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EL CASO VIRIDIANA

>> domingo, 1 de julio de 2012



Con él llegó el escándalo. España, 1961: Tras años de exilio, don Luis Buñuel decide regresar a su país para filmar la que acabaría convirtiéndose en una de las joyas del séptimo arte y, por ende, del cine patrio. “Viridiana”, basada en “Halma” de Pérez Galdós (que pretendía ser una continuación de “Narazín”, también llevada al cine por Buñuel) fue guionizada en colaboración con Julio Alejandro. Su historia fue polémica desde el principio. Buñuel había vuelto con ganas de guerra y el régimen, buscando un lavado de imagen, le había aceptado –ingenuo de él- porque necesitaba granjearse las amistades de los intelectuales exiliados. El enfant terrible estaba dispuesto a seguir haciendo lo que le venía en gana. En el film se respira de principio a fin un evidente mensaje anticlerical. El “enemigo” se les había metido dentro, como caballo de Troya. No obstante, durante un primer momento en España el revuelo fue mínimo. Dicen que cuando el general Franco la vio no le pareció tan polémica, llegándola a considerar simple y llanamente como “chistes de baturros” (en alusión clara a Buñuel).  Las quejas tuvieron que venir de El Vaticano para que aquello tomase un cariz preocupante. Algo parecido sucedió con “La dolce vita” de Fellini, la cual fue también aceptada en un primer momento como muestra del aperturismo impulsado por Fraga y finalmente tuvo que ser retirada por petición expresa del estado italiano.
En “Viridiana” se profana a una monja (o “novicia”, en nupcias con Dios), se caricaturiza la Santa Cena, se echa al fuego una corona de espinas, etc… Todo un despropósito.
Pero no solo él dio mucho que hablar. La mejicana Silvia Pinal, que protagonizó el film, acabó convirtiéndose también en un icono, en este caso de la libido más morbosa  (solo Catherine Deneuve acabaría desbancándola como musa del aragonés).
Como protagonistas principales masculinos, Fernando Rey y Paco Rabal. Los dos pasaron por una metamorfosis bastante común dentro de los actores españoles: de galanes que conquistaban por su físico acabaron convirtiéndose, con la madurez, en grandes actores.


La historia de Viridiana es la siguiente:
Don Jaime invita a pasar unos días en su casa de campo a su sobrina Viridiana, novicia. En un principio, ella se muestra reacia a abandonar su retiro espiritual, pero poco a poco va convenciéndose y encariñándose con su tío. Un día, Don Jaime le confiesa a Viridiana que se encuentra atraído por ella. El motivo es el siguiente: Viridiana le recuerda a su mujer, de la que quedó viudo al poco tiempo de contraer matrimonio. Así comienza todo un proceso de fetichización por parte de don Jaime en Viridiana, que acaba convertida en ese fantasma tan perseguido por el tío viudo. En muchos sentidos, el personaje de Silvia Pinal puede recordarnos al encarnado por Kim Novak en “Vértigo” de Hitchcock o al de Geraldine Chaplin en “Peppermint Frappé” de Saura.
En el film de Buñuel, Viridiana representa además la terrible moraleja de la Justine del Marqués de Sade: Su situación es la de una persona que por tratar de mantener su virtud, no hacen más que sucederle infortunios. Tras su tío (Fernando Rey) aparece su primo (Paco Rabal), y después de este una serie de mendigos a los que acoge tratando de ayudar. Todos ellos parecen someterla a constantes pruebas que pondrán a prueba su rectitud moral. La Justine acaba convertida en Juliette.
El film recibió el máximo galardón en el Festival de Cannes. El director español de cinematografía que acudió a recoger el premio, fue destituido fulminantemente. Se ordenó la destrucción de las copias del film… y entonces paradójicamente se produjo el “milagro”: Viridiana se salvó gracias a que algunos se encargaron de hacerla viajar escondida en sacos dentro de un carro rumbo al extranjero.
Un dato curioso: Durante el rodaje en la estación de Atocha de “Ese oscuro objeto del deseo”, uno de los responsables de la prohibición de “Viridiana” fue al set de rodaje para pedir perdón, arrepentido por su acción tiempo atrás. Poco menos que se rieron en su cara, Buñuel y Fernando Rey.
En “Viridiana”, Buñuel cuidó hasta el último detalle. Los mendigos que aparecen, salvando excepciones como algunos interpretados por  Lola Gaos, María Isbert o Luis Heredia, eran reales. Para añadir todavía más verismo, no les permitió que cambiaran su atuendo, haciéndoles aparecer ante la cámara tal y como los había conocido.
En el cine de Buñuel tiene cierta importancia el uso de la música clásica como banda sonora. Concretamente en “Viridiana”, el leit motiv no es otro que el “Aleluya” de “El Mesías” de Haendel (sonando concretamente en los créditos iniciales y en la bacanal de los mendigos). Buñuel solía utilizarla para ilustrar escenas completamente descabelladas, cuando no de una violencia que llega a su  paroxismo casi de forma cómica. Incluso con compositores de encargo como Raúl Lavista en su etapa mexicana, pidió adaptaciones concretas (véase “Abismos de Pasión” en la que se emplea el Preludio y Liebestod de la ópera “Tristán e Isolda” de Wagner). La fotografía, del “señor” Aguayo (con tal respeto se le consideraba), sirvió de refuerzo innecesario para las pretensiones buñuelianas, que solían dar más importancia al guión que a la imagen.
Por supuesto, es imposible hablar de Viridiana sin citar la escena final de ménage à trois: en un principio, en el guión original, Viridiana entraría en la habitación de su primo desencantada de su pasado monjil, deseando olvidarlo cuanto antes con él. Rabal (el primo) la diría, al abrir la puerta, algo así como “sabría que vendrías”. La censura, obligó a Buñuel a rectificar en este punto. La idea de introducir a la criada en la habitación del primo parecía que alejaba a Viridiana de toda intención malsana. Por si esto fuera poco, les puso a jugar adorablemente a los tres al tute. Está claro que este remedio era mucho peor que la enfermedad.
Buñuel sabía que se estaba metiendo en la boca del lobo, pero lo cierto es que siempre hubo en él un cierto interés para complicar sus propios proyectos. Medio en broma, medio en serio, se podía permitir sentirse invulnerable en sus actos. Con Lady Damita, trabajó solo un día en Hollywood para introducirse en el oficio. Al segundo, dijo: “No pienso volver a trabajar con esa puta”. Ya en la vejez, le ofrecieron figurar en un anuncio de agua mineral. Este contestó a la oferta:”De acuerdo, pero apareceré crucificado como Jesucristo cuando me ofrezcan la bebida y, tras probarla, exclamaré: ¡Puaj, qué asco!”
Viridiana triunfó, estaba destinada a ello. Nadie lo pudo impedir. Buñuel no volvió a rodar a España hasta “Tristana”, nueve años después, aunque sí que continuó fiel a su cita con Calanda en su Semana Santa e incluso hizo un Cameo con Saura para su película “Llanto por un bandido” (1964) en la que figuraba como verdugo de garrote vil, cumplidor de la ley a su pesar. Buñuel como ajusticiador. Da qué pensar.

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