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LECCIÓN

>> jueves, 7 de octubre de 2010

El profesor llevó a sus alumnos hasta aquella clase en la que nunca habían entrado. Con el último en entrar, cerró la puerta y apagó las luces. Se dirigió al fondo del aula, donde podía observarse, con la poca luz que penetraba por las persianas, el dispositivo de ver diapositivas. Dijo con la voz segura que le daba su rol: “Voy a haceros una pequeña prueba para que me demostréis a mí, vuestro nuevo profesor, vuestros conocimientos. Para empezar, solicito la presencia de uno de vosotros, voluntariamente. De lo contraria, tendré que elegir a dedo.”. Como ninguno hizo por felicitar la situación, el profesor tuvo que recurrir a su reciente memoria para con su nuevo grupo. “A ver, Pedro, por ejemplo”. El niño, al cual por supuesto no distinguía de entre el oscuro tumulto, apareció reticente dando un paso al frente. “Sí, tú eres Pedro. A ver, quiero que pongas en funcionamiento este proyector.” El niño se quedó como petrificado, sin querer hablar ni actuar. “¿Qué te ocurre, vamos a ver?” preguntó el profesor a su alumno y examinado. “Profesor… no sé qué es un proyector.” Esta contestación sentó como un jarro de agua fría a su tutor, el cual tuvo que demostrarle, mediante una explicación, que se trataba de lo que tenía delante. “Si es un león, te muerde.” Algunas risas se escucharon como eco de una lección cruel. “¡Quisiera ver lo que hubieseis hecho de haber estado aquí!” pensó el pequeño Pedro, de solo nueve años.
“Vamos ¿a qué esperas?” le increpó el profesor, no queriendo saber que era precisamente era su actitud lo que agarrotaba al niño. En este caso, no tardó en responder a la petición de su profesor y comenzó a tocar botones, aunque su actitud no era desde luego aleatoria.
“¿Qué haces, qué haces? ¡No es tan difícil, vamos a ver!”
El profesor ocupó el puesto de su pupilo, tratando de demostrarle una nueva cosa, en este caso su acción rápida y efectiva para el problema. La cosa se alargó, no consiguiendo el profesor salirse con la suya. “No lo comprendo… Esto lo he hecho muchas veces. ¡Muchos cursos han pasado por mi tutela!”
Pedro, le dijo en voz baja algo que el profesor no consiguió comprender.
“¿Qué dices? ¡No te entiendo! ¡Habla más alto y para tus compañeros, que no estamos solos!”
El niño, quería decirle que aquello no se encendía porque se le había olvidado enchufarlo antes de comenzar la clase. Así, temía ser reprendido por el profesor, pero sabía que no podía quedarse callado al conocer la solución posible.
“¿Cómo te atreves a darme lecciones, tú, que no sabes lo que significa la palabra “proyector”?

7 – 10 – 10

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