni se destruye, sino que se transforma” para nada es alentadora. Ni siquiera se acerca al sentido de las teorías de la reencarnación. Es como decir que “acabamos criando malvas”, o sea, sirviendo de abono para la germinación de plantas. ¿Y mi ser? ¿Qué será de él? ¿Desaparecerá sin dejar rastro?
Nunca he podido soportar la idea de no poder sentirme ni siquiera fuera de este mundo. De acuerdo, los moribundos pueden llegar a esta conclusión, pero continúa siendo igual de desoladora que la del novio que ya no siente estar con su amada, aún cuando todavía estén juntos, porque no se ha atrevido a separarse de esta.
Siempre andamos buscando excusas para no enfrentarse a este dilema al que debe de atacarse con la filosofía. Debemos estudiar qué es morir, que es la vida, qué es la persona.
La conciencia de que somos seres mortales, hace que pensemos en la muerte, y esta nos tienta a pensar en ello, pero lo esquivamos. Poseemos un cuerpo mortal, pero nuestra alma se resigna a ese destino, desea ser eterna.
“Aunque no sea Dios, solo si hay Dios, podría seguir viviendo tras la muerte”. Dios como garante de vida e inmortalidad.
¿Cómo “vivimos” el hecho de la “muerte”? Como algo a lo que no hay “derecho”. La muerte es el gran mal. No debe ocurrir pero estamos abocados a ello.
En la novela, Unamuno parece crear vidas humanas, localizadas en espacio y tiempo, que viven una vida concreta. Una novela no puede escribirse con conceptos abstractos. Por ello, no escribe tratados filosóficos sino novelas. ¿Por qué Unamuno no hace metafísica, sino poesía? Precisamente por el hecho de que anhelaba la inmortalidad y no podía recurrir a esa razón, porque no podía satisfacer ese deseo. Lo niega. “para conocer algo, hay que matarlo, hacerlo rígido”. La razón propende a la generalización. Habla de ese concepto de hombre en el que se incluye al sexo femenino, a todos los que fueron hombres como el de Neanderthal… Todo esto ya lo engloba la misma palabra “Hombre”.
En la novela, Unamuno recurre a la imaginación, ya que con la razón no puede hablar de la vida de cada individuo; por ello, Unamuno no hace metafísica, sino poesía, o “fantasmagoría” (término empleado por él en este caso, con el sentido de “productos de la imaginación”). Pone ante nuestra vista una vida, un vivir, inventa esta forma personal, privativa, en la novela, creando incluso un nuevo término: “Nivola” (su significado se define en “poner en un mismo plano al personaje ficticio y el real, porque ambos viven”). Así, en la novela- o Nivola- “Niebla”, el protagonista Augusto le dice a Unamuno, su creador, que los dos son personajes de ficción y con la muerte se nivelarán. Es una especie de venganza lanzada al escritor por tratar de condenarle a la muerte en las páginas de su novela.
Unamuno desarrolla en la literatura una serie de problemas íntimos, de preocupaciones que todos tenemos, universales, que le quitaban el sueño. Un sentimiento trágico, una angustia. Fue un personaje contradictorio, lleno de paradojas, pero aquello le hacía humano. No son problemas, por tanto, que se solucionan en un gabinete, despachados en dos horas.
Toda esta monotonía del único tema al que se le da vueltas de mil maneras, se le observa desde distintos ángulos, se le “ataca” por muchos flancos, es el verdadero testimonio de su paso por el mundo. Un tema del que nunca saldrá ni encontrará solución sino en el que se irá adentrando cada vez más, por el contrario.
Si la literatura persigue un fin estético, Unamuno pretendía ir más allá y dotarla como un instrumento para el conocimiento. Decir algo por la vía de la literatura. Un medio para conocer, para expresar la verdad. “Hago una novela para mostrar algún problema”.
Quizá debido a mi educación religiosa, esta última parte que la razón trata de desmontar no puedo aceptarla. Como el médico Andrés Hurtado, defensor a ultranza de la razón y la ciencia, en la novela “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja, que confiesa: “la religión y la moral vieja gravitan todavía sobre uno; no puede uno echar fuera completamente el hombre supersticioso que lleva en la sangre la idea de pecado”. No me resigno a asumir que vine aquí para morir; que, cuando todo esto termine, todo habrá acabado. No soporto que después de tantos y tantos finales de etapas, de tantos “volver a empezar” en la vida, llegue uno del que no se pueda remontar. Yo también estoy hecho de esa alma universal que se siente inmortal.
Comprendo por esto a Unamuno y creo que la razón de que yo también sea un individuo disperso se debe precisamente a esa necesidad de atacar tantos interrogantes por tantas vías posibles. Quizá me apoye en él porque sea una figura considerada, ya imposible de derribar en su legado. Ha podido lograr, en cierta forma, su propia “inmortalidad”. ¡“Viva” Unamuno!... Todavía, a pesar de todo esto, hay una pregunta que temo, que nunca me gustaría escuchar en su respuesta. Es muy simple: ¿Se equivocó Unamuno?

6 – 10 – 10

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EL MARTIRIO DE SAN SEBASTIÁN

>> martes, 5 de octubre de 2010

A las siete y media de esta tarde, asisto a la representación de la obra “El martirio de San Sebastián”, con música de Claude Debussy y libreto de Gabrielle D´Anunzio, ese poeta que se dramatizó a sí mismo, coqueteó con las mujeres representando la feminidad, colaboró con el futurismo e invitó a su mansión a Mussolini para dirimir sobre cuestiones de ego. La obra es un canto claro a la música sacra, un intento de hacerla perdurar en toda su grandeza. No es de mis obras favoritas pero he de reconocer que Debussy nunca me ha decepcionado hasta la fecha. Su música, llena de un extraño color que a veces enamora y otras inquieta, es en este caso narración para la historia de un mártir renovado por el literato italiano, el cual mezcla vanguardia con hechos “históricos”.
Para empezar, la acomodadora me encuentra el asiento con desgana, defraudada al pensar que, por mi jersey elegante, iba a soltarle una propina. Nada de esto. Conocía bien el camino, no necesitaba de nadie que me guiase como a Lazarillo. Esto es hacer trampa, pagar por algo innecesario a una persona que de seguro cobra lo justo y necesario, donde todo extra es un capricho.
He entrado con media hora de antelación. Quiero sentir la tranquilidad de una sala vacía de público, ocupada por esos músicos que ensayan partes de la partitura que se les resisten hasta en el último momento. Yo también fui uno de ellos, aunque nunca tocase bajo el brillo de aquellas lámparas, ante aquel órgano tan imponente, ante tantas butacas tan bien dispuestas y elegantes, acogido por al calor de aquella madera que acolchaba la sala entera. En el Auditorio Nacional, todos se conocen y todos repiten los mismos errores. Gente que se queda fuera esperando aburrida al comienzo de la función, gente que sale escopetada al primer aplauso, como si quisieran sentarse los primeros en el autobús que les lleve de vuelta a casa… Toses impertinentes en los silencios de pieza a pieza. Esto es lo que peor llevo.
Con la tranquilidad que me da esa media hora previa al concierto, sentado dentro y no de pie fuera mirando a las musarañas, cojo el programa para leerlo con detenimiento e informarme, aprovechando verdaderamente el tiempo. No me gusta, tampoco, el tono que se emplea por parte del encargado de realizar los textos. Parece ser un entendido que juega a ser comprendido por quienes lo leen. La mitad de lo que leo no lo entiendo ¡y no soy estúpido, me considero cultivado en las cosas culturales imprescindibles! ¿Es tan difícil escribir con lírica sin renunciar a esta explicación general y esencial? No lo sé.
Los músicos que se creen con la lección aprendida y no tienen necesidad de repasar, van entrando. Llega el narrador y San Sebastián. Dirán los textos en castellano y se les agradecerá. Mi francés, lo reconozco, no pasa de los tres cursos obligatorios de secundaria.
El director que no llega. Se oyen rumores: “me temo lo peor”. Finalmente, la listilla de mi derecha que ha comentado esto, se calla al verle entrar. También, es la primera en quedarse dormida en mitad de la función.
El director, es como el antecesor de la música. Con sus gestos, adivinamos lo que ocurrirá. Yo, con el programa en mano, también me siento un semidiós, porque conozco lo que dirán los intérpretes. San Sebastián, un jovencito nutrido en los mejores teatros de obras clásicas de España, nos habla de su fe en Dios y su negativa a adorar a los dioses profanos. Por ello, el emperador le condena al martirio, al sufrimiento atroz antes de la caprichosa muerte que él mismo le dicta. En el momento crucial, cuando Sebastián grita hacia Dios, temblándole la voz, comienza a improvisar el texto y a inventarse lo que D´Anunzio preparó para él. Sube y baja párrafos, estrofas, versos y compases. Lo mezcla todo en un nuevo libreto de palabras sin sentido. Todos nos hacemos eco de ello. Finalmente, ese Aleluya tan clamoroso arranca aplausos al más escéptico. La obra ha concluido.

