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SOLO PRETENDÍA SER EDUCADO

>> viernes, 6 de mayo de 2011

Como el fin de semana pasado tuve suerte eligiendo lugar donde pasar el domingo, volví a repetir en mi destino. ¿Qué tenía de misterioso un campo silvestre vacío? Nada, por eso lo elegí de nuevo. No quería entretenerme con nada, tan solo olvidarme del resto de la semana. Esta, como la anterior, había sido aburrida hasta decir basta. No hay nada como resetear el disco duro de vez en cuando.
Pero fue en esta mañana de domingo cuando el equilibrio y la armonía se vino abajo de repente. ¿Quién había puesto aquella carpa allí? Era blanca y parecía albergar cualquier cosa menos "nada". Allí estaba plantada con sus cuatro palos, con su envoltorio de plástico abominable.
Entonces, vi que salía alguien de allí y corría hacia mí. Era una chica y, como iba cargada, tardó en llegar más de lo normal. No comprendo cómo no eché a correr, en huída declarada. Cuando me tuvo entre sus garras, sonrió con aquellos dientes color carpa tan detestables. Me habló de una enciclopedia maravillosa. Yo pregunté si su temática se encontraba relacionada con el circo (por lo de la carpa). Ella negó rotundamente. Había querido resultar simpático y el tiro me había salido por la culata. Además, era absurdo, puesto que la que quería hacerse amiguita mía era ella. Me dijo que se trataba de una enciclopedia musical. "La música entra por el oído y sale por la boca, compañero" me dijo con una confianza que atemorizaba hasta a los más acostumbrados. Acto seguido de recitarme de pe a pa cada una de las letras de la enciclopedia, puso sobre mis manos un montón de catálogos explicativos donde podría volver a recordar todo lo que me había expuesto. Ella me preguntó si disponía de un teléfono para, si todavía no me había convencido, quemar todos los cartuchos como buena vendedora que era. Le di el de mi casa, con todos sus números. Podría haberme inventado un número, pero no lo hice. ¡Siempre quedaría el recurso de distorsionar la voz para hacerse pasar por otro personaje y decir "se ha equivocado de número, señorita".
Bueno, pues parece ser que ya todo había acabado (por el momento). Ella se batió en retirada y yo procedí a deshacerme de todos aquellos papelajos que se estaban empezando a desteñir entre mis dedos. ¡Hurra, una papelera!" Por suerte, encontré una a unos pocos pasos. Arrojé en ella toda aquella propaganda. Entonces alguien gruñó tras de mí. Era ella que me había descubierto deshaciéndome de su "regalo".
La odiaba. pensé: "¡No puedes echarme nada en cara! ¡He sido educado contigo, déjame en paz!"
Así es la vida. Uno, pudiendo ser un auténtico desaprensivo, opta por la educación. Luego todo es mentira pero en ese momento queda uno bien. Atento, generoso, incluso cariñoso.

6 - 5 - 11

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