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REMANDO AL VIENTO

>> sábado, 9 de junio de 2012




Decir el nombre de Gonzalo Suárez es hablar de una de las leyendas vivas de la historia de nuestro cine. Una leyenda escondida, eso sí. Él siempre ha sido poco de bombo y platillo. No obstante, quien quiera buscarle, lo encontrará. Él pertenece a esa clase de hombres en peligro de extinción que lo mismo escriben, pintan o hacen películas. Su amistades de la Nouvelle Vague y de la Escuela de Barcelona en los años sesenta, su relación de amor-odio con Sam Peckimpah, sus tardes de conversación con el poeta Claudio Rodríguez… Él, que fue juzgado en San Sebastián por uno de los ojos de Fritz Lang, él que casi tuvo como protagonista de una de sus películas a Orson Welles… Él que fue elogiado por Julio Cortázar y Vicente Aleixandre… Todo esto es Gonzalo Suárez. Ya desde su primer libro de relatos titulado “trece veces trece” apuntaba maneras. Resultaba un extraño animal literario que no tardó en encontrar en la cinematografía un vehículo de expresión perfecto. En ella podría volcar todas sus inquietudes: la escritura, la imagen, la música…
Él mismo confiesa que “Remando al viento” fue esa película con la que se tenía que haber retirado. Resulta un título mítico en su filmografía que es capaz de eclipsar a los otros. Y eso que ninguna de sus películas se parece a las otras. Cada título es una cosa aparte y, todas juntas, conforman ese universo heterogéneo de Gonzalo Suárez.
“Remando al viento” es, como todas las de su director, una película nada española. En ella se narra la historia real de unos amigos bien conocidos por la cultura: Mary y Percy B. Shelley o Lord Byron, por ejemplo. Juntos se proponen una noche escribir la historia más terrorífica, inspirados por los efluvios del romanticismo. De ahí nace “Frankenstein” y, como cuenta la historia, el nacimiento de la criatura provoca sucesos terribles fuera de las páginas de su libro. La propia Shelley llegó a creer que su monstruo había cobrado vida para hacer imposible la suya, la de su creadora. Sobre este argumento tan real se construye una historia a la que el cine ayuda a convertir en mítica.
Liz Hurley, José Luis Gómez y Hugh Grant  encabezan el reparto. Este último rompió un contrato con la BBC para poder participar en el film. Corría el año 1987.
La fotografía realizada por Carlos Suárez (hermano del director) nos recuerda a paisajes capturados en lienzo por Friedrich. La música escogida como banda sonora y de una fuerza imparable se centra principalmente en la “Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis” de Vaughan Williams. El propio Suárez afirma que prefiere emplear música ya previamente escrita y que sabe que va a funcionar a encargar una partitura nueva a un compositor.
La figura de Frankenstein se aleja de la máscara de Boris Karloff para mostrar una nueva imagen alejada de la industria hollywoodiense de terror.
Con todo ello, “Rowing with the wind” funcionaría simplemente por la fuerza de sus personajes. Sus pasiones desatadas, desaforadas, unidas a la vez por ese sentido cultural de la historia que ellos poseen como poetas… La vida vivida al límite. Sentirse dueño de la propia vida… La juventud, el idealismo, la valentía… Y, ante todo, el destino como fuerza condicionante y destructora en este caso.
Un lujo para los amantes del cine más exigentes.

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