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SONIDO

>> domingo, 2 de octubre de 2011

A Michael Stuart de Wilckens


Porque sonaba un gramófono, subí
aquella casa, hecha toda de escaleras
… porque quería saber de qué conocía
Aquella música… aquel fonógrafo…
Y, por fin, en el último piso, una puerta
Se abría, sin marco, hacia un rellano
Inexistente. Allí estaba aquel sonido raro
Sin fonógrafo… solo sonando, hace días.

¿Qué era lo que producía aquella música?
Nunca encontré la respuesta que busqué
A pesar de pasar días y días sin dormir…
Tan solo buscando, porque no podía recordar
Porque mi mente, cansada, ya no me servía
Y era un despojo andante, conducido sin estímulos
Porque ya nada podía encontrar en mi mente
A pesar de que aquella música, me conducía
A algo, con nombre y apellidos, irremediablemente

Y, de vez en cuando, parezco de nuevo oírlo
Aunque luego reconozco que el sonido me lo invento
Y, aunque sepa que lo he inventado, voy a buscarlo.
Suena, a pesar mío, porque ya nada pienso
¡Solo ando creyendo oír ese sonido!
Y un día (imposible que llegue)
cuando reconozca ese sonido perdido
habrá un gramófono que lo toque
y una casa con más cosas que una sola escalera
y, frente a todo aquello, habrá una suerte de mago
que estará escuchando aquel disco, en una habitación
y me mirará, y ese mago no será otro que mi memoria
recuperada, devuelta a mi cuerpo hecho solo de carne
y me dirá: “he materializado una idea”
¡Esa música, hombre de Dios, no es otra que la de tu cerebro!

2 – 10 - 11

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