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LA NOCHE DE LA IGUANA

>> jueves, 21 de junio de 2012


En 1964, el polifacético aventurero John Huston decide rodar “La noche de la iguana”, una adaptación de la obra teatral de Tenessee Williams. Dicha pieza logró cierto éxito y contó para el papel de Maxine con la actriz Bette Davis, cuya interpretación sobre las tablas mereció todo tipo de elogios.
Las historias de Tenessee Williams tienen como particularidad excepcional la descripción de personajes turbulentos que acaban confrontándose unos con otros conformando historias de gran tensión dramática. El autor sacaba a relucir en sus dramas esa sangre caliente sureña con la que se sentía tan identificado. La acción central se desarrolla en gran parte en la costa de México. Allí, en un hotel barato regentado por una mujer llamada Maxine, van a parar el reverendo T. Lawrence Shannon y su grupo de mujeres turistas maduras. Shannon, que ha decidido encargarse de guiar excursiones en autobús por México, se encuentra pasando por una crisis personal. No del todo convencido de su vocación, decide ir a visitar a su vieja amiga Maxine, una mujer que representa su pasado como hombre libre de todo condicionamiento religioso. Maxine, una mujer pasional que acaba de perder a su pareja, Fred, se encuentra obsesionada con su viejo amigo Fred. En el autobús viaja una jovencita, Charlotte, todavía menor de edad, que disfruta jugando a pervertir al reverendo Shannon. Junto a ella va también su protegida, Judith, mujer puritana que no ve nada bien la actitud de Charlotte y amenaza constantemente a Shannon con expulsarle, gracias a sus influencias, de la Iglesia.
Al hotel acuden también (y por otro lado) Hanna, una solterona cercana a los cuarenta, y Nonno, el abuelo de esta. Los dos tratan de vivir de sus aficiones. Hanna es pintora y Nonno, nonagenario, “el único poeta vivo y en activo” de su edad (así lo presenta Hanna). Este ha ido perdiendo facultades y Hanna ha decidido ir con él hasta allí para que se recupere descansando.
Tres mujeres (Hanna, Maxine y Charlotte) que comparten vivencias con un hombre. Juntos los cuatro experimentan una convivencia intensa.
El film (y la obra de la que parte) cuestiona planteamientos morales que, aunque pertenezcan a la sociedad del momento, hoy en día siguen vigentes.
Sobre el reverendo Shannon planea la sombra de la duda. Se habla de episodios de fornicación por parte de los fieles de su iglesia, los cuales él niega. En un momento de una de las misas oficiadas por Shannon, este se rebela contra la hipocresía de quienes acuden a escuchar su palabra. Esto provoca un revuelo que le obliga a abandonar su cargo y dedicarse a los viajes turísticos ya citados. Shannon acaba refugiándose en la bebida. Sus dudas acerca de su profesión (la profesión de la fe) se mezclan con las constantes tentaciones a las que le somete Charlotte. Además, está Maxine. La figura que simboliza la búsqueda de la libertad en Shannon se encuentra plasmada en una iguana que dos empleados mexicanos del hotel retienen atada para alimentarla y después utilizarla de alimento. La amoralidad también cuestiona a Maxine, quien utiliza a estos dos jóvenes como entretenimiento nocturno en la playa que hay bajo el hotel. Sus necesidades primarias hacen que dependa de los mejicanos en sus momentos de ocio.
Hanna, por otro lado, cree en un amor puro, un amor hogareño, el que le retiene al lado de su abuelo Nonno. Su amistad con él, la fidelidad que le procesa, representa otro planteamiento de la vida para Shannon, que necesita –como él dice- creer en algo como todo el mundo en esta vida (espiritualmente o terrenalmente).
La fantasía y la realidad, dos formas de enfrentarse a la vida por parte del ser humano, representan otro elemento importante dentro de la trama.
Richard Burton, Ava Gardner, Deborah Kerr y Sue Lyon encarnan los personajes de este film ya mítico, como tantos otros inspirados en obras de Williams. Huston tuvo buen ojo a la hora de escoger el reparto y de llevar a cabo la adaptación del texto teatral. Solo un director como él, con sus ya conocidas armas que le avalaban, habría podido llevar a cabo esta película. Más adelante realizó otro film, “Reflejos en un ojo dorado”, que aunque no basado en un texto del ganador del Pulitzer, poseía unas características bien similares a las de su estilo dramático.
La fotografía de “La noche de la iguana” corrió a cargo de Gabriel Figueroa, mejicano de depurada técnica famoso por haber colaborado en Films de Buñuel como “Los Olvidados”.       
    

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