Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

A VUELTAS CON LA REPRESENTACIÓN

>> domingo, 30 de enero de 2011

Nunca he comprendido el sentido de diferenciar, en la lengua española, sonidos idénticos con distintas letras: así, por ejemplo, tenemos la “g” y la “j” e incluso la inclusión y exclusión de la “h”. Juan Ramón Jiménez, un hombre de nombre ya de por sí sonoro, insistía en sustituir las “g” por las “j” por la fuerza que esta letra poseía en el campo fonético (de viva voz) con respecto a la otra. Agustín García Calvo trata de poner un poco de sentido en todo esto de la complejidad grafológica aportando la teoría de un sentido de “clase”. Así, aquellos que conocían mejor el idioma podían diferenciarse de aquellos otros que habían prestado menos atención a este estudio. García Calvo sabe de lo que habla: Su obra de teatro “Ismena”, escrita en griego, le da como teórico mayor relevancia a la hora de validar cualquiera de sus teorías en este ámbito.

Siempre un tanto estrafalario, se ganó el favor popular estudiantil cuando, junto con otros profesores como Tierno Galván o Aranguren, fue expulsado de la universidad en los años sesenta al apoyar las revueltas estudiantiles contra el régimen. La crítica contra el poder, del signo que fuera, ha sido otra de las características definitorias de su figura. En el terreno profesional, añadir que incluso se atrevió con Shakespeare como traductor. Shakespeare, ese escritor que siempre se encuentra vigente por el contenido universal de sus obras. Curiosa la valoración positiva de estos maestros plumíferos siempre, en cualquier época. Para sus obras, nada ha tenido que hacer nunca la censura. Al considerarse un autor universal, se permitían raptos, crímenes, violaciones y otras historias que a otros autores más contemporáneos, de seguro, se les hubiese negado. Al perderse en la noche de los tiempos, este tipo de “puestas en escena” al servicio del arte han pasado cualquier tipo de valoración actual. No dejan de ser enseñanzas “intocables”, abstractas incluso (han perdido todo sentido polémico). A nadie le asustaba el cuento de Barba Azul o el cisne de Leda. Este último caso habla muy a favor de esos dioses mitológicos que parecían pasárselo en grande siempre. Violaciones, zoofilia, raptos, orgías, crímenes. Todo estaba permitido y así se respeta, como palabra sacra, propuesto desde la boca de Homero y otros escribas o recopiladores de “grandes relatos”. El peso de las frases del teatro de Shakespeare, si embargo, acaban resultando más difíciles de asimilar hoy para un público acostumbrado a un teatro de Tenessee Williams. En situaciones más cercanas, en ambientes más reconocibles, hay como digo clásicos más llevaderos. ¿De qué forma representar grandes monólogos que ahora resultan de todo menos naturales?

El gran Sir Laurence Olivier no logró, como ya señaló Kracauer, mantener al público pegado a la butaca con su Hamlet y su Enrique V. Todavía el Macbeth de Orson Welles consiguió aunar la imagen con el texto, pero aún así nada tiene que hacer con respecto a las adaptaciones de “la gata sobre el tejado de zinc caliente” o “Un tranvía llamado deseo”. Es necesario recalcar, en este sentido, que el dramaturgo americano vivía cuando estas realizaciones se llevaron a cabo, pero a su vez es de justicia añadir también que un escritor de teatro- y ni siquiera un guionista- tienen por qué saber adaptar su palabra a una representación casi fotográfica. En caso de duda- o de enfado de director con escritor- siempre quedará la libre interpretación del texto. Tratar de adaptar a los nuevos tiempos una pieza clásica puede resultar perjudicial para todos. Hace un tiempo se habló de la renovación de la letra de las zarzuelas a un lenguaje actual. Esto, creo que es un error, pues la obra puede acabar por perder su propio significado, su sentido histórico. Sería como tratar de reconfigurar un poema a un nuevo idioma sin que este perdiese su rima original. Una tarea casi imposible. Así lo mismo cambiar el idioma a las óperas, por ejemplo. Un desastre.
En el caso de la representación filmada “in situ”, esto es, en el teatro correspondiente, nos encontramos con pros y contras de nuevo, si bien sigue predominando esa ausencia de emoción en el espectador (al cual le separa de la realidad una pantalla). Por un lado, tenemos las posibilidades que aporta a la narración lo audiovisual. Mediante los planos “cinematográficos”, se acerca la acción al espectador de una forma física, puesto que dicha proximidad resultaría impensable desde la posición de la butaca. Por otro lado, esa aproximación es una lejanía, porque sabemos que es todavía más ficticia que en una “representación” (y no digamos si la obra se representa “cantando”, como en el caso de una ópera, una zarzuela o un musical, póngase por caso). La sensación de asistir a un acto único, irrepetible, donde dichos actores se muestran en carne y hueso, no tiene sustitución posible. La mejor forma de abordar cinematográficamente una obra de teatro es “engañando” al espectador, de manera que crea que aquello que está viendo es en realidad cine y no otro tipo de representación. De esta forma, metamorfoseando la escena en plató, no surgirá el conflicto que aquí se plantea. Un ejemplo claro es el de la adaptación del “Tío Vania” de Chejov por Louis Malle en el filme “Vania en la calle 42”. Esta propuesta es doblemente perversa, pues la historia se desarrolla en un teatro en el cual se va a representar dicha obra. Los propios “actores” que hacen el papel de “intérpretes”, comienzan a “interpretar” antes de subir al escenario. Al espectador que no haya leído este título de Chejov previamente, le resultará imposible saber cuándo comienza la pieza realmente. Dirá entonces, cuando la película se encuentre ya avanzada “¡pero si esto ya era la obra!”
Si ya de por sí resulta complicado hacer verosímil una ficción, no digamos ya trabajar en este reto doble de dar credibilidad a una ficción que trabaja sobre otra ficción. Es la propia representación de la que tiene que dar cuenta el ingenio del creador. Algo así como en ese “Retablo de las Maravillas”, donde partiendo de la nada se consigue engañar a un rey, haciéndole a él mismo recrear todo el trabajo. No hay, por otro lado, nada más contemporáneo que esto.

30 – 1 – 11

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP