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“VIDA EN SOMBRAS”

>> jueves, 15 de septiembre de 2011



Hace dos noches, en la oscuridad de mi habitación, visioné “Vida en sombras”. Para situarme pensé en unos años antes de la segunda mitad del siglo pasado, concretamente 1947. España. Después, pensé en el cine posible de aquella época, y todas mis cábalas resultaron desafortunadas. No contaba con el autor del film, y difícilmente podía echar mano de archivo, puesto que apenas se sabe de él. Lorenzo Llobet Gracia fue un cineasta amateur que vio truncado, no ya su hobbie, sino su motivo para vivir. Aquella empresa en la que había depositado todas sus esperanzas (llegando a endeudar por ella incluso a su familia) se resquebrajó por todas partes e hizo aguas. ¿Tal vez Gracia se equivocó de época? En absoluto, pues solo habiendo nacido cuando nació pudo plantear algo tan complejo como el concepto de cinematógrafo. La complejidad estribaba en que se encontraba todavía en vías de desarrollo. No obstante, como redacta en máquina de escribir el personaje del filme, el cine ha dejado de ser una mera atracción de feria para convertirse en algo estético. Fernán Gómez interpreta a un Llobet Gracia de tapadillo que ama el séptimo arte. Para empezar, nace en una barraca de feria donde está teniendo lugar una proyección cinematográfica. ¿Qué más datos simbólicos que este hacen falta para determinar una vida por el camino del celuloide? De pequeño, a él le interesa más Charlot que el final de la I Guerra Mundial. Es capaz de pelearse en la sala de proyección defendiendo a su admirado actor. Luego, sus padres le regalan una cámara y, junto a su amigo de escuela (con quien comparte afición), comienza a filmar. Ya adulto, escribe en revistas de cine y, con trabajo como cámara, sale a filmar diversos aspectos del panorama social. Además, claro, se enamora (la actriz es María Dolores Pradera, curiosamente aquella con quien Fernán Gómez estaba casado en la vida real).
Todo esto aparece retratado con cierta ingenuidad en un filme hecho más con voluntad que con medios. Es el propio devenir de los acontecimientos históricos lo que trunca esta brillante carrera. Y no hablo ya solo del personaje, sino del propio Gracia. Las sombras de las que habla el título del filme sobrepasan a las del séptimo arte y llegan a ensombrecer las ilusiones puestas en tal loable propósito. El director se convierte en maldito al no volver a coger una cámara (al menos oficialmente) y desaparece en la triste oscuridad. Este filme que puede considerarse su testamento cinematográfico pasa por cuestiones de censura- aquellas que su creador, por ingenuidad, pasa por alto- y los estudios en los que trabaja acaban cerrando, dejando incluso a otro director, Serrano de Osma, sin poder concluir el filme que tenía entre manos. El trabajo de Gracia es reconstruido por Antonio del Amo en el estudio de montaje en un intento desesperado por revivirlo y finalmente es aceptado oficialmente. No obstante, han pasado ya unos años y su exhibición pasa sin pena ni gloria en locales de tercera categoría. Solo hace poco se ha tratado de enmendar esta injusticia. Los que han hecho posible, no ya su supervivencia sino su resurrección (o, tal vez reencarnación) han sido aquellas que siempre apostaron por ella. Esa clase de gente sensible que ya en su momento la valoró y defendió y que, en la actualidad, con nuevos nombres y rostros, en una generación nueva, no la ha olvidado. Eso sí, siempre pudiendo por su cargo y posición (yo, estudiante de bellas artes y todavía sin trabajo, no sería el candidato perfecto para llevar a cabo esta labor). Desde la Filmoteca Española, trabajando a diestro y siniestro. La copia que ha llegado hasta a mí, la emitió el segundo canal de Televisión española en su momento, con evidentes deficiencias en su calidad. Ahora, más que nunca, uno se lamenta de que las cosas de palacio vayan despacio para todo, incluso para aquellas que reclaman urgencia. La digitalización es un proceso largo y costoso que lucha contra aquellos bichitos que devoran fotogramas debido a la deliciosa gelatina de la que están compuestos. Todo acaba echándose a perder y, por ello, el eterno rescate es necesario. Si una sola cosa exige de una restauración cada cierto tiempo para mantenerse, imagínese todas. Las películas más antiguas (no estoy hablando ya de esta) sufren todo esto y exigen de una atención. En juego está nuestro patrimonio cultural. Siendo triste, es así. Si bien es injusto que Gracia hiciese una sola película, lo es más todavía perderla por cuestiones políticas o burocráticas.

15 – 9 - 11

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