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PÁNICO ESCÉNICO

>> martes, 30 de noviembre de 2010

Me considero un charlatán, un verdadero trepador de árboles. No dudo irme por las ramas utilizando el tronco solo para acceder a ellas. ¿Por qué un hablador de esta categoría, al pensar en el público como desconocido universal, recuerda el amarillo Molière? Quizá por el temor a ser tenido en serio de verdad, a convertir sus comentarios en argumentos. Entonces, recuerdo que puedo escribir mejor que hablo (aunque, aparentemente, me cueste plasmar más en papel aquello que deshilacho en una charla de café). Me aferro al guión previo y entonces pierdo toda la naturalidad. Mi palabra es firme, pero su lógica no tanto.
En este país somos muy dados a perder la concentración del que nos habla si este está leyendo lo que nos dice. Esto puede deberse a que se pierde ese contacto visual dentro de la comunicación. Si el emisor se encuentra, además sentado, se propicia todavía más la pérdida de contacto con el exterior.
Hablar en público requiere de un aprendizaje (y necesitaría de una asignatura concreta donde se abordase) que, dependiendo del individuo, puede durar toda una vida. Ante todo, es necesaria la memoria, la interiorización del discurso. Los papeles deben de existir, pero solo como herramienta con la que poner en claro las ideas que conformarán el todo unitario. Si es preciso, en la mesa de trabajo se podrá leer una y mil veces aquel borrador con el fin de hacerlo nuestro. Después, solo quedará para el día de la verdad el mapa mental con los puntos primordiales del texto. Entonces, también eliminaremos la silla sobre la que sentarnos y quedaremos en pie, elevando la voz a “la audiencia”.
El tema sobre el que versarán nuestras palabras debería ser lo suficientemente ameno como para no quebrantar el primer mandamiento: no aburrir (es, al fin y al cabo, un acto de caridad que debe de realizarse con el público). Si, por lo que fuera, no consiguiésemos traducir la complejidad de las ideas en resultados más asequibles, debemos de rescatar la atención por otros medios (por ejemplo, empleando anécdotas de vez en cuando como cómplices perfectos a las caras largas). Siempre, defender la entonación ante la monotonía fónica.
Las coletillas, como nexos empleados para asistir lapsos de tiempo in albis, resultan peligrosas en su excesiva repetición.
Ante el tiempo de que disponemos, debemos elegir una cosa y explicarla bien, antes que diez que generen confusión. Primacía en la claridad expositiva. Si existiese la letra de médico para el lenguaje, debería evitarse. Pasaron ya los tiempos en los que al que pretendía enseñar hablando le importaba poco la opinión de sus oyentes. Las clases magistrales deben de ganarse a fuerza de trabajo y humildad.
El público siempre podrá preguntar sobre aquello que ha oído. Se deben esperar ciertas dudas en función de lo que se ha dicho, saber qué es lo que se va a preguntar a continuación en función de cómo haya ido la “ponencia. Esto es lo que considero como una cierta sabiduría previa. Aunque este consejo resulte de Perogrullo, hay que ser consciente de lo que se ha dicho, saber escucharse y aprender de uno mismo.
No conviene poner un problema personal en boca del tema elegido. Hay que pronunciarse; la personalidad cabe dentro de esto, pero siempre que trate de expresarse con una objetividad que importe a los demás. Pretensión de validez. Exponer las ideas propias con naturalidad.
Si el alumno, tras sus exámenes como ponente, obtiene un aceptable resultado y decide abrazar la enseñanza, ha de tener en cuenta no ya la tarea cultural sino formadora de su discurso. Sigue cometiéndose el error de enseñar de la misma forma tanto en una clase de primero como en una de quinto. El alumnado cambia en sus diferentes niveles de formación, y es menester del magisterio atender sus necesidades de acuerdo a su edad. Los primeros cursos son los más difíciles para el educador, que debe de “acoger” a los pupilos de un modo especial, no dando por supuesto determinados aspectos o abriéndose a una irregularidad de conjunto (cada individuo poseerá capacidades particulares). Además de la seguridad como profesional, habrá de enfrentarse a su resistencia psicológica. Puede por ejemplo suceder que el desgaste sea paulatino en lugar de evidente, pero deben de ponerse los medios necesarios para que esto sea cogido a tiempo (y aquí entra también el propio conocimiento de uno mismo).
Para aquel que todavía se resiste a ser convencido, siempre me quedará el ejemplo ejemplar del orador por antonomasia: Demóstenes, filósofo griego, que nos demostró que puede vencerse la tartamudez hablando con piedrecitas metidas en la boca o mientras se sube corriendo una cuesta.

30 – 11 – 10






Una clase sobre las Bellas Artes en el Colegio de Nuestra Señora de Montserrat (Madrid, año 2007)