5 – 10 - 10

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ENTIÉNDEME TÚ A MÍ

Aquella tarde fue cuando decidí a visitarle. Mi psiquiatra siempre andaba diciéndome: “¡A ver cuándo pasas a verme y me cuentas cómo te va la vida!” Claro, yo cada vez demoraba más las visitas porque, cada vez que le hacía una para dejarle tranquilo en cuanto a mi situación, me costaba un billete naranja.
Llegué puntual por la costumbre ancestral de tantos años de consulta. Ya por fin recuperado, podía valorar las cosas en su justa medida.
Toqué la puerta corredera del despacho con los nudillos. “¡Ya voy!” se escuchó. Al poco, aquel lugar sacrosanto “me abrió sus puertas”. Ambas se movieron hacia sus extremos. Una mano que estreché me recibió. A esta persona la había tomado yo un verdadero cariño. Conocía todos mis secretos y, lo que es mejor, los comprendía.
Entramos y tomamos asiento, con la mesa del escritorio separándonos. Tras él, aquella fotografía del cuadro de las Meninas. Quise comenzar por formularle una cuestión relacionada con aquella fotografía. Hasta entonces, nunca había podido formularle nada relacionado que no tuviese que ver con aquello por lo que estábamos allí. Además, era él hasta entonces quien siempre había comenzado las sesiones con sus preguntas.
- ¿Sabes que esa fotografía hace alusión a un cuadro que ya no existe?
- No te comprendo…
- Sí, vamos a ver… Es una fotografía antigua, de antes de la restauración del cuadro… “Las Meninas” ya no tiene ese color.
- Lo sé, pero me cuesta admitirlo. Yo lo prefería así. Así lo he conocido siempre y ahora no me gusta… Quizá tenga que ver algo con ese “valor histórico de las cosas”…
- Bueno, pero entonces no se le podría quitar el polvo a las casas centenarias porque también perderían su valor histórico ¿no?
¡Qué tontería! Vaya forma más estúpida de comenzar una conversación. Para terminar de rematarlo, saqué un chiste a la palestra:
- ¿Conoces el chiste del becario despedido?
- No… ¿Qué becario despedido? ¡Eso es una broma de mal gusto!
- ¿Te lo cuento o no?
- Sí, sí, adelante…
- Pues verás… El chiste comienza con una mujer que cuenta al público que ha despedido a su becario. La historia de ese porqué se centra en el día de su cumpleaños (el de ella, no el del becario). Cuando se levanta, ni su marido ni sus hijos se acuerdan de felicitarla. Ya en el trabajo, el becario es el primero y el último del día en felicitarla…
- ¡Formidable!
- … Cuando terminan la jornada laboral, el becario la invita a comer en un restaurante. Luego, la lleva a su casa y se toman unas copas. Cuando ya parece que la cosa no puede mejorarse, el becario se marcha de la habitación argumentando que “va a ponerse más cómodo”…
- Ajá…
- … Cuando vuelve a aparecer, trae una tarta gigante y, tras de él, el marido y los hijos de ella. ¡Juntos, la cantan el cumpleaños feliz! ¿Qué te parece?
- Siniestro…
- ¿Qué dices? ¡Es formidable! ¡Divertidísimo!
- Pues yo lo veo terrible… Según cómo lo enfoque cada uno, se verá como se verá. ¿Tú lo ves así? De acuerdo. Yo, en cambio, lo considero un chiste de humor negro.
- Ya…
- Bueno ¿hemos venido aquí para contarnos chistes y comentar la decoración?
- Hemos venido a hablar de cómo me encuentro, de mi vida actual…
- Correcto.
- ¿Y no se desprende de las cosas que te he contado algo de mí? Fíjate, he desarrollado mi capacidad crítica y de racionalización (el cuadro) y, después, he aprendido a ver las cosas desde un punto de vista positivo (el chiste).
- No está mal, no está mal… Me alegra profundamente.
- Y a mí me alegra que a ti te alegre.
- La sesión son cincuenta euros…

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LA ETERNA PREGUNTA EN EL AIRE

