Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

VAMPYR

>> domingo, 29 de abril de 2012



Carl Theodor Dreyer hizo pocas películas en su vida, pero cada una de ellas puede presumir de ser una obra de arte. El cuidado con el que el maestro danés realizaba cada trabajo es bien palpable. “Vampyr” es una película de terror donde prácticamente todo lo que sucede se encuentra en la mente del espectador. No hay nada gratuito sino insinuado. Quizá por esto fue un absoluto fracaso en taquilla (el director se pasó casi diez años sin volver a  rodar). Fue un film a caballo entre el cine mudo y el sonoro y esto es evidente en sus imágenes. El film apenas precisa de palabras y su lenguaje resulta meramente visual. El argumento está basado libremente en las novelas "Carmilla" y “La posada del dragón volante” de Sheridan Le Fanu. Este escritor del siglo diecinueve creó el relato de terror en su forma moderna y sirvió de inspiración para otros escritores como Bram Stoker. “Carmilla”, de hecho, sirvió de inspiración para “Drácula” (Browning ya había realizado su adaptación, que superó en fama al “Nosferatu” de Murnau).
Dreyer supo captar el interés de Fanu por recrearse en las atmósferas y no tanto en los golpes de efecto en las historias contadas.
El personaje de “Vampyr”, Allan Gray, es un soñador que se encuentra obsesionado por el mundo de lo sobrenatural y que ya no es capaz de distinguir la realidad de la ficción. Los lugares por donde pasa, las personas que conoce, acaban siendo mostrados tal y como él las ve o imagina. Él no ejerce en realidad de protagonista típico (como pueden serlo los de las películas de este género) sino que se limita a ser el hilo conductor de la trama. Él es nuestros ojos. Allí donde va, vamos nosotros con él. Lo que él percibe lo percibimos nosotros. Nos encontramos en sus manos, con todo lo que ello conlleva de bueno y de malo. Nosotros debemos de decidir lo que es inventado y lo que no (y a veces resulta imposible de discernir). La forma en que lo paranormal se justifica en el film resulta bien interesante y es bien sencilla: se trae al mundo de lo cotidiano, se la hace surgir de ahí. Esto lo vuelve creíble dentro de la narración (bien lo explica Freud en su ensayo “sobre lo Siniestro”). Algo que nace dentro de lo familiar, de ese entorno en el que nos movemos, y que no podemos explicar.
El actor encargado de encarnar al protagonista fue Julian West, que en realidad se llamaba Nicholas De Gunzberg y poseía el título de Barón. Él fue decisivo en la película, pues puso el dinero necesario para poder concluirla (Dreyer se encontraba pasando por problemas económicos).
Por otro lado, todo ese universo de sugerencias casi oníricas contenidas en el film hacen de su trama algo difícil de describir con coherencia por parte de quien la ve. De hecho, en cada visionado puede haber una película distinta. De ella dijo Hitchcock que era la única película que merecía la pena verse varias veces. Y es que si algo valoraba el maestro del suspense en el cine era ese mostrar sugiriendo (aunque necesitase más de un visionado para comprender el film en su amplitud, como en este caso).
La fotografía es de Rudolph Maté, con quien Dreyer ya había trabajado en “La Pasión de Juana de Arco” y cuyo nombre figura en títulos tan emblemáticos como “Tú y yo”, “Ser o no ser” o “Gilda”.
Lo religioso en Dreyer está siempre presente, aún en este caso: “El Bien triunfa sobre el Mal”.   
“Vampyr” es una producción de 1932.

 

Read more...

Mozart (copia del retrato de Barbara Kraft, 1819)

>> miércoles, 25 de abril de 2012

Acrílico sobre lienzo
46 x 38 cm

Read more...

Segismundo


Acuarela sobre papel y rotulador negro

Read more...

"NIMROD (Variaciones Enigma)" de Edward Elgar

>> lunes, 23 de abril de 2012

Read more...

NIMROD

“Nimrod” fue el nombre de un patriarca al que el Antiguo Testamento definió como “Un poderoso cazador frente a Dios”. Nimrod también es el nombre de una de las piezas pertenecientes a las “Variaciones Enigma” de Sir Edward Elgar. Toda la partitura en sus números está dedicada a amigos del compositor. Quizá “Nimrod” haya pasado de entre todas ellas a la Historia por su fuerza sobrecogedora. No era para menos. Elgar se la dedicó a su amigo y crítico Jaeger. La comparación de “cazador” es también metafórica, pero en el sentido más sentimental. En el idioma alemán, “Jaeger” significa “cazador”. Y es que Elgar atravesaba por una gran depresión que le llevó incluso a plantearse abandonar la música cuando recibió la vista de su amigo una noche. Este, al encontrarle en tal estado, sintió la necesidad de darle ánimos y le habló de las penalidades que sufrió Beethoven. Canturreó un fragmento de la “Patética” para después decirle: “Esto es lo que tienes que hacer, sobreponte a tus miserias y sigue el ejemplo del divino sordo, que sin importarle sus amarguras compuso música cada vez más hermosa”. De no haber sido por Jaeger tal vez Elgar no habría sido capaz de volver a la vida musical. Elgar es conocido sobre todo por su “pompa y circunstancia”, que ha llegado a convertirse en todo un símbolo del imperio británico. Su solemnidad y majestuosidad es claramente palpable.

Recuerdo que una vez sonó “Nimrod” por la radio. Yo todavía creo que ni sabía quién era Elgar. Mi madre, por lo que se ve, también desconocía la pieza, porque me preguntó: “¿A qué me suena esto?” Obviamente, si me preguntaba a mí era porque yo también había escuchado esta pieza anteriormente con ella aún sin saber cuál era. Traté de recordar dónde podía haberla escuchado con mi madre. Entonces lo recordé: “El abuelo”. Había escuchado esta música viendo la película “El abuelo” de José Luis Garci con mi madre. Tenía que haber sido ahí. Si no era esa música, al menos era bien parecida. Recordé la banda sonora de Manuel Balboa. “Será la banda sonora de Manuel Balboa”. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando el locutor dijo, al final de la misma, que se trataba de una composición de Edward Elgar. ¡Había llegado a conocer a Elgar por Balboa! Entonces supe que toda la música de la película era un homenaje a “Nimrod”, y que solo al final, en el momento álgido, sonaba la obra original. Esa música, sin saberlo, me había conmovido tremendamente. En el momento en que vi la película me encontraba pasando por uno de los momentos más duros de mi vida. Y esta película había conseguido detener el tiempo. Un tiempo lleno de tristeza, dolor y miedo. Aquella música me había elevado hasta aquellos cavilados desde observaba todo sin miedo. Me encontraba protegido por algo extraño que no llegaba a divinar.
El ser humano siempre se ha empeñado en exteriorizar sus pasiones tratando de definirlas concretamente, hacerlas comprensibles a los demás. En esa necesidad de sentirse comprendido ha puesto todas las herramientas que tenía a su alcance. No obstante, el hombre se encuentra limitado, no puede aspirar a ser un Dios que todo lo controla.
El famoso cuadro renacentista de “La tempestad” ya nos hablaba de las fuerzas de la naturaleza respecto al poder limitado del ser humano. A diferencia de cómo se veían las cosas en el Mundo Antiguo, el Hombre había dejado de ser modelo de las cosas. En torno a él ya no giraba lo demás, sino más bien al revés. El Mundo se hacía grandioso y la persona en sí era consciente de lo poquita cosa que era.
¿Qué sintió Elgar al componer “Nimrod”? ¿Qué pude sentir yo al escucharlo por primera vez? Todas las palabras se quedan pequeñas. De hecho, creo que el lenguaje con el que podría explicar esos sentimientos todavía no se ha inventado. No existe y no sé si alguna vez existirá. Mi cuerpo atesora verdaderos bienes con los que morirá sin darlos a conocer. Todos esos secretos imposibles de transmitir son los que nos hacen a los humanos misteriosos, inexpugnables.
Así nosotros somos capaces de inundar un lugar de fantasmas, de recuerdos y de sensaciones. Ninguna otra persona podrá sentir allí, en ese sitio, lo que nosotros sentimos cuando lo habitamos. Desde una casa familiar donde han convivido generaciones hasta el banco de un parque donde tuvo lugar una importante conversación para nosotros o simplemente donde se dio un beso concreto.
Las personas mueren y, con ellas, sus secretos, sus pasiones, su sabiduría… Todos los conocimientos adquiridos a lo largo de la vida mueren con el cuerpo. Todo ese aprendizaje finaliza y no puede retenerse para bien de la humanidad, para bien de los que vengan después. Un libro acaba siendo insuficiente. Una confidencia, también. El hombre se siente frustrado por no poder conseguir transmitir un sentimiento, una evocación, a alguien ajeno a él.
Ese es el drama. Esa es la maravilla. El interior del “alma” humana.

