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TIEMPO ACUÁTICO

>> domingo, 30 de septiembre de 2012


Como el agua más fresca y virgen
Te bebo, con miedo a agotarte
Contenida por este cuenco de mis dos manos
Trato de mantener tu temperatura y pureza
En este calor lleno de tierra de la tarde

Temo que escapes por alguna rendija
Temo que alguna grieta, con la que no contaba,
Te proponga una huída en la que no pensabas
Y acabes por desvanecerte, cayendo o evaporándote
¡Quisiera retener un efímero en lo imposible!

Tengo sed, mucha sed, mi fuente es inagotable
Y mi boca, herida por mil grietas, clama tu bálsamo,
Tu ser tan transparente, ese reflejo en el que me veo.
¡Mírame! Soy sólido y, a la vez, cambiante
Me debo a mi composición química y biológica.

No quiero que estalles en mil gotas
No quiero que el sol se te lleve en el aire
No quiero que mojes otras cosas…
Necesito retenerte un instante más entre mis manos
Porque, con solo mirarte, todo yo me hidrato.

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EL TEJEDOR DE SUEÑOS

>> martes, 25 de septiembre de 2012

Llegó a casa.
Encendió la luz,
Dejó el abrigo,
Colgó sombrero,
Miróse al espejo.

Allí estaba:
Un poco más viejo,
Un poco más ciego,
Con cada vez más canas
Y menos cabello donde exhibirlas.

Cerró la puerta.

Cruzando el pasillo
Se detuvo en el mismo sitio
Que todas las noches a la misma hora.
En una de las paredes colgaba
Lo que por transparencia parecía visillo
Pero que tapiz en realidad era.

Habían sido muchas horas pinchando aguja
Y alternando colores teñidos en hilos de lana
Habían sido muchos días acumulados en jornadas
Que representarían el elixir de la eterna juventud
vertidos como líquido fantástico en una probeta.

¿Cuál podía ser el tema de este tapiz?
A diferencia de algunos más comunes
No trataba de una cacería de ciervos
Tampoco de batallas medievales hablaba
Ni de bonsáis, samuráis, montañas  y geishas
El tema no era otro que el de sus sentimientos.
¡Difícil asunto para trabajar mediante manufactura!
¿Cómo expresar tantos momentos felices de una vida?
¿Cómo representar concretamente sesenta años
Convertidos en un asunto tratado en novecientos días?

El hombre observaba aquel trabajo tan laborioso
Aquella obra suave, rectangular y colorida
Con una mirada por la que escapaba la energía
Con un cuerpo que solo quería sentarse y descansar
Mientras pensaba en aquella idea ya resuelta y decidida

Tiró del cordel que sobresalía de los demás, bien urdidos
Y el tapiz fue poco a poco desapareciendo… lentamente
Dejando de ser, olvidando tanto tiempo dedicado a construirse
En aquellos breves y eternos momentos de destrucción.

La noche llegaba y el mar asomaba por la ventana
Curioso, como queriendo ver lo que allí pasaba
Brillando con las luces de los barcos en el horizonte
Más hermoso que nunca.

Cuando aquello que colgaba acabó convertido
En un montón de colores arruinados en el suelo
El hombre se dirigió, con el trabajo hecho, a la cama
Y desde allí, pensó que lo peor había ya pasado.

Cerró los ojos y dejó arrullarse por el murmullo de las olas
Mientras sus pensamientos cada vez más se abstraían
Viendo ya solo colores, como si los hubiese recogido de allí,
De ese pasillo, como si ya no estuvieran tan lejos
Y hubiesen venido hasta él
Ya no físicos, ya hechos sueño
Y desde la inconsciencia, volvió a trabajar con ellos.

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LA GRANDE BOUFFE




Emulando a Lúculo en su retiro hedonista, cuatro amigos hastiados de una vida insatisfactoria deciden reunirse en una mansión para celebrar un frugal festín. Este retiro del mundo supone un punto final literal, pues lo que pretenden no es otra cosa que morir placenteramente, mediante los goces culinarios y carnales. Es por ello por lo que encargan un menú interminable a los mejores chefs de París y contratan los servicios de solícitas prostitutas. A la fiesta organizada por Marcello, Philippe, Ugo y Michel se une inesperadamente una profesora de escuela que, un día, decide entrar en la mansión con un grupo de niños para hablarles de poesía a la sombra de uno de los árboles del jardín. Andrea representa la sensualidad perdida cuando las prostitutas abandonan la casa. Consciente de su “responsabilidad”, asume participar en este aparentemente delicioso suicidio colectivo. Todo parece perfecto, pero poco a poco, irán surgiendo problemas derivados de la situación con los que no contaban.
Este film de Marco Ferreri todavía sigue dando que hablar en las “comidillas” cinematográficas. La polémica propuesta viene acompañada de la pluma literaria de Rafael Azcona, con el que ya había colaborado en “El pisito” y “El cochecito”. De hecho, Ferreri representó para Azcona su entrada en el mundo del cine. Fue, en una palabra, su “padrino”. Azcona, que hasta entonces había escrito algunos libros y también había colaborado en la revista humorística “La codorniz”, comenzó su andadura en el mundo del guión, y en ella siguió hasta su muerte. Para él era más sencillo escribir para espectadores que para lectores. El cine le resultaba más apetitoso que la literatura pura y dura. A pesar de las claras fronteras, el autor de un guión debe de valorarse de la misma forma que el autor de una novela. Al fin y al cabo, ambos escritores no dejan de resultar importantes en su tarea. La literatura lo es en las páginas de un libro y en las de un libreto. No creo que resulte atrevido decir que incluso la crítica (en el mejor sentido de la palabra) debería de considerarse un género literario.
En “La grande bouffe” coinciden además grande nombres del oficio interpretativo: Marcello Mastroianni, Michel Picolli, Philippe Noiret y Ugo Tognazzi encabezan un reparto representativo del mejor cine europeo.
La película ahonda en todos los recovecos posibles insertos dentro del imaginario colectivo referente al “placer”: De lo erótico, del goce de los sentidos… incluyendo, en definitiva, algunos pecados capitales (la gula o la lascivia). No se desprecia nada, ni siquiera algún apartado más o menos escatológico. El cuerpo, fuente de vida y de muerte, el cuerpo sano y enfermo. El cuerpo, rumbo a su descomposición como carne mortal.
“La grande bouffe” es una producción franco-italiana de 1973.


