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MEDITACIÓN EN AÑO NUEVO

>> domingo, 1 de enero de 2012



En las fiestas de Nochevieja todavía siguen encontrándose concertistas sin instrumento. Se les reconoce porque van vestidos de gala, obedeciendo a una especie de norma secreta que deben cumplir cada treinta y uno de diciembre. El final de año no debe de pillarnos desprevenidos, qué duda cabe… Por eso, lucimos elegancia para bailar un baile de Shakira mientras bebemos de un cartón de vino de la última cosecha. Aquí, claro está, la pajarita o corbata se encuentra desangelada, casi triste. ¿Dónde quedaron los palacios y los bailes vieneses? Alí, en aquel escenario, lo cierto es que pintan bastante poco. Alguno se resigna a beber vino de garrafón y trata de ocultar su falta de tacto vertiendo el líquido rojo en una botella vacía que un día albergó el zumo de una cepa bien tratada. Pero como él mismo no sabe engañarse, trata de ocultar la realidad a los demás jugando perversamente con ellos, haciéndoles probar de su cierta botella el falso vino, pidiéndoles opinión. Aquí se suele responder, por miedo a resultar un ignorante en degustación de vinos, que aquel caldito posee todas las características necesarias para ser alabado en ese idioma tan extraño: “un cierto aroma a… un ligero… no se qué afrutado…” ¿no? ¡Claro que sí! Entonces el engañador engañado se ríe para sus adentros como corroborando el acierto de su ingeniosa mentira.
Donde los smokings y las fajas blancas funcionan es en Viena, al día siguiente. Yo, la única ave de paso sin etiqueta, he encontrado en el Concierto de Año Nuevo la excusa perfecta para abandonar estas fiestas de la forma más divertida. Cuando me preguntan: “¿pero, ya te vas?” y luego añaden “¡Quédate un poco más, anda!” yo les contesto que tengo que irme sin más dilación, pues me esperan en la sala dorada de la Musikverein porque toco de violín primero. “Estaré allí, en la fila segunda, tapado por otro violinista.” Entonces, sin más preguntas, me dejan irme de alter hour a mi casa, donde pongo la televisión y espero a conocer intrigado quién será el director elegido este año. De pequeño me hacía pasar por Karajan, convirtiéndome en su sombra. Lo imitaba todo de él, hasta el gesto cansado apoyándose en la baranda de su podio, ya en sus últimos años. En este caso no vestía de smoking ni de calle, sino con dodotis. Sonaba “El murciélago” y me sentía en lo alto de mi cima. Ya no podía aspirar a más siendo tan menos. Tendría uno o dos años y ya me sentía con los de Karajan. “El murcié-galo” decía yo en mi propio idioma, con el lenguaje todavía sin estrenar.



Dicen que el oído es el primer sentido que percibimos cuando nacemos y el último que se va cuando morimos. La música, el ritmo, el ruido, es lo más ancestral que podemos echarnos en cara los seres humanos. Por algo será. Hay quien escucha perfectamente el chapuzón de Ícaro en el cuadro atribuido a Brueguel. A pesar de que sus piernas hundiéndose en el agua sean lo más insignificante de toda la pintura, sin duda es el tema que da título al cuadro, aquel que hace que nos sintamos inquietos al encontrarlo rastreando con la mirada el paisaje. A pesar de ello, el labrador sigue con su trabajo, arando la tierra con ayuda del caballo. William Carlos Williams lo explica todo muy bien en su poema. A caso el Concierto de Año Nuevo sea como el labrador: aunque Ícaro caiga al mar, él seguirá puntual cada año su rutina.




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3 comentarios:

Meme 1 de enero de 2012, 9:21  

Estás muy elegante con dodotis!! :P

Javramser 1 de enero de 2012, 14:30  

"Alguno se resigna a beber vino de garrafón y trata de ocultar su falta de tacto vertiendo el líquido rojo en una botella vacía que un día albergó el zumo de una cepa bien tratada. Pero como él mismo no sabe engañarse, trata de ocultar la realidad a los demás jugando perversamente con ellos, haciéndoles probar de su cierta botella el falso vino, pidiéndoles opinión. Aquí se suele responder, por miedo a resultar un ignorante en degustación de vinos, que aquel caldito posee todas las características necesarias para ser alabado en ese idioma tan extraño: “un cierto aroma a… un ligero… no se qué afrutado…” ¿no? ¡Claro que sí! Entonces el engañador engañado se ríe para sus adentros como corroborando el acierto de su ingeniosa mentira."

XD

BRAVO!

Zolocotroco 2 de enero de 2012, 10:58  

Menos mal que siempre habrá alguien honesto que dirá: a mi todos los vinos me saben igual que el Don Simón

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