23 – 4 – 12

Read more...

EL DELATOR (THE INFORMER)

>> jueves, 19 de abril de 2012




“My name is John Ford. I make westerns”. Así se definía Sean Aloysius O´Fearna, como verdaderamente se llamaba. Sin John Ford el cine del oeste no habría sido lo mismo. Él inventó una forma de narrar, un lenguaje cinematográfico único. Hombre de maneras secas y duras, como las de sus personajes, Ford también imprimía a sus cintas un indudable carácter ideológico. Hombre tremendamente conservador, defendía a capa y espada su propia postura. En cuanto a la temática, hizo distintas películas alejadas del género del western, pero inclusos estas conservaban un aire inconfundible a dicho género. Títulos como “El hombre tranquilo” o “La taberna del irlandés” nos presentan situaciones bien parecidas. Hay un tratamiento de la violencia como algo que acaba volviéndose corriente en el ser humano. Parece lo más natural. Ford era un hombre de acción, no le gustaba andarse con chiquitas. En el film que nos ocupa, “El delator”, encontramos todo lo referido anteriormente resumido en los siguientes puntos: la presentación de un ambiente hostil (nos encontramos en 1922) en el que se desenvuelven unos personajes y que concentra, por un lado, la rebeldía de un grupo de hombres pertenecientes al Ejercito de Liberación Irlandés y, por otra, la fuerza amparada en la ley que actúa contra ellos. Entre estos dos grupos, el personaje principal, Gypo. Aquí tenemos a los indios y a los vaqueros y al traidor, al Judas. Ford, de ascendencia irlandesa, defiende en esta película una postura ideológica ante la que se mostraba sensible. La idea del “Judas traidor” nos remite directamente a una religión, a una creencia también defendida por Ford. Presentación, por tanto, de dos valores: la creencia en un Dios sobre el que se sustenta una Justicia Universal, y la traición llevada a cabo por parte de una oveja negra perteneciente a un grupo que defiende un ideal y que será castigada. Gypo Nolan delata a un compañero de partido por un montón de monedas. Ese compañero, de nombre Frankie McPhillip, se erige como “Mesías que se sacrifica por una causa” (en este caso, política). Gypo representa la fuerza física, Frankie la intelectual.

En su época, el film de Ford ocupó uno de los primeros puestos de la lista de las mejores películas de la historia del cine. El advenimiento del cine sonoro estaba todavía reciente y John Ford aprovecha lo aprendido en su etapa muda para crear una estética casi expresionista. Con las menos palabras posibles, era capaz de transmitir ideas de forma sencilla y de forma eficaz. Su forma de entender las imágenes nos habla de arte, aunque el propio autor nunca se refiera a esto. Como él mismo dijo en una ocasión, le gustaba hacer películas pero no hablar de ellas.

La música de Max Steiner apoya las imágenes de forma evidente y ayuda a la expresión de las imágenes, como bien dice Michel Chion en su libro “Audiovisión”. A destacar la interpretación de Victor MacLagen en su papel de Gypo. “El delator” pertenece a ese grupo de filmes no westerns que, sin necesidad de desiertos, fuertes y caballos (aunque sí tabernas) logra un lenguaje épico calcado al anterior.



Read more...

LA LEYENDA DEL BESO

En tu nombre se repetía excesivamente la letra Z
Y tu perfil recordaba a los dibujos de Odilon Redon
A esos rostros femeninos alargados siempre de perfil
Esa eras tú… y parece que han pasado más de cien años:

… (puntos suspensivos)

Cuando camino por el parque
Y recorro sus lugares olvidados
Vuelven a mí sus sonidos perdidos

En la antigua Casa de Fieras
Dentro de sus jaulas vacías
Escucho alaridos animales
(aquí me ahorro onomatopeyas)

En la antigua sala de fiestas
Oigo música y voces antiguas
Que suenan desvencijadas…
Como por un viejo y cansado
Gramófono reproducidas

Cuando ando por el paseo de coches
Donde ahora abundan bicicletas,
Patines con ruedas y alguna motocicleta
Escucho los cascos de los caballos
Tirar de carruajes del conde Drácula

No hace tanto tiempo que dejé de verte
Y ahora tu mundo se describe con sonidos
Porque me duele ver tu imagen… porque
Temo volver a enamorarme de tu imposible

Allá hay un hombre anciano
Que mira con nostalgia desde su banco
Un conjunto de dos estatuas enamoradas
Que se dicen cosas de esas tan de literatura
Su mirada no parece afectada por lo que ve
Y por lo que le recuerda…
Tal vez fueron
Tantos días en ese banco mirando lo mismo
Lo que quizá le haga ver solo dos estatuas
Y nada más…

Read more...

BEARN O LA SALA DE LAS MUÑECAS

>> miércoles, 18 de abril de 2012




Si hay una película española que pueda recordarnos a la de “El gatopardo” de Visconti, esa es “Bearn o la sala de las muñecas”. Basada en una de las novelas más famosas de la literatura catalana, “Bearn” nos habla del final de una era. La era de la aristocracia del diecinueve. La saga de los Bearn, matrimonio mallorquín de primos hermanos y descendientes de Jaime I, llega a su ocaso. Un mundo arcaico que habla de morir antes de mezclar diferentes sangres para su descendencia (los Bearn se encuentran incapacitados biológicamente para tener hijos). Un mundo de hombres con privilegios sociales que solo saben mirar a un pasado ya inexistente y que esperan el progreso natural para extinguirse. El autor de la novela, Lorenzo Villalonga, perteneció a esta clase social siendo de ello consciente. A diferencia de otros, Villalonga no vivía su existencia encerrado al mundo exterior. Era consciente de que su “raza” tenía los días contados. Por ello, nos presenta un relato plagado de todos estos pros y contras, aderezándolo con toques de humor y de incomparable belleza literaria. “Bearn” es la historia de un mundo antiguo pero a la vez hermoso a su manera. Casi de película. Aquella pareja de viejos terratenientes es testigo de un momento convulso en la historia de la Historia. El advenimiento de la Primera República, la rebeldía de la clase social trabajadora…
Todo esto lo miran con la tranquilidad de dos niños pequeños. La historia que ellos viven en común se encuentra plagada de trampas, engaños, secretos… Y, a pesar de esto, se quieren y desean pasar juntos sus últimos días de existencia.
La historia tendrá como narrador-testigo a Juan Mayol, un joven sacerdote que será criado por los Bearn y tendrá que hacerse cargo del testamento a la muerte de estos. Él descubrirá la historia de los escarceos amorosos de don Antonio de Bearn en París con su propia sobrina y sus relaciones con la masonería… Él comenzará a sospechar que puede ser el hijo ilegítimo de este…
El derrocamiento del Antiguo Régimen también se vive en las páginas de la novela italiana de Lampedusa. Incluso podemos encontrar más parecidos: las dos historias se desarrollan en una isla, dentro de un ambiente rural. Se sabe que Villalonga tradujo El Gatopardo al catalán, aunque años después de haber escrito “Bearn”.
En el film de Jaime Chávarri (con el que pasó de hacer un cine de autor a un cine industrial o comercial), hay un cuidado a la hora de tratar la ambientación histórica que evidentemente nos lleva a pensar en la adaptación cinematográfica de “El gatopardo”. Para ello, contó con la colaboración de Gil Parrondo en decoración e Yvonne Blake en vestuario. Los dos, curiosamente, recibieron sendas estatuillas Óscar por su participación en el film “Nicolás y Alejandra” (además, Parrondo volvió a ganarlo por “Patton”). La cuidadosa selección de la música nos lleva a partituras de Mozart, por ejemplo. No obstante, a pesar de resultar en su mayoría eminentemente clásica, la banda sonora recayó bajo la responsabilidad del compositor contemporáneo Francisco Guerrero. El guión fue redactado por Lola Salvador, conocida también por otros trabajos cinematográficos de la talla de “El crimen de Cuenca” o “Las bicicletas son para el verano”. En cuanto a los actores cabe destacar a Fernando Rey (siempre admirable), a Amparo Soler Leal (una de sus mejores interpretaciones), Ángela Molina (en su máximo esplendor), Imanol Arias (que ya había intervenido en películas como “Laberinto de pasiones”) o Alfredo Mayo.
“Bearn o la sala de las muñecas” fue una película producida por Alfredo Matas en el año 1982.

Read more...

LA NUEVA VIDA DE NORMAN

>> martes, 17 de abril de 2012

En la sala de montaje, una pequeña cabina en un edificio destartalado del centro de la ciudad, trabajaba Norman. En pantalla aparecían los fotogramas, corriendo a toda velocidad convertidos en imágenes en movimiento. ¡Magia! Quienes allí aparecían habían sufrido un meticuloso proceso de conversión que podía definirse en tres golpes transformadores: amigos-actores-personajes. Ahora, aunque en el celuloide nada hubiese cambiado manteniéndose inmutable, en la realidad las cosas ya no eran como antes. Volviendo en sentido inverso el proceso (personajes-actores-amigos) la realidad se había impuesto y aquellos seres habían continuado con sus vidas fuera del cine. Norman ya solo los conservaba en su película todavía sin montar. No quería comenzar a trabajar todavía en una película definitiva porque sabía que, una vez acabado el proceso, todas aquellos “seres” habrían desaparecido definitivamente de su vida. Ya los había perdido en la realidad y no quería acabar con ellos en la ficción. Por esto, prolongaba artificialmente el proceso y se contentaba con ver la película en bruto una y otra vez, regodeándose en el pasado. Algunos de los que allí figuraban habían muerto, otros sinceramente habían desaparecido. Llevaba veinte años a vueltas con aquellas imágenes inéditas. La sala se había llenado del humo de cigarro desde el primer día en el que había comenzado a “trabajar” en ella. Era una atmósfera perfecta, un clima idóneo para él. Como cuando uno teme salir del baño después de haberse duchado porque no quiere que el vapor del agua caliente se escape por la puerta. Como un cabello no del todo acometido por el secador que teme encontrarse con el frío de la calle en invierno. Algo así.
Norman tuvo una vez un sueño: en él se encontraba con su padre, muerto hace años. Mantenía una conversación con él con total normalidad, pasando por alto su defunción. El padre, en un momento concreto de la charla, le preguntaba por Melisa… Melisa acababa de dejarle y él todavía no había pasado página. Al despertar pensó: “Ya perdí a alguien a quien quería, mi padre. No estoy dispuesto a perder a una persona más.” Sin Melisa su rumbo se había desorientado. Ahora, sin sus amigos, no se atrevía a dar un solo paso más hacia delante.
La puerta de la cabina se abrió y alguien entró sin avisar. Alguien que conocía todo esto. Alguien que ordenó que amordazaran a Norman mientras se colocaba frente a la mesa de montaje, cogía la película y la prendía fuego. Durante unos instantes una luz de incendio sorprendió a los ojos de Norman, incapaces de cerrarse.
“Te dije más de una vez que trabajases con formatos digitales, pero no me hiciste ni caso. Tú siempre aferrado al antiguo aprendizaje, defendiendo que eras demasiado mayor como para aprender cosas nuevas. ¿Ahora no lo lamentas?”
Norman no podía ver la cara de aquel hombre. Podía estar soñando, no lo sabía. Estaba ya harto de confundir la ficción con la realidad.
“Norman, Norman. ¡Qué nombre más absurdo! Como el de Melisa… ¡Pareces de otro mundo! Por cierto: ¿Sabes que el cielo se aproxima a la Tierra? Cada vez está más cerca y acabará por aplastarnos…”
A Norman le resultaba imposible zafarse de aquellos dos fornidos tipos que le sujetaban con fuerza.
“Bueno, me marcho. ¡Y deja ya el cine porque hace tiempo que él te abandonó a ti! Por cierto: voy a hacer que entre un poco de aire aquí… Esta atmósfera resulta irrespirable… ¡hasta el fumar ha pasado de moda, querido Norman!”
No podía ser verdad. ¿O sí? Por fin su monótona existencia había sufrido un cambio. ¿Traumático? Según como se mire.
Cuando todo volvió a quedar en silencio, Norman salió de allí como si nada hubiese sucedido.

