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LO QUE QUIERO SER DE MAYOR

>> miércoles, 15 de diciembre de 2010

Antes, eran Ellos los que se preocupaban por ti. Ahora eres tú, tú mismo, quien te realizas la pregunta del millón de dólares: “¿Qué quiero hacer con mi vida?” Lo peor de todo es que ya lo sé: ninguna especialización.
A veces dudo, tras todos estos años de carrera, que quiera ser un “belloartista” tal y como lo concibe la propia facultad. Sé que no me equivoqué escogiendo esta carrera. Lo sé porque rara vez me he sentido desubicado en sus asignaturas. Lo que sucede es que en ninguna de ellas me encuentro personificado. De hecho, incluso creo que no he dado la talla (aunque algún profesor haya considerado oportuno calificarme con una nota imposible de ser mejorada). Mis apetencias secretas en cuanto a gustos no deben rebelarse. Ello no quiere decir que no lo vaya a hacer: siempre he sido un escritor, pues inventar es gratis (y más en un papel). Los escritores han cometido verdaderos crímenes célebres, han delatado, insultado, festejado, han hecho reflexionar, reír, incluso han generado decepciones irreparables en su público… pero sobre todo, han evocado. Sí, soy escritor y creo que me encuentro bastante bien dentro de este “papel”. Creo que es lo que mejor he sabido desarrollar. Tengo temores a este respecto, como por ejemplo en acabar en una “academia de escritores”. Si esta existiese (no me he preocupado de buscarlo ni me interesa saberlo) seguramente me daría una nota baja y acabaría de nuevo decepcionado. Considero, por tanto, esta faceta de mi personalidad, como un “hobby”. No quiero que deje de serlo, no quiero institucionalizarlo de momento. Después, cuando no tema a los profesores (jurados, jueces o instructores de diversa causa e índole) podré decir: “Sí, soy escritor y quiero que todo el mundo lo sepa”. No quiero examinarme de esto. Sospecho, insisto, en que no daría la talla. Procuro trabajar por placer (y, además, tener la vergüenza de cobrar por ello). El trabajo placentero no debe de reconocerse como tal, pues entonces no sería remunerado. Parece existir cierto tipo de sujeto que solo ofrece agua a quien está sediento y hace por encontrarse en esta situación. La falta de la hidratación retuerce ciertos espíritus aparentemente inquebrantables. Trabajo con gusto no pica. Llegar de un día de trabajo a casa con la energía suficiente como para escribir indica algo en este sentido: una extraña fuerza vital resurge y pospone la hora de la cena. Quizá me quite, puede ser, el vaso de agua voluntariamente (y sin cobrar por ello, que esto sí que es de idiotas).
De mayor seré un compendio de cosas. ¿Por qué a un espíritu inquieto se le obliga a cierta quietud? Cuando solo se le ha abierto los ojos, se le ha decepcionado en sus ilusiones y se le ha puesto de cara a una “falsa” realidad, solo entonces sabrá lo que quiere ser en la vida. Lo que nadie sabe todavía es que él si sabe lo que quiere ser, lo que pasa es que no quiere serlo de este modo.

15 – 12 - 10

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