Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

CRIMENTAL

>> martes, 5 de julio de 2011

Cuando recibió la noticia, no quedó muy afectado. De hecho, se impuso una serie de normas todavía más severas para que aquello no volviera a repetirse. Todo un nuevo repertorio de acciones repetidas hasta la extenuación, convertidas en rito. Aquel cariz sagrado que tomaban le impedían vulnerarlas en lo más mínimo. Eran, de hecho, la clave para que todo funcionase, para que nada saliese mal en su vida. Empujar la cama contra la pared, entrar y salir de la habitación, encender y apagar el interruptor. Hasta que los pensamientos negativos no hubiesen desaparecido, aquello debía de seguir funcionando. Cuando los músculos se agarrotaban, cuando todo el cuerpo se encontraba resentido, entonces tal vez por cansancio llegaba el final. ¿Qué pensamiento pasó aquella noche por su cabeza? “El abuelo puede morir”. Entonces, había que exorcizar aquella idea, pues podría llegar a cumplirse. ¿Cómo? Volviendo a repetir esa acción que estaba realizando en el momento en el que pensó aquello. Levantarse de la silla y volverse a sentar. “¿Ha desaparecido? Todavía no. Vuelve a repetir la acción.” Aquella noche finalmente acabó sucumbiendo al sueño sin haber logrado que aquel pensamiento fuese extirpado. No. Un aire extraño cruzaba la habitación en aquellos momentos. Un presentimiento. Algo malo podía ocurrirle a un ser querido. Lo había notado vagamente. ¿Llegó a pensar realmente que podría morir o, tal vez, lo imaginó después? Sea lo que fuere, pasó una semana, o quizá dos, y el abuelo murió. El niño se sintió ejecutor de aquel crimen. Un crimen mental que había salido fuera. Debía conseguir ejercitarse mejor, conseguir dominar su espíritu. De esa forma, su subconsciente no le traicionaría ya más. Estaba convencido de haber sido el culpable de aquel fallecimiento. “¿Qué haces, hijo?” pregunta la madre preocupada, al verle actuar de forma extraña. “Nada, mamá. Vete, por favor.” Y continúa yendo de acá para allá, abriendo y cerrando un grifo, calzándose y descalzándose, apoyando su espalda en la pared y separándola. Quiere gritar para después llorar de rabia, sintiéndose esclavo de sí mismo. Ya no sabe ni lo que piensa, pero cree que es todo malo, negativo. Por fin, un día, llega a olvidar aquello que le ha tenido cerca de media hora repitiendo una serie de actuaciones. Entonces, se siente feliz porque, al olvidar aquello sobre lo que tiene que actuar, puede desobedecer sus propios mandatos. Y así lo hace, efectivamente. Por otra parte, cada día es mejor persona, llega a rozar al que puede pensar cosas buenas las veinticuatro horas. Ya nada puede obligarle a pagar por sus pecados. Por fin, su madre puede descansar a gusto. Su hijo vuelve a comportarse con hábitos normales. Fin del problema. El pequeño criminal no era sino un inofensivo neurótico. Ahora todo está arreglado. La noche puede llegar cuando quiera que ya nadie de aquella casa la aprovechará para maquinar cualquier asunto despreciable. Dormir tranquilos y no temáis pues las fuerzas mentales han sido reducidas a base de duros ejercicios. Ahora, todo es más esquemático gracias a que el cerebro ha aprendido a ser básico para con quien lo contiene. Y, sin embargo, para el abuelo, aquel siempre fue un niño sin talento.

5 – 7 - 11

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP