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POR UN VASO DE AGUA

>> martes, 20 de marzo de 2012

El camarero depositó el vaso de agua sobre la mesa y se marchó. Él continuaba mostrando esa estúpida sonrisa que va de una oreja a otra. Yo, sentada frente a él, tenía ganas de discutir. ¡No podía aguantar más! ¿Quizá era porque llevábamos mucho tiempo felices los dos? Nuestra vida era una balsa de aceite y esto me preocupaba. Yo siempre me he considerado una persona aventurera. La vida es demasiado aburrida para mí. Mi historia es de lo más simplona. Siempre lo he tenido todo solucionado, nunca he tenido que pasar penurias de ningún tipo. Podría decirse que he sido una mujer afortunada, que he tenido unos padres cariñosos, tolerantes, permisivos… he estudiado lo que más me ha gustado, nunca he tenido problemas económicos, conocí a una persona encantadora de la que me enamoré… Vamos, un royo. Y ahora quería romper con todo aquello. ¿De qué forma? ¡Muy sencillo! Comenzando una discusión provocada exclusivamente por mí. Allá vamos.

- ¿Es que siempre tienes que estar diciendo tonterías?
- … ¿A qué te refieres, cariño?
- No perdono tu ingenio, tu pedantería… No entiendo esa sonrisa estúpida. ¿Qué tiene de gracioso un vaso de agua?
- No, no es eso… La gracia está en definir ese vaso de agua como “un zumo de nube”…
- Muy ocurrente, sí señor…
- Además, eso no lo he dicho yo, lo ha dicho el camarero. Ha venido y ha dicho “aquí tiene su zumo de nube”…
- ¡Bueno, pero tú le has reído la gracia! Tú congenias con él ¿no es eso? Llevas un minuto sonriendo…
- No pienso llorar… El vaso está hasta arriba de agua… ¡Las lágrimas podrían desbordarlo!
- ¿Lo ves? Tú no sabes decir basta ¿verdad?
- ¡Pero mujer, si lo hago por sacarle la parte buena a esta situación!
- ¿Qué insinúas? ¿Quieres decir que algo va mal entre nosotros?
- … Eh… No. ¡No!
- ¡Se acabó! ¿te parece bonito que todo acabe entre nosotros por un vaso de agua?
- Me parece, cuanto menos, precipitado…
- ¡Calla, calla! Ahora no hagas un chiste… Tú eres capaz de relacionar “precipitado” con “precipitaciones”, con “lluvia”, “cumulonimbos” y “vaso de agua”…
- Cariño, ¿has dormido mal esta noche? Te noto…

Aquello fue la gota que colmó el vaso. Me levanté y le dejé allí con su cara de no haber roto un plato (ni haber tirado un vaso de agua) y me fui a casa. Ahora dejaría unos días de rigor para sentirme enfadada, pensar en todo esto, preocuparme, sufrir, acordarme de él, echarle de menos, llamarle y pedirle perdón sin dejar mi orgullo a un lado. ¡Por fin mi vida comenzaba a tener algo de sentido!

20 – 3 – 12

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