Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

SANTIAGO AMÓN Y LA CIUDAD UNIVERSITARIA

>> martes, 27 de diciembre de 2011



Youtube me ha brindado la oportunidad de conocer la figura de Santiago Amón. Me encontraba viendo unos videos que acaba de subir la Filmoteca Española (por fin se digna a hacernos partícipes, al pueblo llano, de sus fondos, sin necesitar pagar una entrada o llevar un permiso de visionado especial firmado) cuando, sin saber por qué, el índice de resultados relacionados me llevó a un documental sobre la Ciudad Universitaria y, de allí, a este video del que ahora paso a hablar. Sirva este inciso para alabar las excelencia de Internet como herramienta “educativa” (siempre y cuando se emplee debidamente)
Santiago Amón fue una figura relevante en la cultura española. Su afán humanista le permitió sentar bases en diferentes campos de la intelectualidad (desde la poesía hasta la Historia del Arte) llegando a colaborar en tareas tan variopintas como la Fundación de el periódico El País o la elaboración del escudo de la Comunidad de Madrid.
En el video previamente comentado, aparece Amón describiendo en un discurso de forma cuidada el proceso de construcción de la Ciudad Universitaria desde Alfonso XIII hasta la época franquista. No he conseguido encuadrar el momento preciso en el que se realiza la película, pero me imagino que los márgenes oscilarán entre el año de 1975 y el de 1978. Lo que me llama poderosamente la atención del discurso de Amón es la crítica evidente que hace de la reconstrucción arquitectónica de la Ciudad Universitaria tras la guerra civil. Durante la contienda, el proyecto no solo quedó detenido, sino que lo que se llevaba ya avanzado fue prácticamente destruido. La línea que se había decido seguir por los arquitectos más vanguardistas del momento (estamos hablando de los años treinta) había sido fundamentalmente la que en aquel momento reinaba por su novedad en Europa. Estamos hablando de la Bauhaus y de nombres propios como Erich Mendelsohn (expresionismo). El racionalismo integrado con la naturaleza fueron las máximas generales de estos arquitectos españoles, entre los que cabe destacar a Agustín Aguirre. Tras el conflicto bélico, algunos edificios como los de Medicina o el de Filosofía y Letras se reconstruyen, pero no se duda en romper la línea anterior estética con añadidos e incluso edificios nuevos en sus cercanías.

“…El perfecto complemento que había entre Naturaleza y arquitectura ha quedado absolutamente despojado y descarnadamente expuesto como un mueble a los rigores de la Naturaleza que es hartamente más poderosa que la arquitectura…”

Amón destaca algunas cosas evidentes como el nuevo tamaño que se da a las construcciones (superando los tres o cuatro pisos que se habían puesto de límite), el material empleado (de peor calidad al ser más barato), etcétera. Del ladrillo al hormigón visto y el complemento del aluminio (que relaciona con el “brutalismo” y su estética “carcelaria más que científica”). Tilda esta arquitectura como “vulgarmente denominada funcional” y la define más correctamente como “chabolista”:

“…El eterno disparate de esa arquitectura que hemos venido llamando de la chapuza y que uno tras otro de los edificios de la Ciudad Universitaria se ven coronados por ella. Ese elemento absolutamente incoherente de una arquitectura funcionalmente barata y arquitectónicamente deplorable…”


En algunos casos la nueva arquitectura recuerda a la propuesta en Italia o Alemania con el fascismo (los edificios tratan de recuperar elementos clásicos como las columnas y las escalinatas junto a un aspecto de edificio de piedra ancestral). Piacentini y Speer creyeron en una nueva Roma, en una nueva forma de retornar a cierta pureza…

“… Contraste entre una arquitectura racionalista que se realizó entre la monarquía y la República y una arquitectura tras la Guerra Civil de corte absolutamente imperial y emblemático. Entiéndanse ambas palabras entre comillas. Lo más grave es que esto ha ocurrido en un ámbito que constituía un centro histórico hoy prácticamente demolido…”

Antes me refería al año de realización del filme. Me había situado precisamente entre esos años ya que algunas instalaciones que se muestran están aún por terminar de construir (el edificio de Patrimonio o el de Bellas Artes, por ejemplo, los utiliza Amón para criticar el estado de dejadez institucional al encontrarse abandonados prácticamente). Sin embargo, este tipo de arquitectura es elogiada por él, resultando el único punto esperanzador de todo el repaso que realiza de las construcciones de posguerra. Amón denuncia también que muchos edificios en su momento fueron derribados al no encontrarse protegidos.

“…Se entiende por centro histórico el condicionamiento de un núcleo urbano a una estructura fuerte, por cuya gracia la evolución histórica de una ciudad o la identidad histórica de esa ciudad es reconocible inmediatamente al transeúnte. […] Constituye ya (la ciudad universitaria) un centro histórico absolutamente indivisible e inmutable que el nuevo régimen se encargó de dividir y de transmutar. A juicio mío el error de la ley de Patrimonio Histórico Artístico radica en la fusión de estos dos elementos…”

Puede desprenderse de todo este discurso (que recuerda tantas veces al de una clase magistral donde el profesor se luce recordando lo que se ha aprendido de memoria a base de machacar), más allá de los juicios personales tanto del orador como del que recibe lo que cuenta, que ha faltado el sentido común a la hora de reanudar un proyecto interrumpido. Un sentido común, por otro lado, del que poco podían entender los que continuaron la empresa. Es evidente que un cambio de ideología conduce irremediablemente a un cambio de los cánones estéticos.

Pero Amón se deja en el tintero algunos datos bastante relevantes a mi juicio. Por ejemplo, podemos hablar de las corrientes formalistas (anti-racionales) bien relevantes en la época y que quedan al margen de este discurso. Su influencia es clara dentro de la Ciudad Universitaria y aún en la arquitectura española actual. El “brutalismo” (denominación que en este país adquiere otra significación que puede resultar confusa) herencia de Le Corbusier, resulta evidente en edificios como el de Ciencias de la Información. Su característica principal es el empleo del “hormigón crudo”. Nombres tan sonoros como el de Sainz de Oiza (responsable del emblemático edificio de “Torres blancas”) o el de Miguel Fisac (autor de la desaparecida “Pagoda”), nos hablan de esa arquitectura afincada dentro de las corrientes internacionales.
Además, Amón se preocupa de construir su discurso arquitectónico observando el aspecto exterior de los edificios. El diseño interior resulta clave para comprender mucha de la arquitectura de la Ciudad Universitaria. Amón categoriza los edificios como “Buenos y malos”. Considera dentro del primer grupo a los realizados durante la república y después del giro vanguardista del franquismo (años cincuenta). Dentro del segundo grupo estarían los anteriores a dicha década. Es evidente que la cosa debió ser más compleja que la que corresponde a esta catalogación.

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP