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MIEDO A LA MÚSICA

>> martes, 23 de agosto de 2011

Encerrado en un estuche negro
-Como si el color lo escondiese más-

Relajado en su madera, añejo de barrica

Es el aire, que contiene tu alma, el vino

Tu calidad, memoria de viejas notas

Fuiste general y ahora esperas encogido
Temeroso de cualquier mano
Desconfiado bajo cualquier arco

Ya no quieres ser excelente ni mediocre
Pues no esperas en este nuevo tiempo
Ni un mal ni un buen concertista

¿Y qué más da que todo esto sea mentira?
¿Acaso importa que quien siente todo esto
Sea, no el instrumento, sino aquel con quien habita?

¡Trece años buscando un callo bajo tu cuello
Y ahora… ¿Qué sucede ahora?

El violinista teme serlo
Y no abre el estuche por no encontrar en él polvo
Por no enfrentarse a las cuatro cuerdas destensadas
Y no atreverse siquiera a afinarlas
No sea que se rompan… y descubra, tal vez
Que ha olvidado cómo reponerlas

Conciertos, años de estudio en total
Para ahora mantener toda una sabiduría en secreto
¿Qué digo sabiduría? ¡Experiencia, mejor sería!

Solo una seguridad tiene y mantiene
La filosofía de la bicicleta:
Son esos dedos que van allí donde cree el oído
Que parecen no haber olvidado nada
Consiguiendo engañar a quien los observa
Desde otro cuerpo. Sí, ese público
Que ya no busca en auditorios
Sino en habitaciones…
Que desea encontrar un concierto
A cualquier precio
En cualquier hora
De cualquier día del año
Yo, a todos ellos, les engaño
Y les digo “¡no ha pasado
Tanto tiempo desde que no toco!”
Y ellos aplauden
Porque creen reconocer lo que suena
Con distintos aires, con distintos tiempos
Ellos son los insobornables
A ellos les debo todo mi respeto
Pero es en la soledad muda
Donde cargo mis tintas contra el miedo
Al frotar las crines de caballo
Y siempre venzo porque siempre libro una batalla
Que no es otra que la del tiempo.

21 – 8 - 11

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