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"EL GUERNICA COMO UNA HISTORIA DE AMOR". Dedicado a Victor López

>> lunes, 11 de junio de 2012




Hay quien se va a pasar la tarde al cine o al campo. En mi caso, el sábado pasado pasé la tarde con unos amigos en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Me ha costado aprenderme de corrido el significado de su acrónimo M.N.C.A.R.S. Antes, por ignorancia, denominaba simplemente al museo como el Reina Sofía. Ahora, cuando no tengo que escribir, también, aunque solo sea por pereza. No nos engañemos, fuera de la letra muerta oficial (en la cual hay que dar ejemplo como escritor que se permite el hablar a los demás) todo el mundo lo llama así.
Al pasar por el Guernica, Víctor (que me honra con su amistad) nos dijo que en aquel cuadro lo que él veía era una historia de amor y no una de guerra. Yo no pude evitar sonreír. Soy de los que piensa, como Víctor, que este cuadro ha sido, es y será cruelmente acribillado con propaganda política. El Guernica ha sido mitificado en exceso, se ha convertido en un emblema antibelicista. El museo es consciente y se nutre de esto mismo. Y es que, sin dicho lienzo, el Reina Sofia podría recibir la estocada de muerte. Su colección es muy variada, muy “internacional” y contemporánea, pero lo cierto es que en su haber no posee obras tan relevantes como esta. El museo cuenta en su haber con nombres de artistas reputados, pero no con obras importantes. Al Guernica lo han hecho importante, lo han enriquecido con teorías que incluso al propio Picasso se le escapaban. Él mismo dijo que, de haber querido contar algo con esta obra, habría escrito un libro. Así nos lo contaba Víctor:

“El simbolismo de los distintos elementos del cuadro ha dado pie a cientos y cientos de páginas; ningún historiador se pone de acuerdo. Esto se debe, en parte, a que Picasso nunca lo explicó”.

La historia del Guernica y la de Picasso se encuentran llenas de contradicciones.
A Pablo Ruiz se le considera un artista español, pero lo cierto es que desde 1908 se afincó en Francia y nunca regresó a su país natal. Durante la República se le nombró director del Museo del Prado pero nunca ejerció como tal. Cuando por parte del gobierno se le encargó la realización de “el Guernica”, él ya había comenzado a pintar el lienzo. Decidió aprovecharlo y esto se hace evidente si nos ponemos a contemplarlo detenidamente: Para empezar, el Guernica podría hablarnos de cualquier cosa. Lo que allí se representa bien podía ser, por ejemplo, un incendio. No obstante, la escena se encuentra salpicada de algunos elementos que nos aluden a la guerra, como el puñal, la mujer gritando o aquella otra mujer con el niño en brazos.

“En la mano del soldado muerto en la parte inferior podemos ver una flor y una espada rota, quizás sea una alusión a las guerras pasadas, otro tipo de guerras, donde la población civil no era objetivo militar.”
 
Nos dicen que allí se recrea el bombardeo de Guernica, por eso lo sabemos. El título es bien importante para situar una obra en su contexto. También lo sabemos en el contexto en el que fue pintado. Una guerra civil. Un encargo. Esto, según Víctor, ponía en muy mala situación la posición política de Picasso, a diferencia de otros artistas del momento, como Miró, que trabajaron gratuitamente en pos de la causa. Por otro lado, Picasso se afilia al partido comunista muy tardíamente, cuando este se encuentra ya en horas bajas. En los años cincuenta comenzaban a atisbarse ejemplos claros de que dicha posición política, tal y como era defendida, se encontraba llena de goteras. De esta época son sus cuadros de denuncia, su visión pacifista del mundo (sus famosas palomas). El malagueño decidió significarse tan concretamente por influencia de una de sus amantes.
Como bon vivant, Picasso conocía a la perfección los placeres de la vida. La figura de la mujer estuvo presente en cada momento de su existencia, en cada etapa de su estilo. Su fama de conquistador iba a la par con su figura de hombre viril que bien se preocupó por trabajar como tarjeta de visita. Cuentan que, durante el rodaje del documental de Henri Georges Clouzot “El misterio de Picasso”, el pintor cayó desfallecido tras horas y horas de continuada filmación. Picasso había atravesado ya la barrera de los setenta años, pero aún así se sorprendía que hubiese menguado su fortaleza física. Picasso quiso ser siempre ese toro que repetía una y otra vez en sus lienzos.
El número de mujeres que conoció se iguala casi con el de aquellas a las que dejó en un estado psicológico deplorable. Picasso era una máquina de pasión y de destrucción a partes iguales. Así también, las otras personas que le rodearon corrieron parecida suerte.
Víctor defiende la figura de Picasso como la de una persona con una psicología poliédrica. 

“La personalidad del genio las consumía y, cuando ya no quedaba nada, las rechazaba. A lo largo de sus casi cien años mantuvo infinidad de relaciones amorosas, pero la mayoría de sus mujeres y sus hijos acabaron suicidándose, alcohólicos, o locos.
Por otro lado, Picasso era una persona complemente pasional, él necesitaba pintar para vivir, como nosotros necesitamos respirar. Necesitaba expresarse artísticamente, pintando todo aquello que le rodeaba, todo aquello que le pintaba. Hay otros pintores que resultan más fríos, que pueden abstraerse de su vida personal en la pintura, Picasso nunca fue uno de esos. Seguramente, sus mujeres se enterasen de sus múltiples infidelidades cuando cambiaba la modelo de sus cuadros.”

Y aquí es donde entra en escena la visión de mi amigo sobre el Guernica como un cuadro que nos habla de la historia de amor de Picasso:

“En ese momento se encontraba casado con la bailarina rusa Olga Kokholva, de la que jamás conseguirá el divorcio a lo largo de toda su vida. Aunque en 1936 la relación ya había muerto, pero seguía habiendo convivencia entre ambos. Probablemente la relación que mantuvo con Marie Therese Walter en ese momento ya comenzaba a consumirse, si bien se encontraba embarazada de la segunda hija del pintor, Maya. Pero, además de esto, había una tercera mujer, la fotógrafa surrealista Dora Maar que, además, vivía en la misma calle en la que el pintor residía con la bailarina rusa. Es decir, el artista estaba viviendo un trío amoroso, que seguramente le produjese una presión increíble”.


La propia Dora realiza fotografías del proceso de realización del cuadro, ejecutado en un tiempo total de cinco semanas. Pudo ser precisamente la influencia del oficio de la que fue su pareja por entonces lo que le determinó a realizar el cuadro en blanco y negro. El historiador Juan Antonio Ramírez propone otra influencia, la del cine. Para él, El Guernica representaba el final apoteósico de una película en blanco y negro. No obstante, Picasso en un principio introdujo algunas manchas de color, como la de una gran gota de sangre en el lomo del caballo, luego eliminada.    

La siguiente pregunta seguro que nos la hemos formulado en más de una ocasión: ¿Qué nos interesa? ¿El artista o su obra? Seguramente, de conocer detalles biográficos acerca de aquellos a quienes admiramos por sus trabajos, aquella leyenda forjada por nosotros del “artista” comenzaría a tener esos pies de barro tan molestos para la idealización. Y es que, además de que pinten bien, querríamos también que sus vidas hubiesen sido ejemplares.
Pasadas por el tamiz picassiano, encontramos mujeres reales o inventadas, idealizadas, barrocas, cubistas o renacentistas. A pesar del afán de Picasso por encontrar nuevas maneras de mirar, había algunos temas que nunca cambiaban. De hecho, era precisamente con esa búsqueda dentro de la representación con lo que trataba de renovar esos temas tan eternos y tan presentes en su imaginario. Darles voz, buscar todos los ángulos posibles.
En el caso del Guernica, todo son mujeres, exceptuando las figuras animales, la del soldado muerto antes citado. Desconocemos el sexo de la figura del niño/niña muerto/muerta.

“Las cuatro mujeres de la obra representan distintas facetas del dolor. La mujer de nuestra izquierda, con el niño muerto en sus brazos, se ha convertido en un símbolo del desastre que supone cualquier guerra. A la derecha encontramos una mujer desnuda, la maternidad doliente, que mira sorprendida hacia el cielo. Picasso siempre dijo que a esta mujer el bombardeo le había sorprendido mientras estaba en el baño. Por encima de ella se asoma la cabeza de otra mujer, en forma de llama de fuego, que evoca un incendio. A la izquierda del todo tenemos otra figura femenina, que eleva sus brazos hacia el cielo, un cielo del que no viene la salvación de Dios, como en otras obras de arte, sino del que caen las bombas, la destrucción y la muerte”.

