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ATACAMA

>> domingo, 6 de marzo de 2011

En la Plaza de Cristino Martos de Madrid, hacía unas semanas que había aparecido una cama. Esa cama, plantada en mmitad de la urbe, tenía dos personas dentro. Estaban vivas. Se trataba de una pareja de jóvenes que tenía dinero para comprarse una cama pero no para comprarse un piso. Por ello, porque la cama es esencial, allí donde se entiende la gente, invirtieron sus ahorros en la mejor de todas. Eso sí, decidieron ir a vivir solos en una mala fecha: finales de noviembre.
Él siempre era el primero que quería entrar en calor, por lo que la autoría del inicio de toda conversación era suya:

- Cariño, eres una verdadera Venus de Milo.
- ¿Porque no tengo brazos?
- No, mujer, por tu belleza clásica...
- ¡Eso suena anticuado! Además, los cuerpos pétreos griegos partían de un canon simétrico inexistente... Esas caras eran todas iguales, frías como el material del que estaban hechas... Hubiese preferido que me hubieses comparado con una modelo de Rubens... Ese es otro canon de belleza para otra época diferente.
- Te quiero y punto. ¿Te vale?
- Si tú eres el punto, yo siempre seré la coma.

Tan verdad era que a veces las conversaciones derivaban en un verdadero escándalo público. Un día, ella salió de la cama y no regresó. Él la esperó mirando al horizonte de la celle horas y horas, pero nada.
En esto, apareció un vendedor de Biblias y él le detuvo para comprarle una.

- ¿Cree usted en Dios, joven?
- Sí. El problema es que no creo en mí mismo.
- ¿Y eso? ¿Cómo es posible?
- Me falta amor propio...
- No puede ser... Es una contradicción en sí mismo.
- Amé a una mujer pero se fué.
- Eso es lógico. Si amaba a los demás como a usted mismo, normal que se fuera.

Entonces, todo encajó.

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