Read more...

Y, SIN EMBARGO, LLORÓ

>> sábado, 14 de abril de 2012

Todo era oscuridad. Bien se lo advirtieron inmediatamente después de conocer que tenía intención de ingresar en la orden: “Tendrás un camino duro y penoso que recorrer para lograr conseguir lo que pretendes”. A él no le importaba. Decía que de niño había sentido la “llamada divina”, nada más y nada menos. Ahora, tenía la oportunidad de aprovechar esa virtud que Dios le había dado. Ahora se encontraba encerrado entre cuarto paredes dispuesto a pasar una noche muy larga. Solo por primera vez desde hacía mucho tiempo. Sabía que de ahora en adelante solo se tendría a sí mismo. Solo con su propia compañía. Pero en realidad no estaba solo. Dios velaba por él, lo sentía dentro. Con él pasaría felizmente la prueba. Aquellos de los que ahora dependía le habían dicho que tenía que velar el cuerpo incorrupto de un hombre santo. Dicho cuerpo estaba en la misma habitación en la que él se encontraba, un sótano frío cuyas dimensiones resultaban imposibles de adivinar en la negrura de la oscuridad. Si superaba aquella noche, entraría a formar parte de la congregación.
La primera media hora la pasó sin ningún incidente. Tan solo con pesar en cosas bellas había logrado vencer el miedo. Pensó en campos con flores de todos los colores, en la brisa y el color de una tarde de domingo. En el calor del sol conservado por las paredes blancas de las casas del pueblo. En la música de los pájaros. Un anciano que sonreía feliz sentado en un banco, sintiéndose con el deber cumplido tras sesenta años de vida trabajando honradamente para mantener a su familia. En un niño que chillaba lleno de alborozo mientras correteaba de aquí a allá vigilado por la atenta mirada de su madre.
Fue a partir de media noche cuando deseó el silencio que antes temía porque le faltaba. Una serie de ruidos extraños comenzaron a sonar, primero inapreciables, luego generosos. Eran ruidos que recordaban los de alguien que necesitaba respirar porque apenas se lo permitían sus pulmones. Alguien que se ahogaba. Sonidos imposibles de reproducir. Luego, maderas que crujían y pisadas de pies que se dejan arrastrar. Por último, ruidos metálicos. Como de cadenas. El joven escuchó pacientemente cada uno de estos sonidos, tratando de mantener fijadas las imágenes agradables antes imaginadas. Imposible. Ahora surgían todos aquellos monstruos que, desde niño, había imaginado en la soledad de su cama, cuando los mayores se habían ido ya a dormir. Cuando ya no eran de este mundo porque se habían dormido. Cuando solo él estaba despierto en su casa. Reptiles con cabezas humanas que se arrastraban bajo su cama. Criminales que trataban de escalar la pared de la fachada para llegar hasta su ventana desde la calle. Pájaros con capacidad para hablar y atravesar paredes, que picoteaban a sus víctimas hasta matarlas. Todo esto dejaba existir en la realidad. Su realidad. Todos esos monstruos se quedaban pequeños en comparación con la imagen de un hombre santo pero que se dedicaba a volver a la vida para atormentar a personas que aspiraban a ser tan buenas como él lo había sido. Decidió habla para vencer el miedo. Se dirigió directamente a él, estaba convencido de que lo que imaginaba era real. No temía que aquel a quien preguntaba le contestase y se dirigiese a él arrastrando su cuerpo difunto.
Tan preocupado estaba pensando en sus mágicos conjuros que no escuchó el único de los sonidos importantes: el de unas risas. Risas por lo bajo de dos hombres que ya habían pasado antes por todo eso, que lo habían sufrido en sus propias carnes. Ahora eran ellos quienes tenían que hacer de hombre santo resucitado. Era importante mantenerlo vivo haciendo creer a los nuevos religiosos en el miedo de lo sobrenatural. A tenerle respeto. Durante toda la noche se irían turnando para mantener despierto al joven. Este pensaba en la supuesta bondad de quien ahora volvía del mundo de los muertos para atemorizarle. Aunque tal vez no fuese esa la palabra más indicada. “atemorizar”. Tal vez tan solo eran manifestaciones sobrenaturales. Debía ser normal que los espíritus causasen inquietud a los mortales de este mundo. O quizá no. La Virgen María seguro que, de presentarse milagrosamente, causaría tranquilidad y felicidad a quien tuviese la oportunidad de verla. El mismo Jesucristo. Estas apariciones, al contario, resultarían bellas. Las almas buenas no tenían por qué amedrentar a quien creía en ellas. Refulgirían de luminosidad y…. ¿Por qué esta aparición no era luminosa? ¿Por qué se movía entre tinieblas como lo podría hacer un insecto o una serpiente? No podía ser, por tanto, cosa de un ser santo. A esta conclusión llegó el joven mientras dejaba escapar unas lágrimas de sus ojos.