>> lunes, 4 de octubre de 2010

Me encuentro en una galería ante un cuadro acristalado, el cual no me interesa en absoluto. De hecho, me parece más interesante lo que se ve reflejado en él que lo que contiene. Se ve toda la sala blanca, impoluta, adornada (quizá “adornada” no sea la palabra adecuada) por otros tantos cuadros asépticos realizados a golpe de compás. Solo con este instrumento con el que se realizan tantos ceros ha podido llenarse tanto espacio tan estúpidamente. Sigo interesado en el cristal. Nunca he entendido su contradicción. Se coloca para que se puedan realizar fotografías sin que la obra quede dañada, pero a su vez la misma obra nunca puede ser retratada con exactitud por los múltiples brillos del vidrio. A la derecha, tengo una ventana cerrada por otro cristal, el cual, por su antigüedad, deforma todo lo que puede verse a través de él. Los cristales antiguos ¿por qué eran tan inexactos? Vuelvo la mirada al cristal del cuadro. En él se ve la cara de un niño “bueno”, que soy yo. Una cara de palurdo conformista. “Mi propia naturaleza me hace bueno por ella misma” parece decir. Pienso en la juventud de Salinger, en Bukowsky, en Schopenhauer. Todos fueron niños buenos en sus retratos. Todos sucumbieron al sistema del cual renegaron después (cuando ya estaban dentro). ¿Hubiesen podido ser célebres sin pasar por ese aro unificador? ¡Quién pregunta! Yo, el ser más desencantado de la tierra. Ahora ni siquiera puede haber grandes movimientos sísmicos humanos por la pereza que nos embarga universalmente. Estamos adormecidos, atontados. No sé.
Recuerdo lo que me dijo una compañera hace un año: “¿Sabes? Creo que voy a dejar de estudiar esta carrera. Se me está quedando el encefalograma plano”. Como estudiante de Bellas Artes, no pude sentirme tan ofendido, pero sí en cuanto a lo que había esperado de esta muchacha, de su nivel de voluntad, de su inteligencia para con la vida. Si verdaderamente no se lucha por lo que se desea aprender en esta vida, estando o no en esta o en otra carrera, el cerebro se achicará por falta de uso. ¿Hay o no dos dedos de frente en nuestra materia gris? ¿Por qué se afirma algo que delata tan gratuitamente? Tú, “artista”, tiras piedras contra tu propio tejado. El artista, pensador, reivindica la inteligencia, porque en ella se encuentra la sensibilidad. Cuanto más se conoce, más posibilidades hay de justificar este sentimiento tan noble e imposible de aprender que tan ligado se encuentra con lo emocional. ¿Se debe justificar, por otro lado? Lo que quiero decir tiene que ver con cierta insobornabilidad del artista con su propio compromiso. No somos salvadores del mundo ni tenemos en nuestras manos el destino ideológico, la enseñanza política. Como bien me recordó un buen amigo, “no vamos a decidir el futuro de nuestra sociedad, pues como decía Ángel González, para eso están los políticos.” Quizá si nos encontremos en los momentos posteriores a la política, donde el hombre parece reencontrarse con ese origen tan perdido en el que Platón hablaba de una perfecta “Polis”, de boca de su maestro Sócrates.
¿Somos, por tanto, conscientes de nuestra fuerza? ¿Conocemos las reglas del juego, o frivolizamos con estúpidas afirmaciones? Me remito a lo que me dijo a esta compañera de clase: Parecía dar la razón a todos los que piensan que en Bellas Artes se vive del cuento, de la leyenda autodestructiva del bohemio. “¿Y a qué te vas a dedicar cuando termines esa carrera? ¡Mira que lo tendrás difícil!” Lo que sí podemos extraer de esta reflexión es que, el artista es un ser inquieto, que revolotea con indecisión en el panorama futuro que le espera. Por quererlo hacerlo todo no se decide por nada. Cree en un mundo que se desvanecerá cuando terminen los años de estudio, y tendrá que elegir. Esto no lo quiere pensar nunca. “Cuando llegue el momento, se actuará”. Normalmente, se suele acabar donde menos se tenía pensado. Por tanto, Bellas Artes es una carrera vocacional, que siempre sirve tanto al conocimiento que uno se lleva aprendido. Yo me siento orgulloso, incluso privilegiado, por haber podido cursarla como carrera. Son muchos de estos profesores decepcionados con ese mundo que quisieron vivir y contra el que chocaron en la vida real, los que me hacen negarme a acabar como ellos. La vocación profesoral brilla por su ausencia en muchos casos. Tampoco quiero un futuro como el que tengo delante, tras el cristal. Tras de mi, murales pictóricos que ni siquiera el artista de la exposición realizó, sino sus “discípulos de factoría” me hacen reafirmarme en esta cuestión.
Hay ciertos precios que más vale no pagar, porque puedes encontrarte arrepentido, tarde, con una factura en blanco sobre tu mano.

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