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LA PEREZA DE “VIVIR”

>> lunes, 17 de enero de 2011

¿Qué es el “Estado de bienestar”? Algo creado, indudablemente, por nosotros. En nuestra comodidad, hemos ideado una forma de resolver nuestros problemas: designar a unas personas (reunidas bajo un partido político) para que nos gobiernen. Bueno, perdón: para que resuelvan nuestros problemas. Y es que, vivir libremente a diario es muy difícil: hay que estar tomando constantemente decisiones. Por ello, hemos decidido vivir cómodamente, sin tomar verdaderas decisiones sobre nuestra vida. Lo otro presupondría esfuerzo, incluso unas gotitas de dolor. Es mejor dejarse gobernar, igual que preferimos tomarnos un medicamento que recomienda un hombre vestido en bata, con un estetoscopio colgando sobre ella y que dice haber estudiado en tal universidad. Lo que dice “va a misa”. Es el nuevo sabio contemporáneo. En democracia, elegimos a quien queremos que nos represente. Le votamos una vez, y hay que esperar otro tanto tiempo para volver a votar. En todo ese lapso de tiempo (valga la redundancia) aquel a quien se designa puede hacer cuanto le venga en gana, siempre bajo el auspicio del pueblo. Así, grandes dirigentes totalitarios han llegado a lo que son gracias a una elección democrática.
Para los gobiernos, sean del signo que sean, siempre ha habido una preocupación: ser derrocados. Por ello, siendo conscientes de la alta probabilidad de cometer incoherencias durante su legislatura, tratan de que cualquier información perniciosa sobre ellos llegue a los que son gobernados. Por ejemplo, en la antigua Grecia, la persecución de la pederastia tenía, entre algunos de sus fines, el evitar que el “adulto” pudiera “pervertir” al menor inculcándole conocimientos que, para su edad, quedaban vedados. Evitar el derrocamiento, en último momento. “Trabajamos por el país”. Si se prohíbe, por ejemplo, fumar en lugares públicos, la justificación está en “vigilar por la salud de los ciudadanos”. Sin embargo, las tabacaleras pueden seguir comerciando con este producto cuanto quieran.
¿Qué falta en esta ausencia de decisión por parte del ciudadano? ¿Una educación? Volvamos a la terrible afirmación: La vida la resuelve otra instancia que no soy yo. El hombre piensa en sus derechos y no ya en sus deberes. Tener bien cubiertas las espaldas para el vivir diario puede ser la explicación de cierta adormidera democrática. “Que todo nos lo den hecho”. Son las carencias lo que nos mueve. Pero, aún así, nos creemos ser verdaderamente los que decidimos cuando, mediante la presión, logramos que algunas de las enmiendas aprobadas por un gobierno (y que consideramos abusivas) se echen para atrás. Y es que no hay que arreglar los problemas sino evitar que se produzcan. Prevenir antes que curar. Cuando alguien estudia algo en esta industria social que es la especialización, se puede llegar a no hacer algo que verdaderamente se quiera, sino llegar a aprender un apartado para un compartimento estanco de esta máquina que es el Estado. Nos hemos quedado en las raíces obviando el tronco. Le concedemos confianza al especialista, un derecho para hablar porque se ha esforzado y ha estudiado un largo tiempo para saber lo que sabe: un apartado del todo total.
Luego, está esta otra bendita frase que dice: “No hay posibilidad de cambio, hagas lo que hagas”. Vivimos anclados en la desilusión, en el desencanto más absoluto. Ya no creemos en nadie. Ya no tenemos autoridades en quien confiar. ¿Es que alguna vez las hubo? Los grandes hombres, los que vivían sin presumir de lo que sabían, tuvieron finales injustos. Solo les puede quedar los admiradores, quines verdaderamente hacen justicia. El gobierno, les desplaza (o elimina), teniendo que ser la figura de Platón, por ejemplo, el que las recuerde plasmando en libro sus enseñanzas de palabra. En su apología, Sócrates habla a los atenienses, defendiéndose de las acusaciones que se le imputan. Habla de los artesanos, y considera que yerran al creerse que pueden hablar más allá de aquello que conocen.
Por otro lado, Nietzsche, representado en Zaratustra, se refiere al león como símbolo de quien se rebela contra quienes le conminan a actuar contra su propia voluntad blandiendo el verbo “deber” y lo cambia por el de “querer” para actuar en la vida por propia voluntad. Es la liberación, tantas veces referida, contra la opresión de quien se encuentra por encima, en forma de “dragón” escamado.
¿Dónde quedó aquel momento ilustrado en el que se nos animaba a demostrar nuestra valía, a no necesitar de nadie que nos tutelase? No hemos conseguido emplear nuestra razón para vivir, crear una sociedad. Hemos creado un estado.

17 – 1 – 11

4 comentarios:

proyectotresemes 17 de enero de 2011, 13:19  

Hola Javi,
me acabo de encontrar con este concurso:
http://tobe-continued.com/
Échale un ojo, igual te apetece participar :)
Un saludo,
María

Anónimo 17 de enero de 2011, 15:10  

¡Muchas gracias María! La propuesta es muy interesante, me apetece mucho participar. Esperaré al día 19.

Javier 17 de enero de 2011, 15:11  

Por cierto, el anónimo, aunque no lo parezca, soy yo.. jeje

Javramser 22 de enero de 2011, 4:07  

Últimamente escribe mucho Marías por aquí...

En tu escrito hay mucho de cualquier tiempo pasado fue mejor, y creo que es lo más tonto que se puede pensar.
Porque ese tiempo no volverá, y porque no era mejor (o al menos no creo que podamos valorarlo en términos tan simplistas).

El estado de bienestar ya no existe, no vivimos en él. Vivimos en la sociedad de consumo. El estado de bienestar se fundamenta en la preocupación por que los mínimos considerados fundamentales sean accesibles por todos los ciudadanos (comer, cobijarse, dormir, trabajar...).
La especulación del capital hace tiempo que nos impulso a un estado de consumo donde el bienestar es relegado a un segundo plano (y aquí es muy light, mira a EEUU).
No importa que te quedes en la calle si no eres capaz de pagar la hipoteca de la casa con precio exorbitado que te compraste sin pensar (tal y como yo lo veo).


Con respecto a trabajar para el estado. En Japón el último año de carrera los estudiantes tienen la obligación de buscar un trabajo que les permita salir de sus estudios colocados y trabajando para el estado.
Imagino que todos los estudiantes de este país que acaban sin trabajo ni saber que hacer podrían pensar que no es un mal sistema, pero lo que es evidente es que "eso" sí que es trabajar para el estado.
Nuestra organización es mucho más anárquica en ese sentido.


En todo caso tu escrito es pesimista, y lo es porque creo que estás adelantando acontecimientos.

Por tu capacidad para relacionarte con los otros estás en una posición más favorable de la que crees para acabar haciendo lo que te dé la gana (no esperes que además se te reconozca el trabajo, no creo que nadie deba "esperar" eso).

Vivimos/vives en una situación muy favorable. Tu acceso a la cultura, con dinero y sin dinero (bibiotecas), es estupenda. Tienes la libertad y el tiempo para hacer lo que te da la gana. Y las tediosas tareas a las que nos somete la facultad cual colegio de primaria son gilipolleces que todos acabamos sacando adelante.

Respecto a la política... nos afecta, sí, pero el margen de actuación que nos deja es especialmente amplio.

Un abrazo.

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