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HUNDIMIENTO Y ASCENSIÓN

>> viernes, 15 de octubre de 2010

No recordaba cómo había llegado hasta allí. Lo único que podía hacer era recorrer el limitado espacio de un punto al otro. Un hombre de mediana edad se detuvo a inmortalizarle, en su particular celda cristalina. ¿Por qué en lugar de hacerle una fotografía no le ayudaba a salir de aquel claustrofóbico lugar?
La libertad estaba a su vista, pero no a su alcance. Podía creer que la tocaba, pero lo único que estaba haciendo era picotearla.
El escaparate era horizontal y encerraba a otros que podían haber corrido su misma suerte. ¿Se pudo haber quedado encerrado también aquel besugo, cuya mirada vidriosa no dejaba de ser otro escaparate sin vida?
El gorrión no quiso detenerse en ningún momento, impidiendo sacar una imagen en condiciones a aquel curioso.
La desesperanza es capaz de generar atención hasta en el más mínimo ser.
Dos estudiantes entraron en el establecimiento solo para advertir al encargado de que un pájaro se había quedado atrapado en el escaparate. El camarero ya se encontraba al corriente de la situación, pero agradeció aquel gesto de los filantrópicos estudiantes de biología.
El gorrión, sin comerlo ni beberlo se encontraba en una situación límite. Lo que sí comió y de lo que sí bebió fue de lo que aquel muestrario culinario le ofrecía. Arrancó algo de la piel del besugo y consiguió beber de un poco de la tinta de unos calamares que, junto al otro pescado, conformaban la parte marítima del festín.
El encargado confiaba en que el pájaro saldría por donde había entrado; lo que no podía imaginar es que ni el mismo gorrión recordaba cómo había dado con su pico ahí.
Cuando parecía todo perdido, algo fabuloso aconteció. El pájaro, se introdujo en una tarta que había sido decorada con la apariencia de un huevo. No puede explicarse este fenómeno. El pájaro, parecía retornar a su propio origen. Permaneció oculto dentro de la masa, alimentándose de vez en cuando del jugo de mermelada y el fondo de bizcocho.
Al poco de este curioso fenómeno, dicha tarta se sacó del escaparate, cuando el pájaro había pasado ya al olvido del encargado y los camareros.
Una señora entrada en años y carnes, había pedido este dulce para tomar en el mismo establecimiento. Sentada en una mesa de mantel, esperaba ansiosa hincar el diente a este manjar que escondía una sorpresa.
El pájaro, al ver mecerse su casa, su nido, se estremeció siendo consciente de que había vuelto a olvidar cómo había entrado allí. Quería salir, revoloteando como un poseso. El movimiento de las alas sirvió de herramienta para ir erosionando la gruta, y, por fin, cuando la señora iba a pinchar con el tenedor y dividir con el cuchillo, el ave fénix resurgió de su dulce tumba, resultando un espectáculo de ser admirado. Los comensales, sintieron ciertas náuseas, pero ya todo daba igual, pues el gorrión había conseguido volver doblemente a la vida, escapando por la puerta del local.
Aquel gorrión que había olvidado el color marrón para vestirse del blanco nata, fue un héroe anónimo, un luchador de la vida que hoy nadie recuerda ya. Tan solo este relato puede servir de recordatorio para honrar su proeza. ¡Viva Gorrión!

15 - 10 - 10

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