Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

COPYRIGHT

>> martes, 8 de febrero de 2011

¡Cuántas veces hemos elogiado o criticado obras olvidando el copyright! Sin tener en cuenta los derechos de autor de una novela, solo podemos sentirnos partícipes de ella como sintiéndonos protagonistas de una película de Bresson: ¿Sabemos en qué escenario nos movemos? Ejemplos claros: películas de ciencia ficción con trasfondo filosófico (es decir, con pretensiones más allá de las de entretenimiento): "Blade Runner", "Solaris", "2001, una odisea en el espacio". ¿Cómo podemos hablar de Ridley Scott sin cintar a Philip K. Dick, por ejemplo? El cineasta, en la tarea en la que se encuentra especializado, sabe transmitir en imágenes un texto y, con ello, proponer su propia versión del mismo. Encontramos aquí la suma de dos creadores. Si, a esto, sumamos la composición de una banda sonora, entrarían entonces en juego tres. Si, por ejemplo, el compositor compone explícitamente para una pieza (Prokofiev para Eisenstein) o el escritor escribe un guión para un filme (llegando a adaptar su propia literatura, póngase el caso de Juan Marsé en tantas fallidas películas)la situación se estructura de forma inversa. En el caso musical, una banda sonora construida para ilustrar las imágenes de una película, puede llegar a resultarnos menos redonda si es extraída- como objeto de culto- fuera de la pantalla (así, por ejemplo, "La Misión" de Morricone). Si la pieza, por el contrario, es tomada como objeto de culto por parte de un director para ilustrar un filme (no hay cosa más práctica que inspirarse en una composición ya construida) encontraríamos el caso de las "Atmósferas" de Liguetti para Kubrick. Entre los compositores, ese copyright ha existido claramente en ejemplos como Beethoven: el comienzo de su Novena Sinfonía ha sido motivo de inspiración para Wagner ("El Anillo del Nibelungo"), Strauss ("Así habló Zaratustra") o Mahler (1ª Sinfonía "Titán") a la hora de poner un comienzo a dichas obras. Algo tan sencillo de desarrollar como partir del vacío para construir una imagen, un sonido. Así nos cuenta Beethoven en los primeros compases su idea de "Creación".La "Coral" es un ejemplo vivo de inspiración constante.
Ciertamente, tanto el concepto de “Copyright” como el de “Creatividad” pueden ir de la mano. De hecho, el mundo no sería mundo si no tuviera la capacidad crítica de auto-revisarse cada cierto tiempo. La inspiración está muchas veces ahí delante. Salta, muchas veces, cuando el creador, momentos antes de ponerse a la tarea, escucha una canción, lee un libro, descubre una obra de teatro o participa del estreno de un film inédito. Por decirlo de alguna manera, la historia se construye de pequeñas piezas capaces de causar admiración e incluso rechazo (de estas dos formas puede encenderse la bombilla). ¿Qué le sucedió a García Márquez? Había comenzado a escribir un relato pero la falta de inspiración le llevó a dejarlo inconcluso durante mucho tiempo. Fue con la lectura de “Pedro Páramo” de Juan Rulfo con la que retomó el manuscrito, guardado en un cajón, y lo concluyó, titulándolo “Cien años de soledad”.
Por otro lado, hay que tener en cuenta, dentro de esa auto-crítica, a la revisión como método de actualización. En el caso de las obras de Shakespeare ¿quién le iba a decir que acabaría siendo contextualizado en los filmes de Kurosawa? Nos encontramos, pues, con un creador de calidad que ha optado por intervenir sobre la obra de un autor universal (en el sentido de que nunca ha pasado de moda). ¿Pero qué pasaría si al tratar de “renovar” una obra se obtuviesen resultados dudosos? (y no doy nombres concretos porque, ante todo, soy un caballero). Si hay en ello un afán de mejora, porque la obra no ha sabido perdurar en el tiempo o, simplemente, aparenta un resultado manifiestamente mejorable, el trabajo creador a posteriori resulta loable. Por ejemplo, en el caso del remake de “La Huella” de Joseph L. Manckievicz, el dramaturgo y Nobel Harold Pinter supo convertir una pieza sin pretensiones (más allá del puro entretenimiento) en una historia que apostó, cuanto menos, por un contenido “interesante”. Hablamos, por cierto, de un director como Branagh, que supo dar continuación al cine Shakesperiano de Sir Laurence Olivier.
Pero, si por el contrario, esa creación no requiere de mejora, e incluso, resulte difícil de igualar, el mejorador la mejore, mal visto será. La gente dirá aquello tan directo de: “¿Pero quién se cree que es?” Luego: “Que se preocupe de sus cosas, que bastante tiene con ellas”.
Hace unos años, se pudieron ver diferentes puestas en escena para óperas de Wagner un tanto desconcertantes. La creación contemporánea se ha vuelto, en muchas ocasiones, cómica en su afán desmitificador. Poner a Tristán e Isolda como dos niños de escuela enamorados o a los mismos peregrinos de Tanhäuser montando en bicicleta es, cuando menos, desconcertante. Luego, tenemos a compositores que se atreven a “modificar” obras desde la misma partitura, por ejemplo, el “Turandot” de Puccini (y sigo sin querer dar nombres, pero no creo que sea difícil dar con ellos para quien esté un poco puesto en el tema).
Volviendo a la Sinfonía “Coral” de Beethoven: esto sería, más o menos, el ejemplo más feliz de cuantos haya podido poner en estas últimas líneas. Los compositores ya citados, trabajaron en sus propios proyectos inspirados a partir de esta obra, que representa- en este caso- esa musa que tanto se ha pintado acompañando al artista: bella, joven, casi mística.

3 comentarios:

Alejandro 9 de febrero de 2011, 4:31  

copy right ^ creatividad , pueden ir separados

salud !!

nosoydali 14 de febrero de 2011, 12:48  

Ciertamente. El mundo no sería mundo si no tuviera la capacidad crítica de auto-revisarse.

nosoydali 15 de febrero de 2011, 1:50  

He decidido continuar el texto añadiendo esta parte tan interesante sugerida. ¡Gracias, Alejandro!

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP