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ESPEJISMO

>> lunes, 7 de febrero de 2011

Sin saber por qué, andaba. Cruzaba ahora una avenida. El sol desplegaba sus rayos con ayuda del viento, impregnando de un aire cálido a la atmósfera vespertina. la tierra, en su grano más fino -casi como polvo- cubría, amparada por aquel vendaval que aparentaba corriente, a todas las cosas existentes. Ninguna se libraba de lucir una capa blanca que aparentaba tenerlas en salazón. "Calle de Pedro Páramo". ¿Adónde fue todo el mundo? Quizá pasó por aquí una guerra devastadora, capaz de hacer ruina hasta de lo más inmundo. La suciedad parecía haber sido también saqueada, desposeída de su sentido. Ahora solo era polvo blanco que anulaba a todo bicho viviente sobre el que se posaba.
Completamente incoloro, el hombre blanqueado había olvidado cerrar su boca, que ahora se encontraba seca por el clima. Su lengua parecía de trapo. No le importaba porque había olvidado usarla. Por no saber, no sabía ni quién era, y esto le imposibilitaba actuar en consecuencia consigo mismo. Sabía que estaba vivo, que debía de hacer algo, pero no sabía el qué. No podía estarse de brazos cruzados porque siempre había odiado el aburrimiento. Ya encontraría el motivo de su camino. Ahora, simplemente caminaba, por no estarse quieto.
Buscó en sus bolsillos, por si pudiesen habitar algo que contuviese agua. Realmente, el tipo de líquido le daba igual. Solo quería hacer desaparecer tanto polvo, camuflarlo con la humedad, aunque luego tornase en barro. Lo único que encontró fue su cartera. La abrió. Era de cuero, y esto le producía mayor sensación de sed. En su interior, había una serie de compartimentos donde, ordenadas, había guardado algunas posesiones. Y digo algunas, porque faltaba la más importante: el documento de identidad.

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