Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

GOOD BYE, MISTER BERLANGA

>> sábado, 18 de diciembre de 2010

¿Qué ha podido significar Berlanga para mí? La respuesta es sencilla y clave: El humor contra la desesperanza. La sonrisa ante un mundo que amenaza con perder el sentido del humor. Berlanga era la alegría de vivir en sus personajes, suma total de fracasados. Creo que nadie como él ha sabido retratar el segundo plano. Tuvo buen ojo como Fellini y decidió pasar de las historias individuales de personajes principales al retrato colectivo de una sociedad que pedía a gritos ser interpretada. Como Billy Wilder, supo encontrar a su Diamond (en este caso, Azcona). ¿Qué sería del director sin su guionista? Para mí, Berlanga ya lo era en “Esa pareja Feliz”, “Los Jueves Milagro” y “Bienvenido Mister Marshall”. Le faltaba, quizá, el humor negro en su discurso, el punto ácido dentro de su discurso salado (nunca del todo dulce). Nos ha dejado, para la posteridad (y, según él, debido a su economía de medios) planos secuencia memorables, irrepetibles, donde sólo él sabía congeniar a masas perfectamente organizadas por una cámara curiosa por interesada (en el mejor sentido de la palabra).
En cuanto a su compromiso de crítica, creo que es claro en cuanto a coherencia personal, a pesar de que pueda criticársele de ser un alborotador con la complacencia del régimen. Concibo su estrategia en el sentido de la del Caballo de Troya: desde dentro. ¿O es que para criticar había que encontrarse fuera como Buñuel? Muchos directores apostaron por hablar en territorio minado, y esto les supuso los recortes que ya conocemos de sobra (teniendo las cintas que pasar la censura hasta convertirse en semi-adecuadas). “Plácido” no deja de ser una crítica contra el sistema de descargo de conciencia de la sociedad burguesa, “El verdugo” nos habla de la terrible profesión de un ser aparentemente inofensivo, encargado de hacer efectiva la condena capital ordenada desde más arriba (desplazar la responsabilidad es otra forma de descargo de conciencia), “Bienvenido Mister Marshall” presenta la no-llegada de nuevos tiempos a una sociedad condenada a no avanzar… Ahí están todos esos mensajes bien claros- que parecen no aparentar todo aquello al interpretarlos personajes tan caricaturizados, tan de sainete. El verdugo no deja de ser Pepe Isbert, Plácido tiene el rostro de Cassen, etc…
Los actores secundarios se mezclaban con los protagonistas, dando a la historia un rostro global (a excepción de películas como “El verdugo”, donde el rostro lo llevan Isbert y Manfredi, concretamente), una imagen de lugar. La idea de un pueblo (heredera del neorrealismo) la encontramos en “Bienvenido Mister Marshall”, “Calabuch” o “Los Jueves Milagro”. Tipos tan peculiares como Luis Ciges (quien estuvo en la División Azul junto a Berlanga) o Chus Lampreave se han convertido en auténticos iconos de la historia del cine español. Personajes que siempre hicieron de sí mismos (Almodóvar también los explotó de este modo, incluso dejándoles casi una total libertad) y que nunca llegamos a creerles como actores. Su elección venía casi influenciada más por el cariño que el director sentía por ellos que por esperar una valiosa interpretación por su parte.
Sin embargo, a partir de Plácido, me da la sensación de que Berlanga comenzó a relajarse en su tarea, sabiendo que podía hacer cuanto le viniera en gana. Aunque pueda resultar una barbaridad, creo que la saga de los Leguineche resulta un producto de menor calidad que otros filmes como los realizados en la primera etapa berlanguiana. Títulos como “Todos a la cárcel” o “París Tombuctú” me cuesta sacarlos a la palestra y, cómo no, “Tamaño natural” la considero como un filme de excepción, que sigue sorprendiéndome. Es, si pudiera definirse, un tropezón (positivo) en su estela cinematográfica. Allí donde el fetichismo se hace falsa carne, o muñeca. De nuevo, una historia concreta, la de Picolli (aquí, insisto, la imagen de “pueblo” o “comunidad” se disipa) Si algo nos ha enseñado el cine de este valenciano, es que España cuanta con una valiosa cantera de actores secundarios. Todos ellos, son presentados gracias a unos pocos que parecen querer destacar más que estos, pero que inevitablemente acaban formando ese todo cinematográfico.
También Berlanga presumía de haber dejado de ver cine a partir de una época concreta (aquella en la que ya se había asentado como creador, cuando la gente comenzaba a utilizar el término “berlanguiano” para referirse a situaciones insólitas de la realidad).
Conseguir la fidelidad del público, convertirse en popular, no es nada sencillo. El estilo tan personal y tan reconocible es esa marca que solo un universo personal posee, una concepción concreta de la vida. “Estamos en la vida, con todas sus miserias, sin ser capaces de darnos cuenta de los esperpénticos que podemos llegar a resultar en muchas ocasiones. Parece que necesitamos de una pantalla para podernos ver y encima reírnos de nuestro aspecto.Así, por ejemplo, cuando poco tiempo antes del fallecimiento del cineasta, salió publicada por Internet su necrológica anticipada, seguramente Berlanga, de haberse encontrado en una completa posesión de sus facultades, habría sido capaz de pensar: “Pues ahora me voy a morir solo para joder”. Conseguir realizar un acrítica mordaz y, además, gozar del consentimiento- e incluso del consentimiento- de aquellos a quienes se representa, es una victoria solo digna de los grandes pacificadores de la Historia.
Todavía me inquietan aquellas dos palabras con la que se despide en su última película: “Tengo miedo”. ¿Y quién no ha tenido miedo de su época, teniendo todas la misma apariencia apocalíptica? Una declaración de intenciones, una confesión íntima a su público, de quien se retira sabiamente (y digo sabiamente porque no todo el mundo conoce a ciencia cierta el momento en el que dar final a su labor).
Berlanga siempre dijo lo que quiso y Azcona le ayudó a mejorarlo. Cuando tiempos de cesura, se recuerdan todavía las palabras de uno de los encargados de validar o no su material en el ministerio: “Un plano general de la Gran Vía visto por cualquier director no tiene importancia, pero visto por Berlanga ¿quién nos dice que no pone a dos obispos saliendo de Pasapoga?”

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP