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TATUAJE

>> jueves, 31 de mayo de 2012

Érase una vez un rey en su lecho de muerte.
¡Terrible forma de comenzar un cuento!
¿Será que quizá no es un cuento?
¿Y qué será entonces?
Un hecho histórico, a lo mejor.

Un monarca que fundó una dinastía que todavía hoy se perpetúa.
Un rey que consiguió que en sus tierras hubiese paz y prosperidad.
Hace doscientos años…
El rey se muere.
¿Dónde?
En Suecia, donde fue amo y señor gracias a las gracias de quienes hicieron posible su subida al trono.
El rey es despojado de sus riquezas y su cuerpo yace desnudo en horizontalidad mortuoria.
¡Mirad! ¡Ahí!
¿Dónde?
En su cuerpo… ¡Hay algo!
¡Un tatuaje!
Hay algo escrito en él…
En lengua francesa…
¿Qué dice?
Dice… ¡Dice “Muerte a los reyes”!
¡Dios mío!
Hay que tratar de esconder esta infamia… No debe salir a la luz.

Sin duda, aquella inscripción sobre la epidermis solo podía pertenecer a tiempos lejanos.
Esta anécdota corrobora que todos tenemos un pasado.
Allá cuando el rey fue militar en la Francia de la Revolución Francesa.
Cuando Carlos XIV Juan se llamaba en realidad Jean-Baptiste Bernadotte.

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