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PAVANA DIFUNTA

>> lunes, 26 de septiembre de 2011

Una vez, Ravel, molesto por la interpretación de su obra, dijo al pianista que la había ejecutado: “Es Pavana para una infanta difunta, y no Pavana difunta para una infanta”



La canción es mi lenta, lenta pavana
Y siempre suena bellamente triste
O tristemente bella… ella siempre suena
Es una canción sin hora del día
Es una hora donde nunca hay canciones
La de la triste-bella, bella-triste pavana

Una infanta camina graciosamente
Siendo difunta, o simplemente decimonónica
Porque extiende sus plumas siendo niña
Todavía… porque anda dando saltos
Delante de la corte, atravesando una alfombra

Quiere cantar, pero no la dejan ¡pobre!
Apenas puede caminar con ese traje…
Y esa pesada peluca, un poco más blanca
Que el color de su rostro, que rivaliza
Con el negro de los lunares y con esos zapatos
Que tragan a esas medias plomizas
de pies embutidos, siempre caminando…
Uno primero, otro después
primero Ravel y luego Fauré

La niña, en la escalera, sufre un traspiés
Y entonces, la bóveda del palacio estalla
Porque una explosión la ha destrozado
Y, por no haber, no hay ni impresionismo
Ni coloraturas, sino guerras en aeroplanos
bombas que construyen nuevos mundos
buscando en el mapa, de Francia a Alemania
bellezas imperiales jóvenes y fabulosas.
¡Para que no conozcan la vejez las matan!

Así murió la música de minuetos
¡Convertida en dodecafónica!
Rivalizando los golosos pasteles
Con el ruido nuevo de ametralladoras
Así recordamos, deconstruyendo las cosas
Limitándolas a su mínima estructura,
Que hubo un tiempo en que la belleza era otra
Pero las pavanas y las niñas existirán siempre
Y los caminos, aunque ya no sean alfombras
Y las caras bonitas, caigan o no por escaleras

26 – 9 - 11

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