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EL ÁRBOL DE LA VIDA

>> jueves, 29 de diciembre de 2011



A estas alturas de la película, todavía temo escribir. Dicen que hay que dejar reposar las películas un tiempo prudencial, lo justo para que fermenten lo adecuado sin que acaben echándose a perder. El tiempo actúa sobre la barrica de modo inteligente y justo. ¿Qué podríamos decir sobre “El árbol de la vida”? Lo primero de todo, que todavía es mosto. Cualquier conclusión es todavía temprana.
¿Qué hicieron los críticos cuando se estrenó “2001 una Odisea en el espacio”? Salirse de la sala de proyecciones. Con el paso de los años, puede servirnos este error de ejemplo para nuestra cautela. “La paciencia es la madre de la ciencia”.
El ejemplo que acabo de citar no es gratuito. Y es que Terrence Malik tiene más puntos en común con Kubrick de los que podríamos esperar. Concretamente, respecto a “La chaqueta metálica” y “La delgada línea roja”, un tocayo y amigo mío se refería a dicha comparación como una reflexión sobre la guerra en la que podía advertirse la obsesión política y "objetiva" de Kubrick, y la "subjetividad" poética de Malick. De hecho, tenía la opinión de que estas dos películas resultaban más útiles a la hora de buscar similitudes: “…Porque no despistan con "teorías" sobre el universo, la vida, o visiones objetivas o subjetivas desde el punto de vista de la ciencia, o el origen de las cosas...”

Dejando las profecías para otros con menos pelos en la lengua, me limitaré a constatar algunos hechos lo más objetivamente posible.
El film de Malick no es, desde luego, algo que pueda digerirse desde las carteleras oficiales. Creo que ni el propio Malick podía esperar el éxito tan polémico que se ha granjeado su último filme. El número de espectadores ha ido aumentando día tras día, pero la opinión de gran parte de ellos cambiaba sustancialmente en algún momento mágico comprendido dentro del tiempo de proyección del filme. Podían entrar entusiasmados, curiosos, escépticos por la puerta del cine, y salir orgullosos por haber acertado con su intuición, defraudados, noqueados… e incluso enfadados. Para estos últimos, algunas salas de cine aguzan su ingenio, ofreciéndoles canjear el dinero invertido en esta entrada por otra para una nueva película. Así, saldrían contentos, aunque de una forma diferente. Así, si algunos se empeñaban en quedarse en la sala por racanería (he pagado esta entrada y voy a ver esta película hasta el final, aunque no la soporte) podrían salirse cuando quisieran sin molestar con su malestar al resto de los allí congregados. El cine, podríamos decirlo así, puede llegar a favorecer el sadismo de ciertos directores precisamente por esa manía de los espectadores de quedarse hasta el final en el cine, aunque no quieran. Cuando se inventaron sistemas como el video, los VHS eran el sueño de todo espectador. La tecla “STOP” era la salvación en muchos casos. El “PAUSE”, idóneo para aquellos con espíritu detectivesco que buscaban en una imagen congelada algún secreto. El “REWIND”, típico de los despistados o con un pequeño problema de desatención.
“El árbol de la vida” tiene en común con “2001” una necesidad por parte de sus autores de crear sin ningún tipo de límite ni filtro. Poder poner en imágenes aquello que se desea sin necesidad de extenderse en explicaciones. Los especuladores tiene aquí un terreno bastante rico para sus conjeturas, pero saben que siempre encontrarán la sonrisa de Buñuel que tolera todo tipo de interpretaciones pero que nunca se cansa de decir que “lo que hay es lo que hay y no hay por qué darle tantas vueltas”.



¿Podríamos encontrar nexos con el video-arte? ¡Por supuesto! Yo más bien diría que nos encontramos ante una “sinfonía de imágenes” cuya partitura pretende presentarse como codificada por sus propios símbolos (esto es, por sus notas, que deambulan por su pentagrama concreto). ¿De qué trata “El árbol de la vida”? Vayamos al propio título (no hace falta irse muy lejos. Ahí tenemos a nuestra amiga la Wikipedia). Este, nos remite fácilmente a uno de los símbolos cabalísticos más importantes del judaísmo. Dicho vulgarmente, este árbol se divide en diferentes caminos por los que se trata de llegar a la comprensión de la Creación del Mundo, originado por Dios.
“Este concepto metafísico (más allá de lo físico) más tarde fue adoptado por algunos cristianos, hermetistas, y aún paganos”.
Malick traza una serie de senderos, juega con el espectador conduciéndole a lugares de los cuales luego le sacará. Propone una cosa tras otra sin establecer nexos entre ellas. Divide su filme en varias historias o formas de contar. Es indudable que hay un peso importante de lo espiritual ligado con el concepto de “árbol de la vida” original, pero también hay otras propuestas o interpretaciones. El tratamiento que da en cuanto a estética podemos relacionarlo también con Tarkovski (un director contrario a las ideas de Kubrick más materialistas). El desarrollo del ser humano dentro de la naturaleza, la concepción de la mujer, las imágenes casi oníricas de levitación…
La figura del “padre” como rol masculino fracasado. La evolución del niño, su identificación con la madre, el descubrimiento de una violencia interior: la crueldad. Todo esto, narrado con dos nombres en la cartelera: Brad Pitt y Sean Penn. Y, es que, todavía seguimos diciendo aquello de “Vamos a ver la última de John Wayne” en lugar de “vamos a ver el último filme de Henry Hathaway”. La fuerza de lo comercial es indudable, lo que no quita que estos actores no sean merecedores de todo tipo de elogios. Pitt, además, produce la cinta (lo que, volviendo a Kubrick, me recuerda a Kirk Douglas en “Espartaco” o “Senderos de Gloria”) y Penn aparece brevemente en todo el filme. Aunque a la hora de la promoción, a los dos se les de el mismo peso, es indudable que algo no termina de cuadrar. No es difícil imaginar que Malick hubiese concebido algo bien distinto a la hora de poner en imágenes el texto del guión. Incluso, yo me atrevería a decir que rodó más de lo debido y, a la hora de cortar y pegar en la sala de montaje, dio un nuevo giro a la idea original. Por su parte, Penn realizó una serie de declaraciones no exentas de polémica a través de las cuales se manifestaba un claro desconcierto :

"La emoción que sentí al leer el guión [firmado por el propio Malick], el mejor que he leído en mi vida, estaba ausente de la pantalla. Una narración más transparente y convencional hubiese beneficiado a la película sin restarle belleza ni impacto. Para ser sinceros, aún me pregunto qué estoy haciendo yo allí, y qué puedo aportar en ese contexto. Más que nada, porque Terry [Malick] nunca se las apañó para explicármelo con claridad".
Creo que en este punto, el espectador concreto del que antes hemos hablado puede sentirse acompañado solidariamente por Penn cuando sienta que todo su sistema organizativo mental se ha ido al garete al tratar de estructurar argumentativamente el filme.



No quiero dejarme en el tintero la música en “El árbol de la vida”. La partitura, aunque tenga un autor oficial (Alexandre Desplat) se encuentra cargada de momentos musicales bien reconocibles por el público melómano. Esta música es la que finalmente cala, aquella que ya se conocía previamente. Resulta una sabia elección el hacer uso de la música existente para poner imágenes a una historia. Así, de antemano, el autor sabe lo que quiere expresar partiendo de una melodía. Si, por el contrario, esta es encargada, sus resultados no siempre suelen resultar satisfactorios. Gracias a que Kubrick prescindió en el último momento de Alex North (compositor del cine más clásico) para la música de “2001”, ahora a todos nos viene “Así habló Zaratustra” o “El Danubio Azul” cuando pensamos en la ausencia de gravedad. Así, Malick habla a través de esas sugerentes voces en off acompañadas por Mahler, Smetana o Respighi, sonando con la misma fuerza que Bach, Pergolesi e incluso Ravel en Tarkovski.
Malick consigue hacer de un cine “especial” un espectáculo para todos (aunque luego vengan las reclamaciones). En este sentido, como ya digo, habrá que esperar a la hora de hacer apuestas. ¿Cómo sobrevivirá el filme con el paso del tiempo?

2 comentarios:

Javramser 29 de diciembre de 2011, 7:22  

"Esta música es la que finalmente cala, aquella que ya se conocía previamente. Resulta una sabia elección el hacer uso de la música existente para poner imágenes a una historia. Así, de antemano, el autor sabe lo que quiere expresar partiendo de una melodía. Si, por el contrario, esta es encargada, sus resultados no siempre suelen resultar satisfactorios. Gracias a que Kubrick prescindió en el último momento de Alex North (compositor del cine más clásico) para la música de “2001”, ahora a todos nos viene “Así habló Zaratustra” o “El Danubio Azul” cuando pensamos en la ausencia de gravedad. Así, Malick habla a través de esas sugerentes voces en off acompañadas por Mahler, Smetana o Respighi, sonando con la misma fuerza que Bach, Pergolesi e incluso Ravel en Tarkovski."

En esto no puedo estar en mayor desacuerdo.
Kubrick acertó con Strauss, quizá, a veces funciona. Pero todas estas composiciones nos llevan a mundos "conocidos" y con frecuencia nos sacan de la película. Depende lo que quieras decir citar puede ser acertado, pero también hay que ser consciente de que codearse con UN GRANDE te puede salir fatal, quedando tus imágenes a la altura del betún en comparación con la música.
Yo creo que para que una obra sea TOTAL tiene que serlo desde todos los apartados, y el sonido tiene que "crearse" para la ocasión...

Un saludo.

nosoydali 29 de diciembre de 2011, 7:37  

Lo que dices me parece bien, pero tampoco podemos obviar el componente que tiene el cine como medio de difusión. El medio cultural que muchos consideraron más democrático. Ahora las cosas han cambiado y quien quiera puede acceder casi gratuitamente a elementos culturales que antes estaban más restringidos. Gonzalo Suárez dice por ejemplo que prefiere fiarse más de la música que ya conoce que encargársela a alguien que seguramente no terminaría de dejarle contento con la nueva composición (de hecho él ha tenido muy malas experiencias, y podemos llevarlo también al caso de Kuvbrick con Alex North. Yo le doy mucha importancia a lo que puede sugerirme la música. Yo trabajo desde ese audio abstracto para visualizarlo en imágenes. Es mi caso particular, pero pienso que es un camino igualmente válido. Una obra total, en el sentido más Wagneriano, es coherente con lo que tú dices, pero pienso que no tiene por qué ser más desdeñable en ese sentido una película que no trabaja con material musical nuevo.
¡Saludos!

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