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Cruzando parte del Cantábrico en "La Regina"

>> domingo, 23 de septiembre de 2012

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EL SEDENTARIO SEDIENTO DE INSTANTES ETERNOS


Escucho serenamente
A Eolo inflar sus carrillos
Cuando no cabe otro sonido
Al final, ya, de la tarde

Parece que estos soplidos
Desplazan nubes y colores
Replanteando el campo de batalla
Recolocando con caos el orden

Recibo este aire húmedo que penetra
el cuerpo de quien osa interponerse
en este paisaje vacío, abandonado a la Naturaleza
muerta o viva, pero nunca acompañada por “nadie”…
Solo por “nada”, por lo que no necesita de palabras
Para expresar lo que vive, necesita o siente.

¡Yo, humano intruso, tiemblo de placer!
Solo una voz inoportuna, paternofilial
me dice que esto que ahora me refresca
puede ser poco saludable… ¿Qué importan
las recetas de los doctores ahora?
Los inconscientes románticos no entendemos
De futuros hipotéticos, sino de presentes cercanos.

Ahora que todo eso se marcha porque yo me voy
Ahora que todo eso se aleja porque yo zarpo
Ahora que ya no caben arrepentimientos
Alzo mi brazo y lo hago girar de izquierda a derecha
y grito, aunque el mensaje en el aire se pierda:
“¡No me esperéis despierto! ¡Puede que tarde en volver!”
Como despedida recibo un pañuelo que ondea
de cirros y estratos lleno, preñado de lágrimas

El barco quisiera volver hacia la tormenta
Bella, temida, deseada y respetable
Pero el timonel no entiende de sentimientos
y conduce hacia la dirección contraria
Cansado ya de ese lugar, aburrido de madera
Como es él, nunca acostumbrado a dilatarse
Y contraerse por la caprichosa temperatura

El viajero quisiera ser sedentario
Y, deteniéndose, detener también ciertos instantes

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“¡VIVAN LOS NOVIOS!” DE LUIS GARCÍA BERLANGA

>> sábado, 22 de septiembre de 2012





En muchas ocasiones, las películas luchan por sobrevivir al paso del tiempo. Precisamente por ser reflejo, testimonio de una época, corren el riesgo de caer en el olvido al ir desapareciendo el público para el que fueron creadas. Durante el tiempo en el que ejercieron de contemporáneas, disfrutaron de un frescor que, con el paso de los años, se ha ido amarilleando.
En el caso de “¡Vivan los novios!” hay elementos con los que nuevo público  sigue identificándose y otros que se han ido diluyendo y que ya no se reconocen como presentes dentro de la sociedad actual.
Por otro lado, somos hijos de una Historia (con hache mayúscula) que debemos conocer para saber de dónde procedemos. De no ser por ello, la amnesia general no nos permitiría construir un futuro, paradójicamente.
“¡Vivan los novios!” se rodó en 1970, cinco años antes del final de una época que había durado cuarenta años en España, y cinco años antes del inicio de una nueva etapa para el país. Este momento “bisagra” entre un pasado y un futuro (un futuro ya pasado), en este cisma, iba contenido también el final de una forma de ver el mundo, de una forma de ver la vida. Se conservarían unas cosas, se perderían otras y se adoptarían elementos nuevos dentro de dicha idiosincrasia española.
Decía Jardiel Poncela que en Hollywood lo mismo podían verse las estrellas estándose tumbado sobre la arena que se podía estar tumbado sobre las estrellas mirando la arena.
En Sitges, durante el rodaje de “¡Vivan los novios!”, debió de resultar curioso ver toda una representación de “estrellas” españolas desfilar en cortejo fúnebre y vestidos de etiqueta mientras los habitantes “hippies” que habían invadido la costa por entonces (y que parecían mayor número que los habitantes autóctonos, o sea, catalanes) ejercían de público, todos ellos luciendo sus pieles extranjeras en bañador. Se trata de la escena final del film y en ella se encuentra condensada la crítica política de la película. Berlanga, una de las tres “B” del cine crítico español (junto a  Buñuel y a su amigo Bardem) escribió junto a Azcona, su fiel Diamond ibérico, el argumento de esta película. Para Berlanga representaba el inicio de una nueva etapa en su carrera cinematográfica tras éxitos tan sonoros como “Bienvenido Mister Marshall”, “El verdugo” o “Calabuch”. El film fue rodado en color y representa junto con su cinta anterior “La boutique” (o “Las pirañas”) el inicio de su cine de “transición”. La representación de una España que acababa y otra que se llevaba anhelando hace mucho tiempo. Una España que había quedado anticuada debido a una férrea moral que impedía progresar en muchos aspectos. Los “hippies”, en este sentido, representaban las ansias de liberación de los españoles (los “hippies”, que también han quedado como figuras prehistóricas).
“¡Vivan los novios!” es la historia de una pareja de burgaleses (Laly Soldevilla y José Luis López Vázquez) que llega a Sitges para contraer matrimonio. Hay además otras personas: la madre del novio, los dos hermanos de la novia (José María Prada y Manuel Alexandre).
Leo, que así se llama el protagonista, decide correrse una noche de juerga antes de casarse. Por ello, en cuanto puede, se desembaraza de la madre y de la futura mujer (figuras que representan las trabas de su libertad), a las que deja en la pensión en la que se encuentran hospedados, y sale a la calle dispuesto a todo. En su aventura encuentra personajes de lo más exóticos para él: féminas “guiris” que se besan entre ellas y un hombre de raza negra transformista al que confunde verdaderamente con una mujer. Todas estas “novedades” acaban por hacerle desistir de sus patéticos intentos de conquista anquilosados en una rancia tradición española (que tanto nos recuerda, por cierto, a tantas películas de Mariano Ozores tan exitosas en la época).
Leo, al día siguiente, retorna con el rabo entre las piernas y le cuenta lo sucedido a su futura mujer en un acto de increíble sinceridad. Sinceridad que, como es de esperar, no termina de entender la mujer. Cuando va a ver a su madre, descubre que ha muerto ahogada en la piscina en la que dejó la noche anterior. Tratando de evitar que este suceso entorpezca la boda, su mujer y su cuñado tratan de esconder el cadáver.  Leo ya no sabe dónde se encuentra y qué esta haciendo con su vida, y solo tiene ojos para todos esos bañadores que lucen chicas francesas y americanas. Con ello trata de olvidar el futuro de luto (físico y espiritual) que le espera.
Como buen film de Berlanga, no faltan los peculiares personajes secundarios, algunos de ellos ya citados: por ejemplo, uno de los hermanos de la novia, que padece de amnesia, el cura interpretado por Luis Ciges o el jefe del banco en el que trabaja Leo.
La banda sonora de Antonio Pérez Olea (“La tía Tula”), fusiona inteligentemente las diversas situaciones que curiosamente se contraponen durante el film. Sirva, como ejemplo, el momento en el que Leo conoce a una de las hippies dentro de la iglesia, mientras espera confesión. El sonido del órgano acaba cambiando su melodía para narrarnos esta situación de enamoramiento de Leo. Podría definirse como “música-sensual-religiosa”, si esto fuese posible.
La película, dentro de ese humor negro al que nos tuvo acostumbrados Azcona y Berlanga, podría definirse con una frase de su propio director:  “Dije que la vida era una broma, no que la broma tuviera gracia”.


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UNA POLÉMICA RESTAURACIÓN

>> lunes, 17 de septiembre de 2012





Sucedió durante este verano. Desde el Heraldo de Aragón, se informaba al mundo entero de una noticia acaecida en el municipio zaragozano de Borja: Una vecina de ochenta años, había defenestrado un Ecce Homo en la iglesia del Santuario de Misericordia. La pintura mural se encontraba en un lamentable estado de conservación y a la buena mujer se le ocurrió, con toda su mejor intención, “restaurarla”. Al parecer, no era la primera vez que acometía un acto de tal envergadura, por lo que aparentemente no había ningún problema en ello. La señora dejó al Ecce Homo “hecho un cristo”, nunca mejor dicho. Según ella, cuando saltó la noticia, la restauración se encontraba inconclusa, por lo que en teoría podía haber llegado a buen puerto su trabajo. Pero fue “salir en los papeles” y a Cecilia Giménez (que así se llama) le superó todo aquello. Se encerró en su casa y trató de asumir su protagonismo no buscado. Desde las redes sociales, se empezaron a recoger firmas para pedir que la obra se quedase como estaba. Al parecer, el resultado de la fallida restauración resultaba tan vanguardista que incluso podían establecerse nexos con épocas artísticas en su momento renovadoras: El expresionismo alemán, Modigliani, Munch, Ensor o Goya fueron solo algunos ejemplos dados para justificar el noli me tangere tan defendido por algunos internautas.
Por parte de restauradores acreditados, la correcta restauración de este Cristo, original de Elías García Martínez, tiene muy mala solución. Algunos la califican como “La peor restauración de la historia”.
Haciendo uso de la misma imaginación con la que Cecilia trató de restaurar por su cuenta y riego el mural, visualizo el momento en el que la supuesta restauradora se enfrentaba a la obra a subsanar. La veo siendo consciente de que poco a poco iba eliminando, con cada nueva pincelada, los vestigios del antiguo mural. Trato de meterme en su cabeza y adivinar lo que pasaba por ella: “Lo estoy haciendo mal pero voy a seguir trabajando en ello, por ver si puedo solucionar el error”. Y, a cada nuevo intento por enmendarse la plana a sí misma, iba abocando al Cristo a un final cada vez más oscuro.
No sé si tendrán en su cabeza, queridos lectores, la película de Mister Bean en la cual Rotwan Atkinson defenestra la pintura “La madre de Whistler”. Algo así como Peter Sellers en “El guateque” cuando hace lo propio con un cuadro de Chagall, en la famosa escena del cuarto de baño. Pues bien, la realidad siempre supera a la ficción en creatividad.


No obstante, aquí tenemos dos debates cruzados: por un lado, las sacrosantas normas de los restauradores, entre las cuales no cabe la acción de esta aragonesa. Por otro, la visión del arte actual, el encumbramiento de esta señora por realizar (insistimos, a su pesar) una acción tan moderna, por así decirlo.
Cuando se conoció la noticia, yo me encontraba en San Esteban de Gormaz visitando la iglesia de Nuestra señora del Rivero. Finalizadas las obras de restauración de las pinturas góticas que se encontraban en su interior, pude observar con curiosidad las pertenecientes a la bóveda del altar: aquellas pinturas resultaban contemporáneas a mis ojos, recordándome sin duda al ya citado Chagall (y ojo, la restauración había sido realizada “correctamente”).





Sea como fuere, la cuestión es que Borja, debido a dicha polémica, se ha acabado convirtiendo en lugar de peregrinaje de curiosos y entendidos… por lo que podemos acabar diciendo que no hay mal que por bien no venga... ni mal que cien años dure.


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"No es tu culpa". Texto para obra de Pierre Valls


Fuente:


No es tu culpa: Ayllón,Segovia 2012 3000 x 300



NO ES TU CULPA

"No es tu culpa" Ayllón, Segovia 2012 Culpa: Francesco Carrara, al igual que la negligencia, supone la "voluntaria omisión de diligencia en calcular las consecuencias posibles y previsibles del propio hecho".
No culpa: Sentirse liberado de un peso asociado a la conciencia, al sentido de la responsabilidad. El "sentimiento de culpa" no deja de ser una herencia, un legado ligado a ese peso cultural que el ser humano occidental lleva arrastrando casi desde tiempos inmemoriales. Sin saberlo, el individuo necesita despojarse de esta carga, que a veces se atribuye voluntariamente (sin duda influido por grandes dosis de masoquismo).
El hombre, en ocasiones débil, se siente incapaz de dar este paso. Es posible que no llegue a considerarlo como necesario y prefiera padecerlo, como una pesada cruz que arrastrar.
NO ES TU CULPA funciona como ese efecto liberador que muchas veces necesitamos pero que otras tantas ni siquiera intuimos. Está ahí y podemos hacer uso de él. ¡Liberémonos!

Javier Marco Hidalgo, nosoydali@telefonica.net.




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TRAS LA FIESTA

>> sábado, 15 de septiembre de 2012


Esta noche, ha hecho mucho calor.
Esta noche, me asomé por la ventana
y vi, desnudo, abandonada  la calleja
todavía con los olores recientes
de un agitado día de fiesta.

Por aquella acera de abajo, pasaron
músicos con sus melodías viejas
que pusieron imágenes a nuestros ojos
cerrados ya, embalsamados
por un cansancio pesado como la piedra.

Aún con este calor que nos separaba,
que se interponía entre nuestros cuerpos
como carabina vieja aunque contemporánea,
yo te miraba… aún con mis ojos cerrados
yo te imaginaba también imaginándome
y así intercambiábamos derrotados miradas,
miradas fuertes ¡miradas aún poderosas!

Los efluvios de la noche se colaban
entre las sábanas partidas de la ventana
(que era un lecho que de su corazón exhalaba
alientos vivos de juergas ya muertas):
Subía el olor del vino, subía ya presto el sudor
para unirse al de nuestros cuerpos brillantes
y representar a todo un mar de gente animalizada

Algunos faroles querían dejar de iluminar a estas horas
en las que parece que el frescor vence a la viciada
temperatura veraniega de una isla mediterránea.
Desde nuestra habitación, privilegiadamente céntrica
sonaban ya algunos tímidos repiques de misa diaria
y el asfalto, mojado por una puntual regadera
parecía querer darnos aquella ducha tan esperada.

Algunas cadenetas se han desprendido de los techos celestes
pero la gente todavía se resiste a  salir de sus casas,
de los reductos donde se esconden como si fuesen máscaras.
¿Fue carnaval? Si no… ¡me extrañaría tanta gente disfrazada!
Nosotros salimos afuera sin caretas aunque con muecas,
riéndonos de un mundo extraño, siempre dramático y cómico.
Era lunes, nosotros seguíamos en domingo y el mundo marchaba.

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Las mil y una noches (Sherezade)

   Rotulador, bolígrafo y lápices de colores sobre papel
                                     

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Colección de dibujos hechos en Ayllón

Oro parece

Extraña reunión

Descomposición gradual de un grito

Los novios

El profeta

Los tres compadres

Lo que tengo en la cabeza

Retarto de dama

Tocata y fuga de la espera

La danza

                                                         Los sabios voladores de Ayllón


                                                                            Caretas

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BELLE ÉPOQUE




Todo surgió entre tres amigos que quedaban a comer y jugaban a inventarse un pretexto con el que hacer como que trabajan: Rafael Azcona, José Luis García Sánchez y Fernando Trueba. Ninguno de los comensales que compartieron con ellos comedor en aquellos días pudieron imaginar que de esa mesa saldría un premio Óscar. Entre cucharada y copa de vino nació “Belle Epoque”, título mítico de la historia del cine español de los años noventa. Aquel guión creado de forma lúdica hablaba de muchas cosas: de la época prebélica de los años treinta, de la líbido escondida y bullente, de las ansias de libertad… Todo narrado con un “quitemos hierro a todas esas cosas que en realidad no son tan graves”, desde una perspectiva humorística genuinamente azconiana que creó escuela; de hecho, muchos de los nombres que participaron activamente en el film pueden considerarse seguidores directos del logroñés: los propios Trueba y garcía Sánchez, Martínez Lázaro, Colomo… Toda una cantera de directores que diseñaron un nuevo género de humor dentro del panorama cinematográfico, ajustándose a unos cánones que incluso a día de hoy continúan funcionando.
“Belle Époque” contó con un equipo técnico-artístico tanto español como portugués (los escenarios) y francés (Michel Galabrú interpretando el papel de Danglard y Antoine Duhamel encargándose de la banda sonora).
España, 1931: Fernando Jorge Sanz), un joven soldado del ejército, deserta tras una rebelión fracasada desde el cuartel de Jaca contra la monarquía. Sus pasos le llevarán hasta un prostíbulo en el que conocerá al párroco don Luis (Agustín González) y a Manolo (Fernando Fernán Gómez), que se encuentran pasando la noche jugando a las cartas. Primer golpe de humor. Manolo le ofrece pasar la noche en su casa a Fernando. Al día siguiente, dispuesto ya a partir en tren buscando un nuevo destino, Manolo conocerá a las hijas de Fernando en la misma estación. Violeta (Ariadna Gil), Clara (Miriam Díaz Aroca), Rocío (Maribel Verdú) y Luz (Penélope Cruz) acaban de llegar de viaje para quedarse en casa con su padre. Fernando queda como embelesado ante estas cuatro apariciones y decide postergar su viaje para conocerlas más a fondo. Manolo ya se lo imagina y asume que acabará perdiendo un amigo para ganar un “yerno”. De estas cuatro gracias, quizá la más peculiar sea Violeta, que se cree “hombre” según su padre.
Durante la estancia en la casa familiar, Fernando no solo irá intimando con cada una de las hijas sino que conocerá además a otros personajes: El ya mencionado don Luis, por ejemplo, que a pesar de su cargo posee unas ideas liberales que lo harán sentirse identificado con don Miguel de Unamuno y su “sentimiento trágico de la vida” (Manolo, mente preclara donde las haya, cree que el error de Don Luis es considerar a Unamuno como “pensador” y no como “poeta”). Luego Juanito (Gabino Diego) y su madre Doña Asun (Chus Lampreave), ambos de ideología carlista. Juanito se encuentra enamorado de Rocío y siempre va tras ella (junto con su madre) para pedirla que se case con él. Está dispuesto a renunciar a sus ideas (y a su madre) con tal de que ella le diga que “sí”. De aquí resulta otro de los puntos cómicos sobresalientes de la película. Y, por último, la mujer de Manolo y madre de sus hijas, Amalia (Mary Carmen Ramírez) y su amante, Danglard (Michel Galabrú) que vienen a pasar unos días en la finca. Entre Danglard y Manolo surgen rencillas debido a que Amalia no está dispuesta a renunciar a ninguno de los dos. Ella es cantante (como la actriz que la encarna en realidad) y se encuentra haciendo giras por Europa difundiendo la zarzuela (gracias a Danglard, que pone el dinero en tan poco rentable misión). La escena de la llegada de ambos a la casa, cantando “En un país de fábula” (romanza de la zarzuela “La tabernera del puerto” de Sorozábal) añade otro de los puntos de comicidad al film, quizá el más surrealista de todos.
“Belle Époque” ganó, a demás del Óscar, nueve premios Goya.
La partitura de Antoine Duhamel (que colaboró entre otros con Jean-Luc Godard durante la etapa de la Nouvelle Vague francesa) resulta deliciosa, fundiendo la esencia original de sus partituras con el folclore español de la época histórica en cuestión sin caer en tópicos habituales.
La amistad de Fernando Trueba y Rafael Azcona les llevó a emprender una nueva empresa seis años después: “La niña de tus ojos”, basada en la experiencia de los equipos técnicos y artísticos españoles durante su estancia en la alemania nazi. Concretamente, y aunque no se alude a ellos, la experiencia de Florián rey y de quien por entonces era su mujer, Imperio Argentina (a la que no gustó en absoluto esta película).
Así mismo, Duhamel colaboró aportando la banda sonora a otro film de Trueba. “El sueño del mono loco”, film previo a “Belle Époque” (tres años anterior, de 1989).
“La niña de tus ojos contó con actores que ya figuraron en “Belle Epoque”, como Penélope Cruz y Jorge Sanz.
Cuando Trueba recogió el premio Óscar, dijo una frase que pasaría a los anales de la historia del cine:

“Me gustaría creer en Dios para agradecérselo. Pero solo creo en Billy Wilder, así que, gracias Mr. Wilder”.

El propio Wilder le llamaría por teléfono al día siguiente para decirle:

“Hola Fernando, soy Dios”.

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RECUERDO INVENTADO

>> viernes, 14 de septiembre de 2012


Ayer, mientras cenaba
soñaba que nadaba
en aquel plato de sopa,
que me aferraba a los fideos
aún haciendo pie en el fondo,
aún sabiendo que no me ahogaba.

Como un trozo de carne de cocido
esperaba ser rescatado del amarillo
teñido (que era el agua, caliente y salada)
por una valerosa y magnánima cuchara
mientras alguien, desde arriba, generaba
huracanes, tormentas y torbellinos
cada vez que con su boca soplaba.

¡Deja ya de soñar, y come, que se enfría!
Era martes el día, y yo era un niño
que tendría siete años… y que no le gustaba la sopa.

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AHORA LES TOCA A ELLOS


Comprendo el sentido de estas palabras
que llegan a mí, susurrando, encerradas
en su propio mutismo.
Conozco el tintineo de estos sonidos
que callan lo que conocen, y engañan
a todo incauto que dice no entender
lo que ellos muestran.

Precisamente porque es vuestro eco repetido
lo que el barranco siempre rememora
permitidme que en vez de mirar al vacío
levante la vista hacia el cielo
para escuchar a partir de ahora
otros ecos, remotamente distintos
que el viento y las aves repiten
con su natural sinceridad
con su inigualable maestría.

Dejémosles a ellos hablar
antes de condenarme al inevitable silencio.

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CHARLAS DE CAFÉ

>> domingo, 9 de septiembre de 2012


1. EL CHISTE

- ¿Conocéis el chiste del columpio?
- ¿Qué chiste? ¿De qué hablas?
- Es muy sencillo… Resulta que un hombre, a las cuatro de la mañana, se va a meter en la cama. Se desnuda, se mete dentro y, de pronto, oye una voz desde la calle que grita: “¡Que alguien me empuje, que alguien me empuje!”
- ¿Y?
- Bueno, entonces el hombre, como es natural, se asusta.
- ¡Ah, ya entiendo! Lo del columpio tiene que ver con el hombre que grita… Grita porque quiere que le empuje el otro, el que está en la cama, porque no puede hacer que funcione el columpio… Porque tiene los pies cortos y no le llegan al suelo… o porque no sabe impulsarse por sí solo y necesita de otro.
- Lo has contado mal. No tenías que haber mencionado la palabra “columpio” antes de contar el chiste. Así ya no tiene gracia, ya no hay suspense, se sabe por qué alguien grita “¡que alguien me empuje!”
- Es un chiste absurdo… ¿Qué hace un hombre en un columpio a las cuatro de la mañana?
- Era un niño, no un hombre…
- ¡Pues con más razón! ¿Qué hace un niño a las cuatro de la mañana esperando a ser empujado en un columpio?
- ¿Y qué chiste no es absurdo?
- Yo diría más bien que tiene cierto tono de intriga… de suspense… un hombre acostándose desnudo a las cuatro de la mañana… alguien que grita desde la calle “¡que alguien me empujeee!”
- Me recuerda, de hecho, al chiste ese del hombre al que se le para su coche ante un manicomio…
- ¡Ya estamos contando chistes políticamente incorrectos!
- Es que yo creo que todos los chistes siempre se meten con alguien…
- Todos no… están los chistes blancos…
- Sí, esos tan inocentes que solo te hacían gracia de pequeño… ¡Eso ni son chistes ni nada!
- Además, en los de los manicomios, los locos siempre acaban dando lecciones a los cuerdos… Son los más listos de todos…
- Bueno, ahora ya fuera de bromas… Cuéntanos a Rodrigo y a mí el motivo por el que nos has sacado de la cama a estas horas y nos has citado aquí…
- … Para contaros el chiste del columpio…
- Alberto, chico… ¿Tú estás bien de la cabeza?
- ¡A ver si te vamos a tener que hacer un chiste!
- ¡El chiste sois ahora mismo vosotros!  ¿No os hace gracia?
- ¿Y el negocio que te traías entre manos?
- ¡Era una excusa para citaros aquí y reírme en vuestras caras!
- Oye, esto no tiene ninguna gracia Alberto…
- ¿Cómo que no? Miradme cómo me río: ¡Jaaaa jaaa!
- Es por lo de que tu mujer ¿no?
- Sí…
- ¿Te lo ha confesado?
- ¿Por qué me habéis hecho esto a mí?
- Tu mujer se merecía algo mejor que un tipo que se dedica a contar chistes malos sin saber contarlos a horas que no son de recibo…
- … No te aguantaba, vamos…
- Ya no estaba contigo. Era libre.
- ¿Y vosotros os hacéis llamar amigos?
- Lo que me sorprende es tu infantilidad… ¿Esta ha sido tu manera de vengarte de nosotros?
- ¡Nos das asco! Además, copiar las estratagemas de tu mujer…
- ¿Cómo que “copiar las estratagemas de mi mujer”?
- Si… La primera vez que se acostó con Rodrigo, me pidió a mí (que ya me había acostado con ella) que te sacase de casa con la excusa de contarte chistes…
- No nos irás a negar que ya no te acuerdas de la noche de los chistes…
- Luego, cuando empezasteis con ella todavía vivía conmigo… Luego, ella todavía no estaba libre…
- Alberto, hijo, que hablas de tu mujer como si fuera un taxi… Ya solo te ha faltado decir que llevaba la luz verde puesta…
- ¡La luz roja si que os la ponía a vosotros!
- Alberto, ¿sabes el chiste de dos asesinos a sueldo que vienen a matar a un amigo que les ha citado en un bar…?
- No sigas, no sigas, creo que me lo sé… Creo que termina matándoles él a ellos…
- No si lo podemos evitar… Nosotros somos muy buenos inventando chistes sobre la marcha…
- Pero lo de que se acuestan con su mujer… ¿no os parece políticamente incorrecto?
- Que va, hombre, es un acto de justicia… Como lo de los locos, que al final son más listos que los que parecen cuerdos…