Read more...

LA CARTA

Recibió la carta al mediodía. Al parecer, la familia se había encargado de que el mensaje llegase a todas las personas con las que él había tenido un trato estrecho. El mensaje era breve y claro. El profesor Medina había fallecido a sus ochenta y cinco años tras unos años de deterioro físico. La noticia salió además en los periódicos acompañada de algunas fotografías que mostraban al fallecido en sus últimos días de vida en un estado lamentable. Era tiempo de reflexión para Bautista. Dejó la carta sobre la mesa de su despacho y se quedó por unos momentos como embebido, abstraído de la realidad. Surgió en su cabeza el siguiente pensamiento: “Me hubiera gustado no enterarme de esto”. La cosa estaba clara para Bautista. Todos tenemos que morir en algún momento, pero sería mejor no enterarnos ni de nuestra muerte ni de la de los demás. Uno podía dejar este mundo por la noche, mientras el sueño somete al individuo a un estado de inconsciencia. Esta sería la muerte más dulce. Muerte al estilo Frank Sinatra. Uno podía no enterarse de la muerte de las personas queridas. Bautista confiaba en no enterarse nunca de la muerte de quien fue su amigo en el pasado. Un día se fue del país sin avisar a nadie. Había encontrado trabajo de profesor en el extranjero. No importaba donde. Al parecer no se despidió de nadie. No quería que aquello fuese un trauma para nadie. Pero lo fue. Al menos para Bautista. En un principio no comprendió la acción de su amigo, la encontraba enormemente injusta. Los dos eran profesores por entonces pero se habían conocido en el pasado estudiando filología. Poco a poco, fue entendiendo el por qué de la forma de actuar de su amigo. Todo encajaba. Odiaba todo lo sentimental, en su vida no entraba la emoción. Medina había sido un hombre que había sufrido mucho y esto le había hecho fuerte y duro. Bautista se dijo a sí mismo: “Más vale quedarse con esta imagen feliz de lo que fue nuestra amistad, mantenerla fija e inmutable por el resto de sus días. Así, el amigo se convertía en eterno, en inmortal. Con lo que no contaba era con la fama que iba a adquirir su amigo con los años. Una fama tardía, ya en el crepúsculo de su vida. Ahora no solo tenía que leer su necrológica sino ver su cuerpo débil, sustentado por una silla de ruedas. “No es justo” pensó. Este último pensamiento le resultaba dicho como por un niño que no quiere admitir la realidad. Los dos tenían casi la misma edad pero él se había mantenido con buena salud, con un vigor extraordinario teniendo la edad que tenía. Bautista, continuando con sus pensamientos ilógicos, se sintió con esta infausta noticia doblemente traicionado por su amigo. Bautista se sentía un hombre maltratado en general por la propia vida. Siempre había tratado de hacer las cosas bien. Pensaba que así nada podía salir mal. No obstante, aunque él no hubiese tenido la culpa de sus infortunios, lo cierto es que no había dejado de tener malas experiencias en su conocimiento del mundo. Él era un hombre profundamente dependiente, necesitado de los demás. Ahora estaba solo. Siempre lo había estado, aunque en algunas etapas de su vida se hubiese creído ilusoriamente acompañado. Había tenido pareja y esa pareja le había dado descendencia. Ahora ni la pareja ni los hijos estaban ya. “¿Cómo podía ser esto?” se preguntaba. Cuestión de monotonía, de aburrimiento. Siempre acababa quedándose pequeño para los demás. Era un hombre sencillo que había tenido la mala costumbre de rodearse de gente complicada. Tal vez no había sabido elegir bien. Esto nunca lo sabría. Todo se le había escapado como agua entre los dedos. Sentía la soledad del individuo, ahora más que nunca. “Siempre estamos solos, esta es la única verdad de todas”. Entonces Bautista supo que, como ser infeliz dentro un mundo de pobres infelices, lo único que realmente había tenido siempre era su capacidad para soñar.

Read more...

El árbol

>> domingo, 8 de abril de 2012

Read more...

¿QUÉ PUEDO HACER CON LA POESÍA?

¿Y qué puedo ofrecer yo
Al futuro de la poesía?
¿Debo de romper sus cánones
No respetando su historia
Para así darle una continuidad,
Un futuro, hipotética vida?

¿Qué me enseñan los libros?
¿Debería desencuadernarlos?
¿Debería eliminar las grapas
Y el entramado de hilos
Para convertir páginas en hojas
Y textos en verdaderos cantos?

¿Debería romper con las estrofas
Y con los versos? ¿Debería romper
Con la cuenta de la vieja?
¿Destruir las sílabas? ¿El tiempo?
¿La entonación? ¿La prosa?

¿Y qué puedo hacer yo
Por los que cantan hablando,
Por los que se comunican?
¿Qué debería decir un servidor
Ante todo este marasmo heredado,
Ante esa inexpugnable jungla?


Comencé a tocar el violín con cuatro años
¿Qué debo hacer con la música?
¿Qué debo hacer con todos esos cuentos
Que antecedieron a las novelas
que iba a escribir y que no han llegado nunca… todavía?
¿Qué pasará con todo esos cuadros
Que aún no sé pintar bien, que son solo lienzos manchados?
¿Qué pasará con esos pegotes que quieren ser pintura?
Comencé a creer vivir
A forjarle un final a mi vida
Antes de que supiera a qué iba a dedicarme
¿Qué pasará si todos mis planes futuros
Se convierten en abstracción pura?
¿Qué pasará? ¿Qué puedo hacer yo por mi?
¿Qué me queda por hacer o por no hacer?


Extraño soliloquio
¡Si a mí mismo me pregunto
Y soy como hablarle a una pared
No entiendo cómo sigo preguntando…!
Tal vez necesite estar distraído.
… No soporto quedarme callado.
Ahora no quiero al silencio.
Necesito compañía, mi propia compañía
Y así, me pondré a escribir
Que es como hablar pero sin gastar saliva

Seguir pensando
Aunque no tenga ya sentido
Practicar el viejo oficio
El único, de todos, seguro
Repasar metódicamente un ejercicio
Los pasos a seguir.
Algún día todo esto me servirá
Por eso lo hago… y por no estar solo
Por no quedarme callado
Por todas estas cosas me pregunto
Aprendo cada día más preguntando

Es de noche
Y siguen las teclas sonando… sonando que sueñan

Read more...

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP