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FIN DEL MILAGRO

>> miércoles, 17 de noviembre de 2010

Como en las funciones de prestidigitadores donde el público lo conforman aficionados. Así se siente uno como espectador en la sala de un cine. ¿Dónde quedó el momento previo de magia? ¿Por qué tuvieron que inventarse los trucos para generar la ilusión? Nunca podremos aceptar, después de haber cruzado el escenario, que de una chistera aparezca un conejo, así porque sí. Antes, queríamos creer. Queríamos pensar que había cosas que no precisaban de una explicación lógica sino que se presentaban tal y como eran. Ahora, imaginamos el sudor de la cabeza del mago oculta por la chistera. “El truco debe salir” piensa nervioso. “Debe parecer creíble. El conejo debe moverse lo mínimo para que la chistera no se mueva.” El conejo asfixiado o la paloma muerta. Este sería el gran fracaso. La tramoya se descubre de forma dramática y entonces todo se echa a perder. ¿Cómo consigue dejar pintada Picasso su obra en el aire cinematográfico? Fácil: con el cristal tras el que Clouzot se parapetaba con su cámara. Esta magia avanzada ha superado los trastornos técnicos de producción. En cada fotograma, el realizador amateur no deja de detenerse en los detalles, en lugar de disfrutar. “… Demasiado perfeccionista con el encuadre, no deja nada al azar, al desequilibrio… Esa parte le ha salido quemada de luz… Aquí hay un fallo de raccord…” En fin, toda una cadena de despropósitos que nos impiden disfrutar del resultado de la técnica. Nos quedamos en este paso anterior.
Olvidamos dejarnos llevar por aquella otra necesidad de imitar la técnica. ¿Se enseña acaso esta técnica? ¿Alguien ha explicado alguna vez, en calidad de educador, cómo rodar u documental? Ahí está el detalle. La intuición es lo que cuenta; por ello, apuntamos como tarea inconsciente el apropiarnos de fórmulas que vimos y nos agradaron en otras propuestas “audiovisuales”. No sé si este término es el adecuado para definir algo tan indefinible grosso modo, pero al menos sé que es aquel al que se ha llegado por consenso. “Audiovisual” abarca todo tipo de propuestas llevadas a cabo por una cámara (único elemento que se me resiste en cuanto a dejar de considerarlo como mágico). ¿Es responsabilidad del creador el conocer todos los mecanismos que rodean su trabajo? El creador-investigador con inquietudes de ingeniero parece posible pero requiere del tiempo de un humanista de otro tiempo. Berlanga reconocía no haber sentido nunca curiosidad por lo que una cámara contenía en su interior. El especialista se consideraba por Ortega como “bárbaro”, al cerrarse vías de conocimiento por tratar de destacar en un solo apartado de la vida. El que abarque mayores conocimientos será el auténtico prestidigitador o “mago” de tribu. Todos irán a pedir de su consejo y le respetarán admirándolo. Por cierto ¡qué poco se admira en España! ¿Por qué nos cuesta tanto admirar? ¿No queremos ser humildes? Si admiramos, lo hacemos elevando a un individuo, sí, pero con la intención de criticar a otro. ¿Por qué no salimos de nuestra cáscara para tratar de encontrar la clara y la yema de otros huevos? ¿Necesitamos de una paloma dentro de una chistera para poder creer en la magia? Todas estas preguntas (y otras) no serán reveladas ni en este ni en los siguientes episodios.

17 – 11 – 10

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