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HISTORIA DEL MÁS CURIOSO DE TODOS

>> jueves, 12 de mayo de 2011

Se podría decir que la curiosidad había matado al gato liter-ari-a(l)mente.
Manuel López tenía la mala costumbre de leer la contraportada de todo libro que se encontraba. Presumía de cultura, era el que más libros conocía porque "había leído". Sin embargo, a veces olvidaba hasta el título del que estaba leyendo. Razón de más para que su cuñado, le gastase aquella broma. ¿Que en qué consistió? Digamos que, básicamente, se le ocurrió encargar un libro en blanco, solo existente en su portada. En ella, había puesto el siguiente título: "Historia del más curioso de todos". Esto, en la portada. Luego, por detrás, había escrito la biografía del novio de su hermana. "Nació tal año en tal lugar..." etcétera. Finalmente, puso el punto final de aquella farsa con una fecha de defunción inventada: Curiosamente, para la fecha elegida quedaban solo unos días. Llevó el libro a la librería que solía frecuentar el "inocente" y solo tuvo que esperar apostado no muy lejos, tras uno de los estantes del local. El cuñado entró allí, fue leyendo libro por libro. Se iba acercando, el cuñado estaba deseoso de que el momento llegase. Finalmente cogió el libro y, como era de esperar, en lugar de abrirlo lo miró por detrás un rato. Poco a poco, se fue poniendo del color de la escayola. Levantó la mirada, dejó el libro y se tomó el pulso. Entonces, el bromista se acercó hasta él.
"¿Qué tal cuñado? ¿Y esa cara? ¡Ni que hubieras visto un fantasma!"
Le aclaró que todo había sido urdido por él, que simplemente lo había hecho para darle una lección.
"¿Verdad que ya no vas a volver a hablar de ningún libro sin haberlo leído? ¿Verdad que ya no volverás a contarnos los finales de las novelas que en ese momento leíamos? ¿Verdad que no, querido cuñado? ¡Claro que no, si no hay más que verte! Te has encontrado con la horma de tu propio zapato ¿eh? Venga, vamos a casa, que te invito a un chocolate..."
Extrañamente, el cuñado se había quedado en blanco. "In albis", como dicen los entendidos. Pasaban los días y este parecía no reponerse, no salir de aquel trance. Los vecinos comenzaron a notar que el otro, el de la broma, se encontraba también mal. Lo achacaban a un sentido de culpabilidad al haberse excedido en su chanza. Se llegó a poner más pálido, superando al cuñado. Un día, murió. ¿Por qué? Nadie lo sabe. Quizá se equivocó de sujeto a la hora de poner la fecha fatal en aquel libro. Se me olvidó comentar que ambos se llamaban igual. ¿Coincidencia? No, qué va. Uno prefiere pensar que el nombre era muy corriente.

12 - 5 - 11

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