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EL ANACORETA

>> martes, 14 de agosto de 2012



Basándose en “Las tentaciones de San Antonio” de Flaubert, Rafael Azcona redactó un guión con miras a una posible película. El proyecto tuvo que demorarse un tiempo hasta ver la luz. Fue Juan Esterlich, colaborador de cineastas de la talla de Berlanga, Bardem, Buñuel, Welles  tras las cámaras, quien sacó de su letargo en el cajón a “El anacoreta”. Se enfrentaba al que sería su único trabajo como director y Alfredo Matas fue su mecenas. San Antonio fue Fernán Gómez y el desierto un cuarto de baño.     
El personaje del filme, Fernando Tobajas, es un hombre que lleva viviendo desde hace unos años encerrado en un cuarto de baño. Ha conseguido desentenderse del mundo, renunciar a sus deberes terrenales. Se dedica a leer la prensa para recordar los motivos por los que renunció a ser un mortal común y, de vez en cuando, escribe mensajes que introduce en cilindros para fármacos y envía al mundo exterior arrojándolos por el váter. A pesar de todo esto, la soledad perseguida solo ha sido ha sido lograda a medias. En el piso, so en la calle madrileña de Hortaleza, viven su ex mujer y el amante de esta que además se encarga de llevar las cuentas de Fernando. Y es que, hasta para excluirse de la sociedad, hay que seguir pagando. 
Este anacoreta laico acabará recibiendo a su Reina de Saba contemporánea, una joven que encontrará desde la isla de Capri uno de los mensajes “embotellados”. El papel de ella, dictado por la figura histórica de la que parte, será el de lograr sacarle de su enclaustramiento. Le atrae la extraña forma de ser de aquel sobre el que se ha erigido en salvadora.
Aún a pesar de que la historia se desarrolle en su totalidad en una sola habitación, el interés del espectador no decae en ningún momento. La banda sonora procede además del mismo lugar: Una música accidental de violín interpretada por un vecino llamado Polack (y al que rápidamente se relaciona con el humorista “Tip”).
La interpretación de Fernán Gómez le valió el Oso de Plata del Festival de Berlín en 1977. Esterlich había colaborado con él en “El extraño viaje”. También había trabajado tiempo atrás con Rafael Azcona en el mediometraje “Se vende un tranvía” (episodio piloto de una serie de TVE que nunca llegó a ver la luz). Por el guión del film, el logroñés obtuvo el Premio al mejor guión  que otorgaba el Círculo de Escritores Cinematográficos.
A pesar del humor patente de la cinta, “El anacoreta” no deja de ser uno de los muchos dramas que Azcona concibió valiéndose de la mirada amarga que le inspiraba la sociedad. Esto puede verse en el anverso y reverso del cuadro que Tobajas tiene en su baño: Por un lado, la cita de Anatole France “en aquellos tiempos el desierto estaba lleno de anacoretas”. Por el otro, “vendrán tiempos en que todos los retretes estarán llenos de anacoretas”, escrita por el mismo personaje.
  


 

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