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CRONISTAS CRÓNICOS

>> miércoles, 8 de diciembre de 2010

¿Qué ha pasado con la figura del pensador? ¿Acaso ha desaparecido? Yo más bien diría que ha menguado, y ahora se hace llamar “escritor de opinión”; ahora puede encontrársele en cualquier columna de periódico, aunando a Heggel y a Belén Esteban. Se encuentra pues, en las catacumbas de lo que fue. Los tiempos han cambiado, rebajándole a la altura del “eco de suciedad”, como Vizcaíno Casas, experto en la ironía del título, expondría en uno de sus libros.
Lo peor de todo es que ahora ese individuo “social”, cree sabérselas todas. Por ello, no nos ha de extrañar que hable como si hubiese estado en cada uno de los lugares que menciona, en cada época que relata. Tal es la minuciosidad del relato que parece haberse convertido en un arqueólogo anacrónico. ¿Por qué esa necesidad por saber de todo? ¿Por qué parecer el Espasa Calpe cuando en realidad no llega a la Wikipedia? Extraños tiempos de alter ego supino.
Ahora, se incluye incluso una fotografía del sujeto en cuestión al lado del articulito. Las poses retratísticas llegan al culmen de la idolatría. No se ha visto nunca tanta artificialidad que aparente tan poca naturalidad. Es un insulto al lector, que estúpidamente se apropia del icono y lo busca por este sistema en su memoria. El Balzac de la mano en el pecho ha sido rememorado incluso por Ortega y Gasset. Lo peor de todo es que es una tentación democrática y absurda. El daguerrotipo actual es la vergüenza del original, su cota más baja. Si había algo de estético en esto, hoy en día no se comprende. Debe ser esa maldita aura fría de la que hablaba José Luis Brea.
La búsqueda de información hoy día se ha convertido en una auténtica quimera. El “corta y pega” es reconocible en la enciclopedia virtual. No hay un verdadero interés por conocer. La historia, cada vez más antigua en su origen, se va desvaneciendo en aquellos que no han podido vivir determinadas épocas (y sería mucha suerte que tuviesen una imagen de ella por la transmisión generacional, que también va diluyéndose de padres a hijos). Podemos decir, como Roland Barthes, que conocemos por fotografía, los ojos que vieron a Napoleón.
Me aterra pensar que cada vez hay un mayor desconocimiento de las cosas, que estas acaban deformadas por la demagogia o por la idea que de ellas se da en la actualidad por los poderes públicos (cuya cultura, permítaseme decirlo, me resulta dudosa).
Todas estas cosas, más comunes en un hipocondríaco de tercera regional que en un individuo que trata de ser objetivo (no hablo de política sino de concepto de justicia, que me resulta más universal) no deben alarmar a quienes se hagan eco de ellas (permito incluso, la sonrisa de quien me considere ingenuo o desencaminado). No son más que palabras. ¿A quién les importa?

8 – 12 – 10

2 comentarios:

alejandro 9 de diciembre de 2010, 6:34  

Creo que te refieres al microbloging.
Aquí te dejo el link de wikipedia:

http://es.wikipedia.org/wiki/Microblogging

Su máximo representante es Twitter, altamente recomendable

nosoydali 9 de diciembre de 2010, 14:30  

En efecto. Consumición rápida de información, pero ¿a qué precio?

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