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FICCIONAR Y MENTIR. RECURSOS EN EL CINE DE NO FICCIÓN

>> domingo, 6 de mayo de 2012





Bajo este título se impartió el pasado viernes 4 de mayo en el Centro de Arte Complutense un taller bien interesante a cargo de Helena Grande y Javier Ramírez. A día de hoy me sigue sorprendiendo (cuando no desmoralizando) el poco seguimiento que este tipo de actividades tienen dentro del marco universitario. A la charla acudimos unos pocos y, en parte, amigos de quienes oficiaron la ceremonia.
En cosa de tres horas bien aprovechadas Javier y Helena realizaron un recorrido exhaustivo y bien completo de la historia del documental como formato “creador y creativo”. Más allá del ejercicio clásico de reportaje, lo que interesaba en el planteamiento teórico del taller era trabajar sobre el elemento manipulador que podía ejercerse sobre el propio formato.
El motivo por el que escribo estas líneas no es otro que el de realizar un resumen de aquello que me fue contado aquella tarde, uniéndolo a la opinión personal que yo mismo tengo de aquellas piezas que se presentaron en el taller.

“The Swiss Spaguetti Harvest” fue un falso documental realizado por Charles de Jaeger para BBC News en 1957. En él se mostraba una región de los alpes suizos en la que los habitantes del lugar habían plantado “árboles de spaghetti”. Al día siguiente, muchos curiosos aparecieron en el lugar donde se había realizado la película para interesarse por aquellos “árboles de spaghetti”.
Indudablemente no podemos evitar recordar la polémica suscitada tras la difusión radiofónica de “La guerra de los mundos” por parte de Orson Welles. En este caso, nada había de engaño, pues los que hubiesen leído la novela habrían caído en la cuenta de que lo que se estaba haciendo era “simplemente” transmitir a los oyentes una obra literaria.
No dejamos a Orson Wells porque la siguiente pieza presentada fue su film “Fraude” (“F For Fake”). Cuando en 1973 la carrera cinematográfica de ficción de Wells estaba más que finiquitada, el maestro supo reciclarse ocurriéndosele construir una especie de documental que tratase sobre el fraude. ¿Y cómo hacerlo? Pues de un modo bien inteligente: hablando de algo utilizando su misma herramienta. Durante la última parte del film, el espectador asiste a una gran mentira. Se nos presenta a un falsificador de obras de arte que nunca existió, Elmyr de Hory. Este hombre, según Wells, había sido el responsable de gran parte de las obras de grandes autores que los museos albergaban en el mundo. Él se había hecho pasar por Rembrandt, Cezanne, Picasso… Y nadie se había dado cuenta. Por supuesto, el propósito del film no es otro que el de plantear una gran reflexión acerca de todo esto… eso sí, con grandes gotas de ironía wellsiana.
“Opération Lune” es un film de 2002 de William Karel donde se decide aprovechar una polémica que ha llegado hasta nuestros días: “¿Llegó o no llegó el hombre a la Luna?”
Hay muchos que piensan que todo fue una ficción, que aquellas imágenes se grabaron en un plató. Pues bien, Karel no duda en meter en el embrollo hasta a Stanley Kubrick como el responsable de la filmación de aquella mentira. En el documental participan testimonios verídicos (la señora de Kubrick, Jan Harlan, autoridades políticas) y se aportan pruebas ciertas para disfrazar al discurso de verosimilitud. No obstante, hay otra serie de datos evidentemente falsos pero que pueden pasar desapercibidos para un público que no esté correctamente informado. ¿El resultado? Una gran tomadura de pelo, como lo de Wells. En los dos casos, se descubre el pastel finalmente, como si los responsables sintieran una cierta responsabilidad que les obligase a aclarar el engaño. Pero ¿qué ocurriría si la verdad no se destapase?


“Zelig”, obra de Woody Allen allá por 1983, es un claro falso documental. El protagonista es él mismo y junto a él aparecen otras caras conocidas como Mia Farrow. Allen nos cuenta la historia de un tipo apodado “Zelig” que poseía la capacidad de adaptar el rostro de aquello que le viniera en gana, de metamorfosearse increíblemente. Su historia, apoyada con testimonios fotográficos, periodísticos, etc. sucedió a principios de s. XX. Es este contexto lo que le da verosimilitud a su discurso.
"Alive in Joburg” es un cortometraje realizado por Neill Blomkamp en 2006 cuya repercusión llevó a una adaptación cinematográfica con el título “Distrito 9” (apadrinada por Peter Jackson) cuyo resultado dejaba bastante que desear respecto a la idea original. Esta consiste en la llegada de los extraterrestres a la Tierra y su posterior acondicionamiento en el lugar acabando viviendo casi como indigentes entre basura.
“Catfish” de Henri Joost y Ariel Schulman fue un documental de 2010 en el que los propios autores no quisieron reconocer si aquello era falso o no. La pregunta es si al espectador le importa verdaderamente esto o si le da igual. “Catfish” trata de los mundos de ficción construidos utilizando como herramienta las relaciones por Internet. Así, unos chicos entablan relación con una niña que pinta cuadros y los vende por este medio. Esta niña tiene una hermana mayor de la que se enamora uno de los del grupo, mientras que otro de ellos envía fotografías realizadas por él a la niña para que las convierta en obras de arte. Un día, los amigos deciden realizar una visita sorpresa a la casa donde vive aquella familia. Y aquí se descubre todo el pastel. La tal niña no es en realidad la autora de los cuadros y aquella chica de la que se enamora el chico es en realidad una modelo brasileña ajena a todo esto. La madre es la que se lo ha inventado todo, la que se ha creado una historia irreal.
Más allá de este documental del que se acabó admitiendo su ficción, aquella niña acabó, influida por todo esto, pintando de verdad. De aquí podemos extraer una curiosa conclusión, y es que la propia mentira a dado lugar a una realidad. La propia ficción se ha convertido, en parte, en cierta.
“Garbo el Espía”, de Edmon Roch (2009), fue el documental más caro hecho en aquel año en España. La historia de cómo el rumbo de la Segunda Guerra Mundial pudo cambiar en parte debido al espía español Joan Pujol, es contada con el apoyo en gran parte de imágenes bélicas cinematográficas. Es curioso cómo seguramente el imaginario que guardamos de este momento histórico lo hemos extraído de películas.
“I´m Still Here” de Casey Affleck (2010) resulta una de las propuestas planteadas más interesantes. Esta película fue la causante de que Joaquin Phoenix anunciase su retirada del mundo del cine para dedicarse por completo al mundo de la música. Quería ser rapero, decía. Pronto la noticia fue portada en multitud de noticiarios y llegó a ser motivo incluso de parodia. La cuestión es que la gente picó con el anzuelo y creyó dicha historia. Phoenix aceptó la propuesta aún a sabiendas de lo arriesgado de la elección. Llevar una vida ficticia durante trescientos sesenta y cinco días no debió ser cosa fácil e incluso es posible que le afectara personalmente. Desde luego fue su papel más complicado y lo atajó con muy buena nota.
“Sans Soleil” (1983) es casi un clásico del cine francés, concretamente del cine-ensayo. Dentro de la obra de Marker es quizá lo que mejor le define. Un ejemplo de cómo apropiarse de imágenes de todo tipo e hilarlas bajo un discurso, bajo una voz en off que estructura, que hace de esa amalgama un bloque sólido gracias a su propiedad unificadora.


“Zoom” resulta un ejercicio bien interesante en el que, como en el caso anterior de Marker, el discurso de una voz narradora aporta coherencia a unas imágenes. A diferencia de Marker, León Siminiani se conforma con un solo video, con una sola grabación. Con el texto con el que las ilustra es capaz de extraer diversas conclusiones acerca de las mismas. Diferentes formas de verlas. Distintos puntos de vista que pueden cambiar el sentido con el que las vemos. Esto ya lo hizo Marker con sus “Cartas de Siberia”, mostrando unas imágenes repetidas varias veces con distintos discursos (y en este caso, la palabra “discurso” cobra más sentido)  acompañándolas, tergiversándolas, manipulándolas.
“Sweet and Lowdown” es un film de Woody Allen de 1999 en el que en todo momento se afirma su formato de ficción. Allen se inventa a un personaje de arriba abajo. Ray Emmet, un guitarrista casi a la altura de Django Reinhardt (tan admirado por el director) con música, apariencia y biografía propias. La película intercala la trama de ficción con entrevistas a diversas personas (entre ellas Allen) hablando de la ficticia figura del músico.
“La leyenda del tiempo”, de Isaki Lacuesta (2006) es un documental hecho a partir de un casting. Lacuesta buscaba a personas reales para su historia y para poder mostrarlas lo más verosímilmente posible necesitaba filmarlas en sus ambientes propios. Así, ni corto ni perezoso, se llevó la cámara a las localizaciones frecuentadas por sus actores biografiados y les grabó en su salsa. Una asiática que quiere aprender a cantar como Camarón y un gitanillo andaluz son los personajes clave del film.
“La pyramide humaine” (1961) es uno de los trabajos de Jean Rouch, considerado el documentalista francés por excelencia. Rouch pone como pretexto la filmación de una película donde se trate la cuestión del racismo en Francia para buscar a una serie de actores que la interpreten. Las personas elegidas serán en realidad víctimas de un experimento sociológico llevado a cabo por Rouch. Las relaciones que nacen en la realidad entre los actores (de raza blanca y negra) son el verdadero motivo por el que Rouch decide afrontar el proyecto, demostrando que la cuestión racial entre los jóvenes ha dejado de ser un problema. No puedo por menos recordar otra justificación cinematográfica casi diez años más joven: En 1972 Pier Paolo Pasolini realiza un viaje a África para buscar a los actores de la que será su siguiente película. La intención del italiano es realizar una adaptación de “La Orestiada” llevándola al momento político actual africano. Finalmente, el film nunca llegó a realizarse pero quedaron como testimonio las imágenes realizadas por Pasolini en dicho viaje. Con ellas, realizó un documental que llevó por título “Appunti per un'Orestiade africana”. Los trabajos de Pasolini siempre resultan interesantes, a pesar de que su mirada crítica haya quedado un tanto anticuada con el paso de los años. Las cosas en el mundo han cambiado bastante pero sin duda los problemas principales y más básicos continúan siendo los mismos. Su mismo posicionamiento le llevó siempre a preferir los actores no profesionales a la hora de realizar una película. Estos acaban resultando personajes que recuerdan a los de los cuadros de Piero de la Francesca o Giotto. La falta de conocimiento interpretativo los convierte en figuras hieráticas, como esculpidas en un bloque de madera rígido y primitivo.

Podemos decir que aquello que une a todos estos trabajos es la palabra. Con ella se construye un discurso, con ella se puede “hablar de algo”. Con un discurso estructurado se puede convencer, engatusar, engañar, justificar, distraer y sobre todo interesar. Javier Ramírez y Helena Grande llevan demostrándolo dos años consecutivos con los ciclos de cine-ensayo propuestos en la Facultad de Bellas Artes de la Complutense. Porque, si algo se echa en falta últimamente en los tiempos que corren, es esa necesidad de la palabra como herramienta para pensar- y lo que es más importante: reflexionar.


          Acompañado de amigos durante una de las jornadas de "Geografías Humanas" de cine-ensayo

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