Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

ENSAYAR ENSAYOS

>> lunes, 25 de octubre de 2010

Siempre me he preguntado por este afán de formular mis inquietudes por escrito. Cuando pequeño, creía que llegaría un momento de mi vida en que haría las cosas con corrección, sin motivo para ser corregido. Nos sospechaba por entonces que el corrector iba a ser yo mismo. Ahora, descubro que nunca podré descansar en mi pasado, que siempre me revisaré por esta obsesión de no dejar de poder ser incorrecto. ¿Algún día escribiré sin temor a resultar ingenuo en mis preguntas? Esto de “ensayar” es cosa muy seria, pues preguntarse por cosas que han de ser universales (por fuerza, pues de lo contrario no podrían interesar a los demás) supone ya de por sí la inseguridad de estar equivocado en las formulaciones. Ensayamos durante toda nuestra vida sin esperar un ejercicio definitivo que demostrar. ¡Hasta mi pelo es inseguro, pues siempre anda despeinado! Admiro a los rizos, anclados en su propia forma, seguros de su determinación a permanecer pegados a la piel.
¿Qué es la madurez? Para mí, reconocer que puede actuarse erróneamente hasta un día antes de la propia muerte. Quizá las preguntas evolucionan, y por eso no deben ser corregidas, pues esto supondría la eliminación de la propia evolución. Pienso que todavía puede ser peor, pues en este caso no solo me corrijo a mi sino a los demás cuando dejo de hablar egocéntricamente.
Borro, pues, la memoria con mi actitud. ¿En qué puedo ver que mejoré si no conozco mi inicio?
Distintas caras de mi propia Historia que quieren ser solo una. Este mismo individuo que lucha por destruir su propia historia a fuerza de perfeccionarse, querría saber el origen de la Historia, su primer día, para comprender este último.
Pararse a pensar (o parar a pensarse) desde mi posición profana resulta un verdadero quebradero de cabeza. Aceptar un infinito a la inversa en el mundo es un verdadero despropósito (y, sin duda, una equivocación tremebunda por garrafal). ¿Cómo puedo pensar que hubo un día 1 en el mundo? Esto sería tanto como pensar que hubo un principio en el tiempo, algo totalmente contradictorio. Pensar en el origen de la propia medida resulta incluso cómico. ¿Antes el primer minuto qué hubo? ¿Qué hubo cuando no hubo tiempo? ¿Qué engendró el propio tiempo? Todo ha sido engendrado por otra cosa anterior, por lo tanto solo cabe pensar en un número infinito de engendradores. Hasta pensar en Dios como cosa creada por sí mismo sería una locura. Ha de aceptarse como un dogma, y esto echa por tierra el propio espíritu de la filosofía.
Así pues, reconociéndome en este sentido kantiano al no poder demostrar como factible una Crítica de la razón pura para comprender el mundo, solo me queda, como decía Machado en su poema, el advenimiento de ese pájaro, de esa paloma que fue Platón.

25 – 10 - 10

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP