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BREVE (Y SEGURAMENTE NO DEL TODO JUSTA) SEMBLANZA DE ZWEIG

>> sábado, 28 de enero de 2012



Stefan Zweig es uno de esos escritores con los que mucha gente topa y lee sin saber verdaderamente a quién está leyendo. Alguien puede leer una biografía sobre María Antonieta e importarle un rábano quien la ha escrito. Yo soy de los que cree que los libros nos escogen a nosotros, y no nosotros a los libros.
¿Quién fue Stefan Zweig?
“Carta de una desconocida” o “Novela de ajedrez” son algunas de sus obras de ficción donde dejó de hablar de los demás para preguntarse a sí mismo y novelizar las conclusiones extraídas.
Zweig se hizo amigo de Strauss y juntos trataron de sacar adelante una ópera titulada “La mujer silenciosa”. Después llegó Hitler y Strauss en un principio se puso del lado del líder nacional socialista mientras que Zweig fue perseguido por sus orígenes judíos. Él y su mujer acabaron suicidándose creyendo que el mundo iba a ser dominado por los nazis. Dentro de aquel delirio no del todo delirante, el escritor pensó que era mejor que el mundo, su mundo, concluyese cuando todavía era bello. Si hubiese esperado un poquito, quizá ahora no estaríamos hablando de él tan trágicamente. No obstante, él decidió como individuo no querer ver el ocaso de la civilización y esto, en cierto modo, le honró. Alemania quedó prácticamente reducida a cenizas: Berlín, Dresde… Barbaridades de la guerra, caprichos de individuos que creyéronse poseídos del derecho a dirigir el destino del mundo. No ignoremos a la figura de Churchill, que tras su intención de acabar con la locura germanófila no dudó en bombardear y masacrar tantas vidas inocentes.
Strauss, comenzando a sospechar de que el Tercer Reich prohibiese a autores como Debussy o Mahler, terminó por caérsele la venda de los ojos cuando algún familiar suyo acabó en un campo de concentración. Cuando el Tercer Reich sucumbió y llegaron los “liberadores”, Richard Strauss estaba en el punto de mira de los que buscaban sospechosos. Finalmente, unos soldados estadounidenses llegaron hasta su casa para detenerle. Era Abril de 1945. Strauss bajó las escaleras lentamente y se autopresentó de la siguiente manera: "Soy Richard Strauss, el compositor de El Caballero de la Rosa y Salomé." Casualmente, el teniente Weiss era un apasionado de la música y le reconoció como eminencia haciendo un gesto con la cabeza. De no haberse producido esta coincidencia, tal vez este gesto un tanto narcisista le hubiese valido al músico una reacción menos gentil por parte de quien representaba ahora el orden en el mundo. En señal de agradecimiento, Strauss compuso para John de Lancy, otro de los que entraron aquel día y que casualmente era también músico (instrumentista para más señas) un concierto de oboe.
De seguro que esta historia le habría chiflado a Zweig. Yo quisiera conseguir describir escribiendo los acontecimientos históricos como lo hacía Zweig. Con su estilo lograba volverlos naturales, verosímiles (por muy paradójico que resulte). Le gustaba disfrazarse de testigo, decir: "Estuve allí, lo viví". Anovelar la realidad con un solo pretexto: Hacer interesante al lector la historia de la Historia, valga la redundancia. Trasladarse ante el pelotón que casi fusila a Dostoievski, encontrarse en casa de Haendel cuando concibió “El Mesías”…

28 – 1 – 12

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