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BIENVENIDO MÍSTER MARSHALL

>> jueves, 5 de julio de 2012




Recién salidos de la Escuela de Cinematografía, Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem decidieron iniciar juntos su andadura en esto del séptimo arte. A pesar de que tenían formas distintas de ver el cine, los dos largometrajes que realizaron en equipo han llegado a convertirse en dos piezas clave de nuestro celuloide.
Tras “Esa pareja feliz” en 1951, que contó con la baza de Fernando Fernán Gómez en el papel protagonista, llegó “Bienvenido Míster Marshall” un año después. En esta ocasión, no dudaron en rodearse de unos cuantos pesos pesados. En primera fila, figuran José Isbert o Manolo Morán, dos grandes actores cómicos (con Isbert, Berlanga realizaría ya en solitario otros filmes memorables como “Calabuch”, “Los Jueves milagro” o “El verdugo”, esta última de las mejores de su filmografía). Una cantante de moda llamada Lolita Sevilla se encargó de poner la nota musical, y un escritor de nombre Miguel Mihura se encargó de colaborar en las tareas de guión. El resultado: un sonoro éxito. Con “Bienvenido Mister Marshall” se inaugura una nueva etapa dentro del cine español. Su acerada crítica hacia esa imagen que se tenía en el extranjero de España como país folclórico de flamenco y toros ha pasado a la historia dejando momentos tan memorables como el de las “Coplas de las Divisas”, en el que todo el pueblo salía a la calle en pasacalle para cantar aquello de “Americanos, os recibimos con alegría”.
La idea parte de una situación histórica actual en aquel momento: “El plan Marshall”. Desde América, se prometía ayudar económicamente a los países más necesitados, fomentando su desarrollo y promoviendo su modernización. Había una intención de reconstrucción tras la II Guerra Mundial y, además, se pretendía detener el avance del comunismo. En el imaginario pueblo español de “Villar del Río” (el rodaje se llevó a cabo en Guadalix de la Sierra), se recibe la noticia con entusiasmo. Pretenden beneficiarse de dicho plan y no dudan en preparar una gloriosa bienvenida a los americanos. Para ello, no dudan en engalanar el pueblo disfrazándolo de andaluz, escondiendo sus viejas casas tras fachadas de cartón piedra con rejas y flores. Todo el pueblo se viste para la ocasión. Es la representación de la ilusión, de la espera de tiempos mejores, de las grandes expectativas.
“Bienvenido Míster Marshall” es la historia de un pueblo y de sus habitantes. Mediante una inteligente presentación por medio de la voz en off de un narrador (Fernando Rey), los espectadores tienen la oportunidad de conocer a los más importantes personajes que pueblan el lugar, entran dentro de sus casas, conocen sus ambientes, sus virtudes y deficiencias. Todo construido con la herramienta del humor. Así, se nos presentan los personajes del alcalde, de la maestra, del cura, del viejo hidalgo, etcétera, etcétera…
Berlanga tenía un gran aprecio por las pequeñas historias individuales que se entrelazaban generando toda una comunidad, una gran colmena… Un patio de vecinos. Las historias de los pueblos las repitió en “Calabuch” y “Los Jueves Milagro” para salirse después a las grandes capitales como Madrid (“Plácido”) y, finalmente, la gran comunidad que fue y ha sido España (“La vaquilla”, “La Escopeta Nacional”, “París Tombuctú”…)
Sus conocidos e interminables planos secuencia todavía no habían sido suficientemente desarrollados y esto permitió en los primeros filmes una mejor traducción para otros países. Los diálogos podían seguirse mejor, subtitulándolos todos en diferentes idiomas. Luego, lo berlanguiano se disparó y aquello resultó imposible de detener (y de comprender fuera de España).
Otros momentos antológicos del filme fueron, por ejemplo, el del discurso del alcalde desde el balcón, o aquel otro en el que también Isbert participa, soñando que se encontraba en un western y hablaba un inglés macarrónico.
La película no se encontró desprovista de polémica, y algunas escenas fueron censuradas (concretamente una en la que se sucede otro sueño, el de la maestra, en el que imagina que es violada por un conjunto de jugadores de rugby).
Franco dijo de Berlanga: “No es comunista, es simplemente un mal español”. Ha sido precisamente esa mirada crítica teñida de humor del valenciano (a diferencia de la de Bardem, que apostó en adelante por el drama) la que le ha caracterizado a lo largo de su carrera. Una crítica hacia una sociedad llena de defectos pero también de sentimientos nobles. 



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