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MIDNIGHT IN PARIS

>> sábado, 9 de junio de 2012



Hace tiempo que los admiradores de Woody Allen se sienten un tanto extrañados por la deriva que ha tomado su cine. Y es que el director neoyorquino ha debido de pensar aquello de “cría fama y échate a dormir” desde su film “Match Point”. Parece ser que Allen no quiere arriesgarse mucho y ha apostado por el caballo ganador realizando además una película tras otra, como churros. Atrás quedaron títulos tan memorables como “Manhattan” o “Annie Hall”. A pesar de esto, todavía se siente esa personalidad cinematográfica con la que bautiza a sus hijos de celuloide. En los Oscar de este año, “Midnight en París se llevó el Óscar al mejor guión original. Y, en parte, no le falta razón. Allen nos presenta una figura que a más de uno seguro que le suena: la de la persona que reniega del momento que le ha tocado vivir evadiéndose a épocas pasadas. Owen Wilson es un guionista de películas comerciales que se ha cansado de su trabajo y ha decidido escribir su primera novela. Por si esto fuera poco, reniega de América y piensa irse a vivir a París, la eterna ciudad de todo romántico que se precie. Él sueña con encontrarse con todas aquellas figuras que representan su época preferida: principios de siglo XX. Así, desfilan ante nosotros Hemingway, los Scott Fitzgerald, Cole Porter, Dalí, Buñuel, Picasso… cada uno de ellos se encuentra, a su vez, encarnado por nombres de estrellas cinematográficas: Marion Cotillard, Kathy Bathes, Adrien Brody… El film juega a la perfección con los espacios de realidad-ficción tan efectivos respecto al público, que los acoge siempre calurosamente haciendo honor a esa propia ficción que es el cine. El film es una guía turística de París (el principio o prólogo es en sí una postal comercial, y hasta la mujer del presidente, Carla Bruni, aparece por si quedaba alguna duda). Woody Allen juega bien sus cartas y nos presenta una película llena de guiños más o menos eruditos (los propios personajes históricos son en sí menciones culturales, válgase la redundancia). No hay duda de que el propio director saca a escena a sus propios ídolos, aquellos que le tocan en su propia generación. “Midnight in París” acaba convirtiéndose en una crítica hacia ese pensamiento tan extendido de que “cualquier tiempo pasado –en este caso tiempo cultural- fue mejor”, (por muy maravilloso que fuera).            

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