El caballo y el toro pueden representar autorretratos del pintor. Esto nos remite a la imagen de Picasso como animal lleno de energía y fuerza. Su pasión por la tauromaquia, la reminiscencia del minotauro, de los faunos…

Víctor continuaba explicándonos:

“A lo largo de su vida sólo hizo dos declaraciones en torno a la iconografía del cuadro. Cuando se expuso en el pabellón de la Exposición Internacional de París, dijo que el caballo era el pueblo español, oprimido ante la barbarie fascista, y que el toro, animal fuerte y robusto, era el símbolo del franquismo. Sin embargo, cuando el cuadro, años más tarde llegó al MoMa de Nueva York, dijo lo contrario, que el toro era el símbolo del pueblo español que resistía al franquismo, y que el caballo era el símbolo del dictador”.   

Por último, mencionar el sol con una bombilla en su interior como otro de los elementos más significativos de la obra. En la España de los años treinta, la electricidad resultaba un elemento novedoso. A pesar de inventarse en el siglo XIX, llegó tardíamente a la península ibérica.
En lo que respecta a su simbología, se la ha relacionado con la decepción generalizada que se sintió por la tecnología al final de la Gran Guerra, cuando se demostró que la tecnología no siempre estaba ligada al progreso, que la tecnología no era algo neutral, que la tecnología puede causar la muerte y el sufrimiento de millones de personas.
En contraposición con esto nos encontramos un brazo, que se asoma de la ventana, y que soporta un candil, quizás, la luz de la esperanza.

El Guernica, siempre enigmático, siempre abierto a todo tipo de hipótesis. Motivo de disputas e intereses. Picasso expresó su deseo de que el cuadro fuera devuelto a España cuando fuese un país democrático. Tras ser expuesto en el Pabellón Español con motivo de la Exposición Internacional de París en 1937 (motivo por el que fue pintado), el cuadro acabó en el MoMa. Solo en 1981 llegó a España y fue expuesto en el casón del Buen Retiro. Un momento histórico fue cuando La Pasionaria y Manuel Fraga, las dos españas, decidieron posar junto a él. 
A partir de ese momento, todos reclamaron el cuadro: en Cataluña, se reclamó desde el Museo Picasso, en Málaga por ser lugar de nacimiento del artista, el país Vasco para el Guggenheim y, recientemente, el Museo del Prado.
Hace poco, aparecieron cinco cuadros del artista español Luis Quintanilla que, en cierto modo, podrían representar otro Guernica. El pintor realizó por petición del Gobierno de la República cinco cuadros bajo el motivo de la guerra civil. Cuando Quintanilla se exilió, se perdió la pista de las obras. “Dolor”, “Hambre”, “Destrucción” (en la imagen), “Fuga” y “Soldados”, fueron rescatados por el Gobierno de Cantabria (lugar natal del artista) y restaurados. Los habían encontrado en pésimas condiciones en un cine porno americano.


Tal vez por la tardanza del hallazgo, tal vez porque Quintanilla nunca quiso ser un Picasso, tal vez porque su obra se ha sacralizado menos o resulta menos interesante, lo cierto es que tras un breve tiempo de reconocimiento al cántabro se le volvió a enterrar en el mismo sitio donde se le había sacado. Auque siempre hubiese estado allí, aunque gozara de cierta fama por parte de quienes investigan y ansían perfeccionarse en el camino de la cultura.
Ahora el Guernica es un paciente rodeado de máquinas que tratan de mantenerlo en buen estado de salud. Ahora el Guernica vuelve a resurgir de una fama que nunca dejó de tener.
Víctor me comenta que concluyó sus estudios de Historia del Arte sin que ningún profesor le hablase del Guernica. Incluso habiendo tenido una asignatura sobre Picasso. “¡Pero eso es como si estudias a Miguel Ángel y pasas por alto su Capilla Sixtina- con perdón de la comparación!” le dije. Entonces él me respondió dejándome todavía más estupefacto que habiendo estudiado el Renacimiento, tampoco les hablaron de Miguel Ángel.
Así uno se da todavía más cuenta de cómo están las cosas. Así salimos del Reina Sofía y abandonamos a Picasso y a la Historia del Arte (¿o tendría que decir, más bien, la Historia de España?)

1 comentarios:

José Arturo Visedo Manzanares 3 de mayo de 2013, 4:15  

Pueden echar un vistazo al siguiente blog:

http://elguernicaymadrid.blogspot.com

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