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EL DELATOR (THE INFORMER)

>> jueves, 19 de abril de 2012




“My name is John Ford. I make westerns”. Así se definía Sean Aloysius O´Fearna, como verdaderamente se llamaba. Sin John Ford el cine del oeste no habría sido lo mismo. Él inventó una forma de narrar, un lenguaje cinematográfico único. Hombre de maneras secas y duras, como las de sus personajes, Ford también imprimía a sus cintas un indudable carácter ideológico. Hombre tremendamente conservador, defendía a capa y espada su propia postura. En cuanto a la temática, hizo distintas películas alejadas del género del western, pero inclusos estas conservaban un aire inconfundible a dicho género. Títulos como “El hombre tranquilo” o “La taberna del irlandés” nos presentan situaciones bien parecidas. Hay un tratamiento de la violencia como algo que acaba volviéndose corriente en el ser humano. Parece lo más natural. Ford era un hombre de acción, no le gustaba andarse con chiquitas. En el film que nos ocupa, “El delator”, encontramos todo lo referido anteriormente resumido en los siguientes puntos: la presentación de un ambiente hostil (nos encontramos en 1922) en el que se desenvuelven unos personajes y que concentra, por un lado, la rebeldía de un grupo de hombres pertenecientes al Ejercito de Liberación Irlandés y, por otra, la fuerza amparada en la ley que actúa contra ellos. Entre estos dos grupos, el personaje principal, Gypo. Aquí tenemos a los indios y a los vaqueros y al traidor, al Judas. Ford, de ascendencia irlandesa, defiende en esta película una postura ideológica ante la que se mostraba sensible. La idea del “Judas traidor” nos remite directamente a una religión, a una creencia también defendida por Ford. Presentación, por tanto, de dos valores: la creencia en un Dios sobre el que se sustenta una Justicia Universal, y la traición llevada a cabo por parte de una oveja negra perteneciente a un grupo que defiende un ideal y que será castigada. Gypo Nolan delata a un compañero de partido por un montón de monedas. Ese compañero, de nombre Frankie McPhillip, se erige como “Mesías que se sacrifica por una causa” (en este caso, política). Gypo representa la fuerza física, Frankie la intelectual.

En su época, el film de Ford ocupó uno de los primeros puestos de la lista de las mejores películas de la historia del cine. El advenimiento del cine sonoro estaba todavía reciente y John Ford aprovecha lo aprendido en su etapa muda para crear una estética casi expresionista. Con las menos palabras posibles, era capaz de transmitir ideas de forma sencilla y de forma eficaz. Su forma de entender las imágenes nos habla de arte, aunque el propio autor nunca se refiera a esto. Como él mismo dijo en una ocasión, le gustaba hacer películas pero no hablar de ellas.

La música de Max Steiner apoya las imágenes de forma evidente y ayuda a la expresión de las imágenes, como bien dice Michel Chion en su libro “Audiovisión”. A destacar la interpretación de Victor MacLagen en su papel de Gypo. “El delator” pertenece a ese grupo de filmes no westerns que, sin necesidad de desiertos, fuertes y caballos (aunque sí tabernas) logra un lenguaje épico calcado al anterior.



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