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EL NUEVO MUNDO

>> lunes, 8 de noviembre de 2010

Aquel niño tenía un verdadero problema con los huevos escalfados: simplemente, no podía tolerar que quedasen sólidos. Le repugnaba todo huevo que no quedase líquido y viscoso.
Un día, tampoco concibió tener que irse en un futuro de casa, y expulsó (con razones de peso, eso sí) a los padres de allí para quedarse solo él. ¿Por qué cuando fuese mayor de edad habría de tener que comenzar una vida de cero, sin dinero ni posibilidades? Sus padres, expertos supervivientes y con suficiente dinero como para permitirse una aventura, deberían ser los que se fuesen, si la lógica fuese lógica y no ilógica.
Cuando llegó al colegio, sus nueve compañeros de clase se encontraban juzgando al profesor. El niño de los huevos escalfados aportó su voto a favor de que fuese expulsado. “No nos importa que decidas enfocar tus clases de una forma concreta. Lo que no toleramos es que ni siquiera se te pase por la cabeza si estamos de acuerdo con tu forma de enseñar. Ni siquiera ahora se te ha pasado por la cabeza que el error fuese tuyo. Pareces no comprender el motivo de esta junta. Tú eres el problema y no nosotros. Así pues, te declaramos incompetente para nuestra educación y pedimos tu despido voluntario. Eres dañino para este colegio.”
Aquellos nueve niños creían comportarse como auténticos adultos. Sobre ellos recaía el peso de elegir una sociedad mejor. Puesto que ellos eran el futuro, la sociedad había comprendido que era ya tiempo de delegar su poder en estos nueve niños de nueve años.
Aquel profesor, sin embargo, al resistirse a abandonar su trabajo, estaba dando muestras de su disposición a ir en contra de lo que la sociedad había dictaminado. Era pues, un individuo asocial que debía de ser expulsado de aquel mundo en vías de perfección. Su lugar era otro bien distinto, decidido de ante mano al suponer que sucederían este tipo de cosas. Aquel lugar, una gran balsa en el puerto sujeta a tierra con un cordel, empezaba a ser ocupada ya por un considerable número de gente. Con el profesor eran ya tres. Los otros dos eran los padres que habían tenido que abandonar su casa por decisión del hijo.
- ¿Esto no se considera un lugar?- preguntó el profesor a los padres.
- Es un lugar con “peros”- le contestó la madre.
- Ningún ser humano vive en el agua- añadió el padre.
- ¿Y qué me dicen de los marineros?- añadió el profesor.
- Ellos navegan por ella… Nosotros estamos anclados, detenidos en la corriente por la sujeción de una cuerda.
- ¿Y no sería la solución el cortarla?- dijo entonces el profesor.
- Eso sería ir en contra de las reglas- dijo la madre.
- ¡Qué ridiculez! ¿Quiénes van a saber más? ¿Ellos o nosotros?- gritó enfurecido el profesor.
- Ellos, sin duda. De lo contrario, no les habríamos dejado a cargo del barco…- razonó el padre.
- ¡Yo no les di mi consentimiento!- respondió, cada vez más alterado, el profesor.
- Usted no cuenta en su minoría… El pueblo eligió en sus tres cuartas partes- volvió a hablar el padre.
- Harán falta más balsas con el tiempo. ¿Tanta fe tienen en ellos mismos que creen que habrá tan pocas voces discrepantes?
- Si no está conforme, ahóguese- repuso la madre, empezando a molestarse por la insubordinación del profesor.
- ¿Ustedes les llevan la corriente a esos niños sin educar?- preguntó el padre.
- Ellos ahora son nuestros gobernantes. Ahora no somos conscientes de ello, pero con el tiempo nos daremos cuenta de sus sabias decisiones…
El profesor, viendo que no había solución, empujó a sus compañeros de balsa al agua. Una vez quedó él solo a flote, cortó la cuerda con la navaja multiusos que guardaba escondida dentro de uno de sus zapatos y partió rumbo a las islas Caimán.
La noticia, fue portada de los periódicos. Los niños, decidieron salir en busca del profesor, pero al no tener nociones de navegación acabaron perdiéndose en el mar.

8 – 11 – 10

2 comentarios:

Clara 9 de noviembre de 2010, 5:39  

Qué historia! creo que también se trata este tema en el Rey Lear, deberíamos leer más a los clásicos porque son tan actuales como la historia que acabas de contar. Gracias por compartir tu blog.

Javier 9 de noviembre de 2010, 5:44  

¡Gracias, Clara!
Apunto la referencia de la obra de Shakespeare (que algún día leeré, lo juro).
¡Un abrazo!

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