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FUTURO PARA LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA

>> viernes, 28 de enero de 2011

¿Qué pasará cuando la música contemporánea deje de ostentar el derecho a llevar tal nombre?
Es claro que el término contemporáneo hace alusión a todo lo que convive en un periodo de tiempo vigente. La música que escuchamos en esta época, por tanto, no podrá ser siempre contemporánea. ¿Qué nombre recibirá entonces? ¡Consideramos contemporánea ya a la música surgida a partir de Schoenberg! Es el surgimiento de lo atonal. A partir de entonces, se ha venido desarrollando un concepto musical que presta toda su atención al sentido matemático. Quienes pueden llegar a conocer su secreto, sin duda quedan satisfechos. No así un público “mayoritario”, que no llega a entrar en estos terrenos ni siente esta necesidad de conocimiento. El sentimiento general es el siguiente: “no compensa”. Lo “Contemporáneo” en la Música del siglo XX es, por tanto, un término con fecha de caducidad, con respecto a lo “contemporáneo” del siglo XXI. ¿Cómo se podrá conocer entonces, tiempo adelante? ¿Existe un futuro plausible para dicha música?
Es un hecho que muchos de los compositores “contemporáneos” se encuentran en estos momentos realizando un camino inverso respecto a su trayectoria, apostando de nuevo por la armonía.
¿Sería factible un acuerdo entre dos tierras? Creo firmemente en ello. La “Noche Transfigurada”, me resulta un ejemplo idóneo. Todavía resuenan en ella antiguas voces románticas, herederas de la tradición alemana (véase Bruckner, por ejemplo).
No es cuestión de reaccionarismo. Es claro que la música, en el camino hacia su construcción histórica, ha tenido que luchar con su propia fuerza contra temores infundados. Los puristas gregorianos, por ejemplo, se echaron las manos a la cabeza con la llegada de partituras polifónicas (incluían más de una voz), además de compases que construían el sentido de un tiempo y un ritmo concretos. La música ya no se concebía como mero vehículo con el que llegar a Dios, sino que entraban en juego otros valores de carácter profano, existentes más allá de los muros de un claustro. Estaban, por ejemplo, los juglares. Ya no hablamos, por tanto de ese Ars Antiqua. Hay una intención renovadora, de avance, de enriquecimiento de la música. Además, siempre ha habido auténticos visionarios que han intuido posibles conexiones de la música más allá de la frontera de su época concreta. Por ejemplo, Carlo Gesualdo, compositor renacentista, cuya música posee un carácter absolutamente innovador para la época.
A mi juicio, la propiedad fundamental de la música, que es “su audición”, ha sido reducida en su espectro por lo que puede considerarse una “élite”, o grupo de personas preparadas para un cometido concreto. Y hablo más allá de estos tipos de música tan diferentes entre sí (música experimental, electroacústica…), pues el carácter de mi intención las agrupa homogéneamente en su intención ideológica. Esta forma de concretar, esta forma de desviar a un río por un afluente (nadie duda que poderoso) ha generado la situación en la que ahora os encontramos. Queda el último recurso, el del “sentir”. Por encima de cualquier otra materia, la música provoca emociones en quien la escucha. Su sugerencia, evocadora desde el inconsciente, conmueve a cada individuo de forma distinta, le empuja a interpretaciones distintas. Puede provocarle temor, ira, alegría, e incluso risa. ¿Ahora, en qué punto nos encontramos? ¿Puede hablarse de una nueva trascendencia? Quién escucha una música apoyada en fundamentos teóricos ¿medita acaso? El poder evocadora de la misma ¿transporta a universos dispuestos a personas concretas? Si bien la música ha pedido siempre un cierto grado de interés por parte del melómano para comprenderse, ahora ¿nos encontramos quizá un punto más allá de la exigencia mínima?

28 – 1 - 11

1 comentarios:

clara 29 de enero de 2011, 5:36  

Vengo de grabar una ópera para bebés en el Fernán Gómez "En la punta de la lengua", trata de la relación de los bebés con la palabra y la música, por eso Tatiana Melninchenko, la soprano, canta las palabras, en un acto muy natural que tiene mucho que ver con lo que cuentas.Recomiendo la obra.
Un abrazo

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