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EL SALUDO DE LA DESPEDIDA

>> domingo, 28 de noviembre de 2010

Siempre saludaba, al encontrarse con conocidos, con un “hasta luego”, haciendo una larga torera un tanto provocativa. Así eran sus encuentros por la calle. Un día, alguien tuvo la osadía de contestar a su “hasta luego” con un “¿Cómo te va?” Ante esta nueva situación, el hombre que saludaba despidiéndose no tuvo más remedio que cambiar su estrategia: invirtiendo los términos, decidió despedirse saludando y dijo “Yo bien, gracias”. Entonces, de nuevo obtuvo una nueva respuesta: “No te vayas. Quiero hablar contigo”. ¿Qué había podido fallar? Aquel día, aparte de su mirada al suelo para esquivar otros ojos, se había vestido con un gorro negro que le ocultaba casi toda la cara y un abrigo que ejercía la misma función con el cuerpo. Sin querer preguntar ni siquiera la identidad de quien le había tentado, aceptó la invitación del sujeto en cuestión para tomar un café en el bar de la plaza más cercana. Lo hacía por resguardarse de aquel frío de invierno tomando algo caliente en un lugar cerrado, no porque le interesase realmente lo que fuese a escuchar. Era como cuando iba al teatro: aplaudía siempre al compositor, nunca a los músicos, ya que la forma que tenían de interpretar la obra nunca le parecía la correcta.
Una vez allí, el desconocido le indicó una de las mesas del fondo del establecimiento. El hombre que no quería saber nada del mundo mortal obedeció refunfuñando, como dando a entender que lo hacía por educación, no por gusto. No quería que el otro se tomase confianzas para con él, de modo que había que mantenerle tras la raya siempre, no bajando nunca la guardia.
Tomaron asiento y pidieron la consumición. El simpático individuo todavía permanecía con su sonrisa ante la indiferencia del huraño hombre asqueado con no-se-sabe-qué. Trató de devolverlo a la vida, una vez más, iniciando el diálogo pertinente que este tipo de casos tan incómodos pide a gritos al personaje más comprensivo:
- ¿No me recuerdas, Bernabé?
El otro, quedó sorprendido de aquella acusación tan directa. Él había dejado de llamarse así a sí mismo hace tiempo. Aquella voz que había escuchado ponía perfectamente, dentro de su memoria, nombre y apellidos a aquel a quien todavía no se había dignado a mirar cara a cara.
- Yo ya no me llamo Bernabé, pero sí te reconozco. ¿Cómo no te voy a reconocer?
- ¿Quién soy?
- Sabes perfectamente quien eres. ¿Qué quieres?
- Enseñarte una cosa.
Y sacó del bolsillo interior de su abrigo un papel doblado en cuatro partes.
- Ábrelo- le dijo alcanzándoselo. Bernabé pudo comprobar, al desplegarlo en su total, que se trataba de un dibujo realizado por él mismo hace mucho tiempo. El papel casi se rompió en cuatro partes, ya que debía de haber sido doblado y desdoblado muchas veces a lo largo de su historia. Era un retrato. Lo había hecho siguiendo las órdenes del sujeto, del que todavía desconocemos su identidad por culpa de Bernabé, cuando ambos eran amigos.
- la encontré hará dos años y ahora estoy con ella.
Bernabé no salía de su asombro. Lo que tenía delante era un retrato imaginario, que él mismo había creado en una especie de juego.
- ¿Cómo puede ser, Joaquín?
Joaquín, que así se llamaba por fin el otro individuo, le había pedido a Bernabé, cuando ambos estudiaban en la misma Facultad, que le dibujase a su mujer perfecta. El otro había accedido a esta petición tan infantil de forma gustosa. Bernabé presumía de “mano” para el dibujo entre los compañeros. “Tendrá los ojos verdes, la tez un poco tostada, el pelo moreno y largo, la nariz un poco aguileña, los labios carnosos y las orejas pequeñas. Un lunar bajo el ojo derecho, las cejas ni finas ni gruesas (sino todo lo contrario, como decía el chiste)… Cuando el dibujo quedó perfilado, Joaquín se metió el papel en el bolsillo y prometió encontrarla, entre risas.
- ¿Sabes cómo se llama?
- No me interesa. ¡Este café está frío!
Joaquín parecía mostrarse indiferente hacia la actitud hostil de su antiguo amigo. De nuevo, metió la mano dentro de su abrigo y sacó ahora una fotografía, que puso junto al dibujo. Sin duda, era ella. El parecido era asombroso. ¿Se habría inspirado Bernabé en alguna antigua novia para realizarlo tan concienzudamente? Esto era lo que l preocupaba a Joaquín. Sin embargo, a Bernabé solo le preocupaba una cosa: había dibujado, de aquella mujer su apariencia física, pero no la psíquica. Entonces, mostró por una vez interés en todo aquello, preguntando a Joaquín cómo era de actitud aquella misteriosa mujer.
- Tiene muy poca paciencia para todo, se enfada cada dos por tres, desprecia mi forma de ser. Sin embargo, la quiero, Bernabé. Desde que la ví tan bien plasmada y plantada en aquel papel de cuadrícula.
Como dos copos de nieve. Aquellos rostros femeninos inspiraban belleza, pero eran realmente gélidos. ¿Cómo había podido actuar así Joaquín? ¿Qué tenía dentro de la cabeza? ¿Solo buenas palabras? Y lo peor de todo. Siguiendo la lógica del humor ácido ¿se llamaría “Nieves”?
Este tipo de cosas eran las que habían empujado a Bernabé a renunciar de la humanidad. Cada vez que lo pensaba, se alegraba, y era este el único motivo de sonrisa que se le podía apreciar.

28 – 11 – 10

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LIEDER IBÉRICO

>> sábado, 27 de noviembre de 2010

En el contexto del siglo XX, hubo en España una generación de compositores con reconocimiento internacional, que decidieron, movidos por un sentimiento común cultural, rendir tributo a su propia tierra.
Había que dar una voz a este deseo, impregnar de cántico al propio concepto melodioso musical. Porque, de algún modo, la música surge -en lo popular- como acompañamiento de esa voz que promulga una razón para hablar (un consejo, siempre desde la sabiduría). El interés por avivar esta voz en todas las épocas llevó a los propios intelectuales a una labor de recopilación o conservación de este material, que no es sino reflejo de una tierra en su tradición cultural.
El foco de la modernidad se centra en Cataluña, al encontrarse más cercana con la frontera europea. Recoge, por tanto, la vanguardia en esta especie de exportación. No se olvida la propia identidad, el deseo de hablar del presente como resultado de un pasado. Frederic Mompou, decide homenajear a José Janés poniendo música a su poesía en “El combat del somni”. Este ciclo de lieder para canto y piano (instrumentado después por Antoni Ros Marbá), incluye la canción “Damunt de tu, només les flors” que tanto popularizó la voz de Victoria de los Ángeles, cantante también catalana. Como dato curioso, en la película “L'homme et sa musique" (1970) de Jacques Trebout aparecen estas dos figuras de la música española en torno a un piano, el de la casa de ella en Barcelona. Cuando Victoria de los Ángeles y Frederic Mompou se reúnen ante la cámara para interpretar esta pieza, se produce un choque de timideces por parte de los dos. Ella canaliza este carácter por la dulzura, mientras que él permanece concentrado en las teclas de su piano.


Frederic Mompou

Resulta una composición, en total, de extraña belleza, que hoy día sigue siendo redescubierta una y otra vez debido a su propio misterio mágico. Conocerla parece suponer un acto de iniciación mompouniano, un ritual de comprensión hacia una música distinta, una dimensión en la concepción del melómano que le obliga a romper con lo establecido, esperando conmoverle o, al menos disponerle, a una nueva sensibilidad.
El compositor interpretaba para Soler Serrano en una entrevista para TVE su composición “más conocida para el público español”: Se trataba del “placide”, perteneciente al álbum “Música callada”, que la cadena SER utilizó como sintonía durante muchos años. Hasta aquí llega el desconocimiento del público hacia la obra de Mompou. Quizá pueda decirse a favor de este que la música de Mompou resulte de difícil memorización para repetición personal del oyente fuera de su audición. Verdaderamente, la composición original al piano resulta más agradecida que la adaptación para las ondas, en clave de “clave”.
Otros autores, como Xavier Montsalvatge, Con las “Cinco Canciones negras”, deciden realizar una mezcolanza aún más extraordinaria, al cambiar de continente. Montsalvatge utiliza el recurso de García Lorca en “poeta en Nueva York”: Descubrir a la América de color. Si en su poesía el poeta granadino les dedicaba su atención como a especies de figuras marginales como a los gitanos en su Romancero, Montsalvatge aplica la música a otra recopilación, en este caso de canciones dedicadas por autores de la Generación del 27 a la cultura suramericana y su tradición también musical: Habaneras que enlazan desde España con Alberti en “Cuba dentro de un piano”, donde se habla en Guajiras sobre la pérdida de los últimos territorios… Esta especie de mezcla entre lo nativo y lo heredado por la colonización anuncia la propia vanguardia de esta música.


Xavier Montsalvatge

Encontramos, antes y después de la contienda civil, a una serie de compositores enamorados de un canto tradicional y, al mismo tiempo, deseosos de una continuidad del mismo. Para ello, hay que reinventar las fórmulas, connotarlas de cierta renovación.
El ejemplo por excelencia es el de García Lorca, en su tarea de recuperación y traducción al piano de sus “Canciones populares españolas”. Luego, tenemos a Falla, muy ligado a Lorca, con sus canciones también populares y pianísticas.
Después, otros compositores un poco posteriores como Toldrá, Esplá o Halffter continuarán esta labor, en algunos casos partiendo de poética creada por escritores contemporáneos (Alberti, por ejemplo, con “Canciones playeras” respecto a Esplá, o en números también de lieder como el de “La corza blanca” para Ernesto Halffter). Toldrá, antes que compositor, es considerado una de las piezas clave dentro de apuesta por la renovación del ambiente musical en Cataluña. Su tarea como director de orquesta y su faceta como violinista en la primera época de su vida (con logrado éxito) no resultaron un impedimento para su labor de creación musical; es más, su obra “Vistas al mar”, de clara influencia impresionista (Debussyana, en mi opinión) tiene como ejecutantes a los violines- aunque después se orquestase sinfónicamente.


Eduard Toldrá

Rodrigo resulta otro paradigma entre dos aguas (la de la tradición y la de la vanguardia). Alumno francés de Dukas, optó por connotar a sus obras de un sabor cada vez más clásico. Si bien Rodolfo Halffter construyó un ballet para la obra de Bergamín “Don Lindo de Almería”, resultando patente en la partitura el frescor de un siglo XX anudado en las raíces españolas, Rodrigo puso nombre y apellidos a esta herencia en “Fantasía para un gentilhombre”, donde las obras de Gaspar Sanz para guitarra están presentes. Este instrumento como solista para las obras orquestales tendrá su momento más célebre en el “Concierto de Aranjuez”.
La influencia de la época goyesca del diecinueve (e incluso del dieciocho) se encuentra en los “Cuatro madrigales amatorios”, que se relaciona con Esplá, Halffter e incluso en el precedente nacionalista de Granados (“La maja y el ruiseñor”).
La voz femenina que canta “De los álamos vengo, madre”, se encuentra en sintonía con aquella otra que dice “Un duro me dio mi madre, antes de venir al pueblo” y hablan de esa necesidad de rendir cuentas con la figura matriarcal, no sin mostrar cierta picaresca en los actos realizados.


Joaquín Rodrigo

Esto podemos enlazarlo (o anudarlo) con la obra “Las de Caín”, de Pablo Sorozábal e hijo, inspirada en la obra de teatro de los Hermanos Quintero, donde la hija, hasta para poder estar en relaciones con el novio, había de tener en cuenta los anteojos de la madre vigilantes.
El romanticismo ibérico no dejó de ser un tanto peculiar (por las circunstancias de atraso del país, que todavía sigue arrastrando). Fue un momento nostálgico aunque, como ya digo, diferente; cada lugar tuvo su romanticismo de importación, por ello no quiero redundar en los tópicos connotándolos de carga negativa. La mujer independiente de clase media alta, transformada con inspiración novelesca, se encerraba en su casa, creyéndola palacio (como en “La canción del olvido”) cuando de este no tenía más que la celosía que lo comunicaba con la calle, a través de la cual se declaraban con influencia orientalizante-andaluza algunos pretendientes de guante en blanco. El cortejo en sí, el amado, era en muchos casos motivo de poética, cuando no acababa convirtiéndose en folletines como “Carceleras”.
La tristeza de amor se tornaba en canto de soledad por parte de la mujer (figura más poética en cuanto a sensibilidad que la del hombre, afincado en la gallardía, el arrojo, la osadía, la picaresca).


Óscar Esplá

Pero ese drama del amor femenino y de la dependencia familiar está presente sobre todo en figuras más humildes, que cobraron relevancia en el siglo XX, cuando todo ese hedonismo fue abandonado para retornar a la realidad cercana. Quizá las hijas de Bernarda Alba pueden ser el símbolo representativo perfecto creado por García Lorca para hablar de esa represión de la libertad (centrándose en la sexualidad).
La música española no es sino reflejo literario, que va desde la voz del juglar a la autoría del nombre propio inspirado.

27 – 11 - 10

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Busto de Francisco de Goya

>> miércoles, 24 de noviembre de 2010

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ANTONI MUNTADAS Y LA MASS MEDIA

>> martes, 23 de noviembre de 2010

Ya lo decía Ortega y Gasset en "La rebelión de las masas" a principios del siglo XX: El concepto de "lleno" está presente en la sociedad. Elija el lugar que elija el ciudadano, este siempre estará saturado de consumidores se le hayan adelantado. Este se sorprenderá y seguramente caerá en la situación de que los demás que vengan después pensarán lo mismo (incluyéndole a él dentro de los consumidores anteriores, formando parte de ellos). La aglomeración es experimentada con verdadera angustia por parte de todos los que la componen diariamente. Sin ir más lejos, hará unos años, se creó la figura del "ordenador de masa" en aspectos como el del metro, en el cual su función se desempeñaba haciendo que los consumidores pudiesen entrar en los vagones por las buenas o por las malas (empujando desde el andén hacia dentro del tren).
Antoni Muntadas pensó en las "colas" organizadas en torno a lugares que van desde museos hasta salas de cine. Este fenómeno resulta casi administrativo, en el sentido de administrar dosis justas y necesarias en espacio-tiempo para aquellos que pagan por este servicio. "Todo el mundo tiene derecho a sus quince minutos de cultura en una sociedad excesivamente organizada".
Curiosamente, hace poco, tuve la oportunidad de escuchar, por parte de un especialista en el Arte, que la gente cree comprender lo que ve en el Museo del Prado, mientras que lo del Reina Sofía le parece inabarcable. Él defendía justamente lo contrario, no sin cierta razón, puesto que lo que se cuenta en la pintura antigua
va más allá de señores montados en caballos y mujeres desnudas. Es toda una cultura que hoy va desapareciendo en el conocimiento particular del individuo: la Historia Mitológica, de las Religiones... en fin, la propia Historia está desapareciendo ante la cantidad ingente de información que se nos presenta y que va relegando la anterior a "menos importante" para la vida diaria. Si, en cierto modo toda la cultura del pasado puede resultar prescindible en una sociedad que apuesta por la vacuidad cada vez más. Ni siquiera es capaz de detenerse a escuchar en su viaje(volviendo al metro)a Aran Malikian, que pasa desapercibido fuera de los teatros. Mientras las colas se forman en estos apoquinando la entrada para escucharle interpretar al violín "las cuatro estaciones" de Vivaldi, aquí, en mitad de cuatro, cinco, seis estaciones, en un pasillo comunicador de andenes, Malikian no es más que otro músico urbano o callejero que se comprende pero no siempre se recompensa (y digo recompensar en el sentido de hacernos, con su interpretación musical, un camino más allanado rumbo a no se sabe dónde (¿adonde vamos tan agobiados siempre?)
Los medios de masas se han ido apoderando del individuo. Antes, para leer o consultar (e incluso, conocer- me pongo en lo "peor") había que acudir a los libros. Ahora, basta con buscar por internet. Internet, esa gran ventana. La televisión parece estar amenazada por internet (y el cine estuvo amenazado por la televisión, recordemos). ¿Qué pasa con toda la información que puede resultar de dudosa veracidad y que se nos filtra como la mejor de las normalidades?
Volviendo a Muntadas, quiero referirme a la manipulación por parte del Estado, algo nada nuevo pero que conviene recordar para que no volar hacia el sueño eterno. La puesta en escena (la emisión televisiva) de diversos representantes políticos hablando sin entendérseles una palabra- deformando sonoramente su discurso- es, por parte de Muntadas, algo que puede resultar obvio (no haría falta tanto despliegue para venirnos a decir que todos dicen lo mismo- o sea, nada)pero, como digo, necesario de recordar. Hay quien baja el sonido de su televisión. Y hay quien lo sube, porque necesita que le retransmitan con euforia un partido de fútbol (quizá, para hacer menos aburrido el espectáculo). Da que pensar.

23 – 11 – 10

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Composición con Primitivas estándar

>> lunes, 22 de noviembre de 2010



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Foto-relato "El otro lado"






Foto-relato de Duane Michals "Things are queer"

Indicación de lectura: de arriba a abajo y de izda a dcha

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CRUCE DE CAMINOS

>> domingo, 21 de noviembre de 2010

No recordaba cómo había llegado allí. Él era un tipo que se paseaba por las grandes manzanas de tiendas con firma. Siempre en las noches de invierno, cuando estuviesen cerradas y solo quedase la luz arrojada desde los techos de sus despampanantes escaparates. Lo hacía para ir calentándose camino a casa. Una de aquellas noches, se desvió del recorrido habitual (también se distraía fácilmente cuando tenía que mirar los nombres de las calles- coincidía que otro viandante solía llamarle la atención cuando se disponía a mirarlos). ¿Por qué iba a haberse desencaminado? “¡Yo voy bien, mi sentido de la orientación me conducirá a mi destino!” se decía para no perder fe en sí mismo. ¿Era su destino acabar en el campo, siguiendo la senda de un camino que amenazaba con desaparecer entre las altas hierbas? Era ya de día y había perdido su camino. Tampoco tenía machete para ir arrancando las grandes matas de hierba que, por momentos, le impedían la visibilidad. “¿Y de qué me ha servido la vista? ¿De qué esta brújula en mi interior?” Por fin, divisó un camino a lo lejos. Era extraño. Parecía ir construyéndose a medida que avanzaba hacia él, que permanecía detenido observándolo. Por un momento, temió chocarse con él. Quien lo conducía era otro hombre, que siendo más inteligente se había llevado cuchillo. Los dos habían sido tontos por perderse y, a la vez, resistirse a reconocer que eran tontos. “Hay que asumirlo antes de que sea demasiado tarde, antes de que la propia tontería te lleve a la propia perdición.”
- “¡Buenos días, señor Courbet!”- dijo uno, emulando el título de un cuadro.
- “Bonjour, tristesse” dijo el otro, emulando a una canción.
- Estamos perdidos…
- Lo estamos, pero yo he salido de casa prevenido- y le enseñó su arma.
- Yo soy pacifista y por eso me dejo los machetes en casa… ¡ya no se llevan ni para emergencias!
- Mas vale ser tonto y prevenido, aunque con costumbres antiguas…
- Tiene usted razón…
- Sabe que podría volver retrocediendo en el camino ¿verdad?
- Lo sé.
- Entonces ¿a qué espera?
- ¿Y usted qué? ¡Y no me diga que le apetecía afilar su arma!
- Bueno ¡qué diablos! Quería cometer la imprudencia de hacer mi propio camino en la vida ¿y usted?
- También, auque yo tenía un concepto de camino más práctico.
- ¡Salgámonos de las cosas prácticas! ¡Qué aburrida es la vida con ellas! ¿Qué sería de lo inútil? ¿Dónde quedaría con ellas?
- Supongo que donde está ahora…
- Para ser usted tonto, deduce bastante bien.
- ¿Su camino era llegar a mi camino?
- Quizá…
- No, quizá no… ¡A la vista está!
- Podría haber elegido otro azar.
- Ya, pero entonces no habría sido usted sino otro. Solo se puede elegir un azar.
- ¿Y si sigue usted mi camino?
- Es lo que pensaba hacer. No me apetece nada recorrerme el otro de nuevo. Ya me lo conozco.
- ¡Brindemos por los nuevos caminos!
- ¡A su salud!
- ¿Habrá por aquí alguna posada? ¡Me muero de sed!
- ¡Posadas! ¡Permítame decirle que es usted un poco antiguo! Las posadas se extinguieron con los bandoleros. Por lo menos. Le diré que yo he pasado por una fuente, pero no tenía sed.
- ¿A cuanto queda esa fuente?
- Hacia allá- y le indicó el camino hacia atrás.
- Llegaré a tiempo…
- Seguro, y si no, no se preocupe…
- Ha sido usted muy amable, a pesar de lo de antiguo…
- Y usted, a pesar de haberme llamado tonto…
- Yo no le he llamado tal cosa… Se lo ha llamado usted mismo.
- Ah… Entonces disculpe.
- Queda disculpado ¡antiguo!
- ¡Imbécil!

21 – 11 – 10

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Woody Allen y Fred Gwynne desapareciendo por arte de prestidigitación en "Sombras y niebla" (Shadows and Fog, 1991)

>> viernes, 19 de noviembre de 2010

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Javi Villalba

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Harpo

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MUSEOGRAFÍA

>> miércoles, 17 de noviembre de 2010

Los esqueletos de dinosaurio
Parecen reírse (con su cráneo
De dientes descubiertos)
de los museos de ciencia
donde permanecen encerrados

Se pregunta sin estar vivo:
No sé donde estoy
Cómo he venido
Ni a donde voy
…Solo sé que soy conocido…

Ahora tira el dado
Hacia el planetario
Y todo se vuelve astronomía
Mirando firmemente el estrellato
Busco, con los pies en la tierra
Mi existencia en una estrella

Sé que la tengo
Aunque la suerte no me acompaña
¡Pero hay tantos árboles
De frondosas copas
Que no puedo ver el bosque de estrellas!

Es la representación de angustia
Ser devorado por una cabeza
De dinosaurio extinguido
-Siempre fui un cobaya para la ciencia-
Quizá el tiempo juegue en mi contra
Pero me reconforta pensar
Que siempre habrá museos
Para la inutilidad de mi existencia

17 – 11 – 10

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Dibujos de la espera

El nuevo don Hilarión




El científico-Sol



En el laberinto del Minotauro



El cojo Mostarra




Los zancos



Relato Soñado



Dibujos realizados en el tiempo muerto que queda entre clase y clase.

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FIN DEL MILAGRO

Como en las funciones de prestidigitadores donde el público lo conforman aficionados. Así se siente uno como espectador en la sala de un cine. ¿Dónde quedó el momento previo de magia? ¿Por qué tuvieron que inventarse los trucos para generar la ilusión? Nunca podremos aceptar, después de haber cruzado el escenario, que de una chistera aparezca un conejo, así porque sí. Antes, queríamos creer. Queríamos pensar que había cosas que no precisaban de una explicación lógica sino que se presentaban tal y como eran. Ahora, imaginamos el sudor de la cabeza del mago oculta por la chistera. “El truco debe salir” piensa nervioso. “Debe parecer creíble. El conejo debe moverse lo mínimo para que la chistera no se mueva.” El conejo asfixiado o la paloma muerta. Este sería el gran fracaso. La tramoya se descubre de forma dramática y entonces todo se echa a perder. ¿Cómo consigue dejar pintada Picasso su obra en el aire cinematográfico? Fácil: con el cristal tras el que Clouzot se parapetaba con su cámara. Esta magia avanzada ha superado los trastornos técnicos de producción. En cada fotograma, el realizador amateur no deja de detenerse en los detalles, en lugar de disfrutar. “… Demasiado perfeccionista con el encuadre, no deja nada al azar, al desequilibrio… Esa parte le ha salido quemada de luz… Aquí hay un fallo de raccord…” En fin, toda una cadena de despropósitos que nos impiden disfrutar del resultado de la técnica. Nos quedamos en este paso anterior.
Olvidamos dejarnos llevar por aquella otra necesidad de imitar la técnica. ¿Se enseña acaso esta técnica? ¿Alguien ha explicado alguna vez, en calidad de educador, cómo rodar u documental? Ahí está el detalle. La intuición es lo que cuenta; por ello, apuntamos como tarea inconsciente el apropiarnos de fórmulas que vimos y nos agradaron en otras propuestas “audiovisuales”. No sé si este término es el adecuado para definir algo tan indefinible grosso modo, pero al menos sé que es aquel al que se ha llegado por consenso. “Audiovisual” abarca todo tipo de propuestas llevadas a cabo por una cámara (único elemento que se me resiste en cuanto a dejar de considerarlo como mágico). ¿Es responsabilidad del creador el conocer todos los mecanismos que rodean su trabajo? El creador-investigador con inquietudes de ingeniero parece posible pero requiere del tiempo de un humanista de otro tiempo. Berlanga reconocía no haber sentido nunca curiosidad por lo que una cámara contenía en su interior. El especialista se consideraba por Ortega como “bárbaro”, al cerrarse vías de conocimiento por tratar de destacar en un solo apartado de la vida. El que abarque mayores conocimientos será el auténtico prestidigitador o “mago” de tribu. Todos irán a pedir de su consejo y le respetarán admirándolo. Por cierto ¡qué poco se admira en España! ¿Por qué nos cuesta tanto admirar? ¿No queremos ser humildes? Si admiramos, lo hacemos elevando a un individuo, sí, pero con la intención de criticar a otro. ¿Por qué no salimos de nuestra cáscara para tratar de encontrar la clara y la yema de otros huevos? ¿Necesitamos de una paloma dentro de una chistera para poder creer en la magia? Todas estas preguntas (y otras) no serán reveladas ni en este ni en los siguientes episodios.

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JAVIERADA

>> martes, 16 de noviembre de 2010

A veces me pongo trascendental y observo el crepúsculo. Este posee un color blancoynegrino, como el que con nostalgia observó el personaje de Juan en la película “Muerte de un ciclista”. Todo quedaba en calma, en silencio. ¿Por qué necesitamos de un horizonte románticamente incendiado? La Tierra parece pagar su peaje y reconocer que hasta el sol tiene una caducidad de unas pocas horas diarias. ¿Miramos realmente el ocaso del sol? O nos queda más remedio. Los que creen tener ante sí su futuro, su “vida en adelante”, no son conscientes de su tarea eminentemente descriptiva. La literalidad que se vuelve carne en la poesía es lo que llevamos peor. Habría que volver la cabeza hacia otro horizonte, el oriental, donde la poesía llegó a su mejor cauce, siendo poesía práctica, es decir, filosofía. Lo que tenemos delante no es precisamente el futuro, sino el pasado, que es lo que realmente podemos ver. Lo que después vendrá no podemos adivinarlo, ocultándose tras nuestra espalda. ¿No es poesía acaso la naturaleza? Quiero decir (ateniéndome a que hasta la naturaleza es una concepción creada por el hombre) que fuera del ser humano ya hay poética. Nosotros, realmente somos producto de esa poética. Creemos haber inventado el arte, convirtiéndonos en dueños y seores de él, cuando realmente no lo comprendemos. La propia naturaleza, en su maravilla creadora, produce auténticas Capillas Sixtinas (y no las e Miguel Ángel, resultado de una asimilación más o menos cercana a la de la realidad). Cuevas de estalactitas y estalagmitas, rebosantes de mineralidad… Nosotros, repito, somos unos falsificadores, unos transmisores de ese mensaje que nos rodea diariamente. El entorno da la inspiración, podría decirse.
Pero, aún así, nos empeñamos en ser arrogantes.
Si un individuo que se considera comprometido con su propia existencia se topa con otro que apenas es consciente del mundo que le rodea, piensa: “Qué ciego está y cómo se desencamina hacia su verdadera función… Sus deberes le obnubilan y olvida su derecho… Su derecho a conocer.” Y, al contrario, si un individuo ocupado con mil tareas superfluas se topa con una mente “pensante”, puede extraer esta conclusión: “Pobre diablo… Algún día se dará cuenta de su error, de su tiempo perdido en mil divagaciones…” La hermandad, por tanto, entre estos dos personajes, resulta imposible. Están tan ensimismados, tan orgullosos de sus respectivas posturas, que evitan relajar los ligamentos de su cuerpo para quedar libres de ataduras. Siempre hay un vigilante que nos auto-imponemos como creadores para que nos impida el paso. Así, nunca sentiremos la necesidad de dialogar sinceramente con nosotros mismos. Tememos tomar decisiones y elegimos otros que elijan por nosotros. Hablamos de una filosofía controladora, que deroga en leyes que la cercenen. Algo de esto hay en la religiosidad. Siempre hay “maestros” que nos recomiendan (siendo muy generoso) la actitud que debemos emprender para cada caso. Y, para cada uno de estos filósofos o iluminados (saben cómo se debe actuar, lucidez extrema y divina) hay un horizonte incendiario. Por eso, yo sigo mirando, cada vez que puedo, por detrás de mis hombros, en constante peligro de descoyuntamiento.

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DE LA PIQUER Y SU BAÚL AMERICANO

>> viernes, 12 de noviembre de 2010




Ella fue en un barco a un país extranjero y dejó habida cuenta de su talento artístico. Ahora, se ha “encontrado” el testimonio de este talento en la Biblioteca del Congreso de E.E.U.U. y los periódicos no han tardado en agrandar una noticia que no pasa de anécdota. Según el titular del periódico El País: “La primera película sonora era española” Y acompañando el titular debajo: “Concha Piquer la protagonizó en 1923, cuatro años antes de “El cantante de Jazz”, considerada oficialmente la primera”.

¡Alto, alto! Analicemos la información antes de que nuestra exaltación patriótica nos haga presumir de pioneros cinematográficos.

1º ¿Encontrada? Parece casi, empleando este término, que se trata de un hallazgo casi arqueológico, cuando lo cierto es que esta película se encontraba “no perdida” y perfectamente catalogada en su estantería de turno. ¿Cómo es que no nos hemos enterado hasta ahora? Luis E. Parés, en su blog “Celuloides rancios” plantea una pregunta todavía más interesante: “¿Tanto costaría hacer una investigación desde alguna institución oficial, filmoteca por ejemplo, para saber qué otros tesoros de nuestro cine se esconden en los archivos del mundo? La respuesta ya la sé, me la han dicho muchas veces en algunas de esas instituciones oficiales. No es tan fácil)”

2º ¿Película? Quizá, en el sentido correcto de la palabra este experimento esté denominado correctamente; sin embargo, en el uso que corriente con la que se emplea, una película no podría ser, en ningún modo, cuatro números de variedades, sino, más bien, “El cantante de jazz”.
Una Conchita Piquer adolescente (Conchita se siguió llamando hasta prácticamente su retiro de escena) interpreta, bajo la dirección de Lee DeForest, durante once minutos, canciones regionales, empleando su gracia característica (y en lo de “gracia” incluyo algún chiste de maños y mañanas aragoneses), acompañándose de baile, cante y recitado.

3º ¿Primera película sonora? La cinta está fechada en el año 1923, pero no creo que se trate de la primera (sería un tanto decepcionante).

4º ¿Película Sonora? En España se conocen, desde principios de siglo, ejemplos como este de sincronización de disco con imagen (véase “Bohemios”, 1905, de Ricardo de Baños), pero debido a nuestro tardío interés por la conservación del cine (las películas, tras su uso comercial, se destruían para convertir ese material en laca de uñas para señoras), muchas de estas películas se han perdido y ahora no podemos disponer de antecedentes materiales. La Cinémathèque française, se puede considerar como pionera en esta valoración patrimonial.

Para interesados en el video:

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20101104/concha-piquer-fue-primera-artista-del-cine-sonoro/921743.shtml

12 – 11 – 10

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EL NUEVO MUNDO

>> lunes, 8 de noviembre de 2010

Aquel niño tenía un verdadero problema con los huevos escalfados: simplemente, no podía tolerar que quedasen sólidos. Le repugnaba todo huevo que no quedase líquido y viscoso.
Un día, tampoco concibió tener que irse en un futuro de casa, y expulsó (con razones de peso, eso sí) a los padres de allí para quedarse solo él. ¿Por qué cuando fuese mayor de edad habría de tener que comenzar una vida de cero, sin dinero ni posibilidades? Sus padres, expertos supervivientes y con suficiente dinero como para permitirse una aventura, deberían ser los que se fuesen, si la lógica fuese lógica y no ilógica.
Cuando llegó al colegio, sus nueve compañeros de clase se encontraban juzgando al profesor. El niño de los huevos escalfados aportó su voto a favor de que fuese expulsado. “No nos importa que decidas enfocar tus clases de una forma concreta. Lo que no toleramos es que ni siquiera se te pase por la cabeza si estamos de acuerdo con tu forma de enseñar. Ni siquiera ahora se te ha pasado por la cabeza que el error fuese tuyo. Pareces no comprender el motivo de esta junta. Tú eres el problema y no nosotros. Así pues, te declaramos incompetente para nuestra educación y pedimos tu despido voluntario. Eres dañino para este colegio.”
Aquellos nueve niños creían comportarse como auténticos adultos. Sobre ellos recaía el peso de elegir una sociedad mejor. Puesto que ellos eran el futuro, la sociedad había comprendido que era ya tiempo de delegar su poder en estos nueve niños de nueve años.
Aquel profesor, sin embargo, al resistirse a abandonar su trabajo, estaba dando muestras de su disposición a ir en contra de lo que la sociedad había dictaminado. Era pues, un individuo asocial que debía de ser expulsado de aquel mundo en vías de perfección. Su lugar era otro bien distinto, decidido de ante mano al suponer que sucederían este tipo de cosas. Aquel lugar, una gran balsa en el puerto sujeta a tierra con un cordel, empezaba a ser ocupada ya por un considerable número de gente. Con el profesor eran ya tres. Los otros dos eran los padres que habían tenido que abandonar su casa por decisión del hijo.
- ¿Esto no se considera un lugar?- preguntó el profesor a los padres.
- Es un lugar con “peros”- le contestó la madre.
- Ningún ser humano vive en el agua- añadió el padre.
- ¿Y qué me dicen de los marineros?- añadió el profesor.
- Ellos navegan por ella… Nosotros estamos anclados, detenidos en la corriente por la sujeción de una cuerda.
- ¿Y no sería la solución el cortarla?- dijo entonces el profesor.
- Eso sería ir en contra de las reglas- dijo la madre.
- ¡Qué ridiculez! ¿Quiénes van a saber más? ¿Ellos o nosotros?- gritó enfurecido el profesor.
- Ellos, sin duda. De lo contrario, no les habríamos dejado a cargo del barco…- razonó el padre.
- ¡Yo no les di mi consentimiento!- respondió, cada vez más alterado, el profesor.
- Usted no cuenta en su minoría… El pueblo eligió en sus tres cuartas partes- volvió a hablar el padre.
- Harán falta más balsas con el tiempo. ¿Tanta fe tienen en ellos mismos que creen que habrá tan pocas voces discrepantes?
- Si no está conforme, ahóguese- repuso la madre, empezando a molestarse por la insubordinación del profesor.
- ¿Ustedes les llevan la corriente a esos niños sin educar?- preguntó el padre.
- Ellos ahora son nuestros gobernantes. Ahora no somos conscientes de ello, pero con el tiempo nos daremos cuenta de sus sabias decisiones…
El profesor, viendo que no había solución, empujó a sus compañeros de balsa al agua. Una vez quedó él solo a flote, cortó la cuerda con la navaja multiusos que guardaba escondida dentro de uno de sus zapatos y partió rumbo a las islas Caimán.
La noticia, fue portada de los periódicos. Los niños, decidieron salir en busca del profesor, pero al no tener nociones de navegación acabaron perdiéndose en el mar.

8 – 11 – 10

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MI EVOLUCIÓN EN BELLAS ARTES (Obras de diversas épocas por orden cronológico)

>> jueves, 4 de noviembre de 2010

"Men sana in corpore sano" (Óleo sobre tabla)



Performance en la Facultad




El espectador como espectáculo (obra escultórica)





(Planchas de madera, papel, acrílico, alambre, cartón y espejo)

Juego a dos manos (cortometraje)

Juego a Dos Manos from putativus on Vimeo.

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LA LECHUZA DE MINERVA

Carmen Baroja decía de su hermano Pío que no podía contársele nada porque todo lo utilizaba para sus novelas. Quizá me sienta en este sentido, un poco Pío Baroja, pues me gusta permanecer expectante a todo lo que pueda suceder a mi alrededor, para poder después recopilarlo en unas especies de memorias o agenda de diario y tenerlas presentes en el pasado de mi vida. Ojos abiertos, como los de la lechuza de Minerva, símbolo de la Revista de Occidente de Ortega, espectadora de todo cuanto acontece para poder tratarlo públicamente de mano (o de pluma) de gente con inquietudes filosóficas. Al fin y al cabo, para Pitágoras la Filosofía se definía como unos juegos olímpicos: en ella estarían los participantes (o los que buscan la gloria mediante su destreza corporal), los vendedores y compradores (que utilizan económicamente este evento) y los que van a ver. Estos últimos, se consideran por Pitágoras los pertenecientes al género más noble. Son los filósofos. Efectivamente, también según Aristóteles están los políticos (encargados de renovar la sociedad, yendo en contra de los policías, que tratan de mantener un momento establecido). Ante todo, más que estos dos ejemplos de filósofos griegos, está la figura del observador como testigo, y para él quiero utilizar al personaje de la novela de Orwell 1984: Winston, vive en una sociedad regida bajo la figura del Gran Hermano, poder Omnipotente que todo lo controla. Este Gran hermano, es una figura inventada por un Régimen Totalitario, cuyo fin es controlar la vida de cada uno de los individuos que viven bajo su dominio, llegando para ello a crear un mundo inventado solo con el fin de engrandecer este sistema político. Winston sabe que esta historia que tratan de obligarle a creer no es cierta, que antes hubo otro mundo, ahora soterrado, en vías de ser aniquilado. Recurre a su memoria (algo que nunca le podrán arrebatar) y para confirmarla continuamente, evitando que sea aniquilada, acude a un anticuario para recordar, en los objetos de su tienda, ese otro tiempo ahora casi olvidado. La figura del anticuario es ya un símbolo de que la Historia nunca podrá ser borrada pues esto sería tanto como tratar de hacer desaparecer la memoria. La memoria como almacén de conocimiento. El conocimiento incluye una labor activa por parte del conocedor. Conocer duele, por ello se comprende que a veces se hable respecto a la ignorancia como forma de felicidad. ¿Alguien recuerda quién dijo aquello de que esperaba al alzheimer como regalo del fin de una vida?
El recuerdo es, por tanto, la prueba para acusar en un crimen, para destapar la verdad. El mejor recuerdo de las cosas sería el de la experiencia directa y no el de la aprendida del boca a boca, del libro a libro, etc.
Volviendo a Ortega, no podemos olvidar su obra “El Espectador”, resultado de una serie de artículos publicados en periódicos. Ortega no escogió aleatoriamente esta forma de publicación. Podía haberse dedicado enteramente a la escritura de libros, pero reconocía la efectividad de este medio de comunicación masivo diario. Ortega no dejaba de ser, en cierta forma, un filósofo con aires de aristócrata: daba conferencias a señoras de la alta sociedad, en sus gabinetes de sabios no cabía el papel femenino, tenía un concepto de las masas un tanto reaccionario…). Sin embargo, fue un filósofo que comenzó a tomar nota del cambio de rumbo social- teniendo en cuenta que Ortega pertenecía a una época concreta, y que para esta fue un revolucionario.
Se preocupó de esa vista al exterior (defendía que el país debía de evolucionar dejando de mirarse a su ombligo, siendo consciente de que había más allá de la península ibérica) y de la educación política en la sociedad. De nuevo la polis, de nuevo la sociología de algún modo.
Admiración de todo cuanto ocurre para poder preguntar preguntándose a uno mismo siempre, cuestionando los dogmas establecidos en el propio ser.

A Emilio, una de estas lechuzas, esperando saciar un poco su ansia de conocer


4 - 11 - 10

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