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Clara: Diálogo de sordos (continuación)

>> jueves, 13 de enero de 2011

Ha ocurrido algo maravilloso. Tras la lectura de la entrada de este blog "Diálogo de sordos", Clara M. Corrales ha decidido crear una continuación de la misma. No solo el texto ha quedado enriquecido, sino que ha tomado otras directrices muy interesantes. Aquí os lo dejo, a ver qué os parece:

(…)”Es a fín de cuentas, la enciclopedia del disparate”. Me remonto a la época del enciclopedismo a través de la filosofía moderna. Y es que sí, las cosas son, ignorámos cómo, pero son; y ésta razón de ser es buscada a lo largo de esa historia que se olvida. Una vez se aumentó la distancia entre el sujeto y el objeto de conocimiento, se estableció la verdad acercándose a ella desde la actividad del ser humano, en gran medida desde la razón y a partir de aquí el gran hallazgo, la representación, la gnoseología de la representación. Pero es que ni el pensamiento moderno ni toda filosofía contemporánea han sido entendidas a nivel usuario, en su versión extendida, aunque sí influyentes. Todo el pensamiento de la historia condiciona nuestro pensamiento, pero actualmente es un flujo sin filtraje muy acorde con la aplastante corriente democratizadora. Así mezclado y reducido se enquilosa y plasma en enunciados absurdos que contienen trazas, ecos de corrientes positivistas, existencialistas, marxistas, y de mi abuela, es un uso utilitarista que tiende a la justificación y no al análisis, esta es la época que nos ha tocado, “siglo veinte Cambalache”, ¿quién lo entiende?
Pero fueron siglos interesantes el XVII y XVII, en ellos tiene lugar un hecho paradigmático y es que pensadores como Hume, Kant y Descartes se cuestionan porqué la ciencia avanza velozmente mientras la filosofía sigue sumergida en las mismas preguntas. Lo que lleva irremediablemente a la aceptación de las limitaciones del conocimiento humano en áreas que carecen de un modelo lógico-matemático, quiero decir, que ya por entonces se sospecha, se pone en entredicho la razón, a pesar de que se contrapongan el conocimiento sensorial y el saber cognoscitivo, se origina por primera vez una crítica voraz en el seno de la filosofía moderna. De alguna manera pienso que sigue siendo una cuestión problemática para la filosofía, Jean Marie Schaeffer habla de ello en su libro “Adiós a la estética”, en el que realmente dice adiós a la filosofía del discurso y a toda esa problemática existente respecto a la verdad absoluta. El autor recupera con fuerza el concepto de estética ( no la del setecientos por supuesto), dando pie a que la filosofía se introduzca en otras áreas. La dimensión estética no identificada unicamente con la teoría artística es un puente hacia otras formas de conocimiento que si bien no nos permiten generar ” juicios válidos” nos convierten a todos en artistas y pensadores, ya que la estética es capaz de sobreponerse a la ética y a la razón hegemónica. El cientificismo es hoy una religión, no sé si de esto eran conscientes en la ilustración, sería un paso muy importante que en el rápido desarrollo de la ciencia avanzaran conjuntamente la filosofía y el arte hacia el conocimiento, siendo urgente una reflexión por parte de la sociedad sobre los cambios que operan; asimilar y no tragar.

Jóse Ángel Valente escribió un artículo publicado en la Revista Occidente, aquí dejo un fragmento, es bastante sugerente:

“Asombra a veces la íntima textura donde se hilan en otras tradiciones el pensamiento y el poema. Piénsese, por ejemplo, en la enigmática belleza de los poemas de Angelus Silesius (1624-1677). que retienen reiteradamente la atención de Leibniz en sus cartas, la de Hegel en sus lecciones de estética o la del último Heidegger(nota) (Der Satz von Grund, 1957) en el comentario al dístico Ohne Warum. He aquí las dos fulgurantes líneas de éste poema:
La rosa es sin porqué; florece porque florece,
No se inquieta por ella misma, no desea ser vista.

La rosa es sin porqué, pero no sin razón, escribe Heidegger al término de su comentario, en el fondo más secreto de su ser, el hombre sólo es autenticamente si es a su manera, como la rosa, sin porqué.
¿Qué ha faltado a nuestra tradición peninsular para que el pensamiento haya sido particularmente impermeable al sin porqué, a la razón de la rosa?
¿Explicaría a su vez esa impermeabilidad la no existencia en nuestra tradición moderna de poetas como Novalis, Coleridge o Leopardi?
He aquí una de las razones que nos ha movido a escoger como primer referente la consolidación de la estética en el setecientos como teoría de la consolidación de la perfección del conocimiento sensible(…)

Ya seguiré escribiendo… Por cierto me encanta tu blog, te leo mucho aunque comento poco

nota: El “último Heidegger” supongo que hace mención a la segunda fase de su pensamiento. La fase final de su metafísica, investiga el terreno del lenguaje y comienza a leer a los poetas-filósofos arcaicos anteriores a los sistemas platónico y aristotélico.

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