  1. EL ARTISTA INCOMPRENDIDO

-         ¿Qué fue lo que te motivó a hacer esto?
-         Fue un acto de rebeldía… Necesitaba hacerme valer…
-         ¿Por qué lo publicaste?
-         Porque sabía que por fin había hecho algo universal…
-         No me parecen suficientes razones. Me debes una explicación.
-         ¡Ya lo sé… Estoy tratando de dártela!
-         Me la estás dando porque te la he sacado con tenazas…
-         ¡Bueno, ya está bien! ¡Un poco de humanidad, por favor!
-         A ver. Sigue…
-         ¿Recuerdas todos aquellos cuadernos de dibujo, aquellos cuadros?
-         Sí. Es algo que has venido haciendo hasta ahora.
-         Tú lo has dicho. He roro con todo eso. Ahora escribiré.
-         ¿Cómo dices?
-         Sí. He comprendido que ese no era mi camino, que yo iba por las letras…
-         ¿Quién te ha metido semejante idea en la cabeza?
-         El haber estado años y años tratando de explicar mi obra, mi universo, sin que nadie lo entendiese…
-         Pero la gente te ha comprado tus cosas… A la gente le has interesado.
-         ¿A quién le he interesado? ¿Al mercado?
-         No te pongas ahora políticamente reivindicativo…
-         La gente compra lo que otra gente les dice. El arte, y esto me lo dijo alguien a quien aprecio, debe merecerse. Ya me he cansado de entregar mi trabajo a personas que no lo saben valorar. Que solo lo quieren para almacenarlo en habitaciones, esperando a que suba de valor para deshacerse de ello. ¡Se acabó! Pero si solo fuera eso… La gente no sabía lo que yo pintaba, no lo entendía. La gente pensaba que yo era pintor abstracto, pero nada más lejos de la realidad… Yo soy figurativo, pero nadie entiende qué estoy representando. Y esa es mi auténtica frustración. No hacerme entender. ¿Sabes cuándo lo descubrí?
-         ¿Cuándo?
-         Después del accidente. Después de perder la movilidad en el brazo derecho. Cuando me empeñé en seguir trabajando pero con la otra mano. Con la zurda. ¡Habiendo siendo diestro toda la vida! Te va a parecer una broma, pero las cosas que pintaba y dibujaba con la mano izquierda acababan siendo iguales que las realizadas con la derecha. Es decir, que descubrí que en realidad no sabía pintar ni dibujar. Pero no porque no supiera volcar mi mundo imaginario a través de mi mano en el papel. Todos sabemos que la mano va por un lado y el cerebro por otro. No era eso, como te digo. Era que había descubierto que era una persona inútil para toda tarea artística. 
-         Y fue entonces cuando escribiste ese bello poema para mí…
-         Sí…
-         Ese bello poema que nunca debiste publicar. Ese bello poema que nunca debió de figurar en ningún libro. Ese poema que tenía que haberse quedado en la hoja de papel que me diste. Ese poema que yo nunca supe que habías escrito por duplicado. Nuestra intimidad la vendiste y no hay más que hablar.

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La danza (copia)

                                                       Acrílico sobre lienzo (80 x 60 cm)

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Alfredo Kraus "Pourquoi me reveiller" Werther

>> sábado, 8 de septiembre de 2012


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La casa del loco. Fotografías ilustrativas para el cuento



Árbol

Serpiente

Cabeza boca abajo

Mano

Taller

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LA CASA DEL LOCO


Todavía no había caído la última luz de la tarde cuando dos siluetas aparecieron sobre el fondo crepuscular. Aquellos cuerpos negruzcos apenas se detuvieron a contemplar el paisaje que se encontraban atravesando. Todo un espectáculo desperdiciado por cuatro ojos ingratos. Aquel panorama bien podría resumir el sentido de las palabras “silencio”, “soledad” o “vacío”. Un pueblo convertido en escombros. La mitad de las casas, todas construidas en pizarra, venidas abajo. Toda aquella destrucción acometida por el tiempo parecía marcar un camino claro para los forasteros. Montañas de fachadas hechas pedazos conducían claramente hacia la única casa que todavía se mantenía en pie en aquel lugar. Una casa que parecía haber sido construida con material de otras. Su eclecticismo desconcertaba al primer vistazo, pero si la labor de observación continuaba podían advertirse signos todavía más aturdidores dentro de su elaboración. Entre los bloques de piedra, curiosamente amarillos a diferencia de la gama cromática oscura de las otras edificaciones, podían encontrarse pequeños relieves ciertamente perturbadores: el dibujo de una mano ejecutado con un increíble hiperrealismo, el rostro de una mujer boca abajo, una serpiente enroscada formando un círculo infinito…
Cuando los detectives llegaron al lugar en cuestión que aquí se describe, se detuvieron por unos instantes como si tratasen con ello de elaborar un plan estratégico de entrada en la casa.
-         Los datos de la descripción coinciden… Tiene que ser aquí.
-         Cosa de brujas…
-         ¿Cómo dices?
Al parecer, por primera vez uno de ellos se había percatado de algo concreto. Habían ido allí a tiro fijo, como guiados por una suerte de mano mágica invisible que les impedía concretar los detalles de todo cuanto les rodeaba. Una mano presurosa, que podía amenazar con desaparecer en caso de aminorar la marcha de quienes la seguían ciegamente.
Ahora, habiendo llegado al punto final, podían mirar y ver. Las dos cosas. Observar, como buenos investigadores que eran. Fue curiosamente la peculiaridad de esta casa lo que les hizo volver a poner los pies sobre la tierra, ser conscientes del resto del pueblo.
-         La guerra…
-         No. El tiempo y el éxodo.
-         ¿Cuánta gente pudo vivir aquí?
-         A lo mejor todavía prevalecen sus olores… Eso de allí debió de ser una cuadra… ¿No hueles a caballo?
-         ¡No digas tonterías! Eso es cosa de la poética, que te tiene trastornado…
-         ¿Y estos graffitis? ¡Aquí hay cosas escritas en la piedra! ¿Lo ves? Junto a los relieves… Aquí, a la derecha de la mano… Creo que puedo leerlo.
-         ¿Qué dice?
-         No sé… ¡Esto es cosa de brujas!
-         ¡Déjate de tonterías!
-         No, no… De tonterías nada… ¿Y si lo son, qué pasa? No está mal soñar de vez en cuando. En esta casa pudieron practicarse ritos de brujería. Las marcas no dejan duda…
Pero todavía no lo habían visto todo. A la derecha había una puerta de doble hoja. Al encontrarse medio abierta, cualquiera podía asomarse y contemplar lo que aquella casa escondía (en parte) y que no era otra cosa que un taller de artesanía.
Los detectives, por fin, dieron con esta zona de entrada.
-         ¿Has visto?
-         ¡Esculturas!
-         … Está todo manga por hombro.
-         ¿Pero este hombre seguro que vive aquí?
-         Este hombre TIENE que vivir aquí. ¿No lo entiendes?
Consiguieron entrar fácilmente. Desde fuera se podía quitar el seguro de la hoja inferior de la puerta.
La repentina oscuridad les cegó por unos momentos. El polvo dorado que entraba desde fuera marcaba sendas escondidas en el aire. La luminosidad detectaba la suciedad enmarcándola, señalándola sin piedad.
Aquellas esculturas recordaban en estilo a las ejecutadas en los bloques de piedra de la fachada. Los seres inventados que pujaban por volverse tridimensionales parecían salir de los bloques de madera y piedra ajustándose a su formato. Eran como tótems de tan rectangulares que eran. Siempre estrechos y estirados, como deseando escapar hacia arriba.
Mesas de herramientas mostraban los bisturís que habían logrado aquellas artísticas cirugías.
Los dos detectives siguieron su camino sin detenerse excesivamente en toda aquella parafernalia delirante. Al fondo se adivinaba lo que parecía un dormitorio. Llegaron hasta allí y miraron a través de la puerta. En el interior había dos hombres: el primero se encontraba tumbado sobre una cama mientras que el segundo, sentado en un extremo del colchón, tenía sus dos manas colocadas sobre el otro cuerpo, sin tocarlo. Ambos tenían los ojos cerrados.
Uno de los detectives interrumpió:
-         ¿Alguno de ustedes es Olivero Gandaria?
Ninguno de los dos hombres contestó. Tuvieron que esperar los detectives a que aquel silencio fuese interrumpido voluntariamente por uno de aquellos extraños personajes. El primero en moverse (y casi en volver a respirar) fue el hombre de las manos tendidas. Después, el otro se incorporó de la cama y abrió los ojos.
-         ¿Qué desean?- dijo el hombre de las manos tendidas (que ya las había bajado). Los ojos permanecieron cerrados un tiempo más.
-         ¿Es usted Oliverio Gandaria?- volvió a repetir uno de los detectives. El hombre que había estado en la cama esperaba ahora pacientemente a que le dejasen salir de la habitación.
-         En efecto. Ese es mi nombre. Dejen marchar a mi amigo…
El otro detective le abrió la puerta al hombre que esperaba a salir. Ahora que se habían quedado los tres a solas, los detectives pudieron comenzar a formular preguntas más personales a Oliverio.
-         Usted estuvo recluido en el centro psiquiátrico “Los abedules” ¿no es cierto?
-         Sí, estuve allí hasta que, por orden del gobierno, quedó desmantelado.
-         Por entonces ustedes tuvieron potestad para ir adonde quisieran y rehacer sus vidas…
-         Eso es…
-         … Una libertad un tanto incomprensible ¿no cree?- aventuró el otro detective, que por fin intervenía en el interrogatorio.
-         ¿A qué se refiere?- preguntó Oliverio.
-         Darle libertad a un loco… Otorgarle el beneficio de la responsabilidad.
-         Bueno, yo no lo pedí.
Los dos detectives no salían de su asombro. Por lo visto, aquel “loco” parecía más cuerdo de lo que se habían pensado.
-         ¿Cómo llegó aquí?
-         Tallando.
-         ¿Tallando?
-         Sí, tallando esculturas. Al principio no era más que un entretenimiento para salir del paso. Pero luego aquellas gentes que me daban de comer acabando por tomarme cariño y me “apadrinaron”.
-         ¿Qué gentes?
-         Las de este pueblo…
-         Pero usted es consciente de que aquí ya no vive nadie…
La locura parecía comenzar a hacerse visible, pensaron los detectives.
-         … ¿Cómo que no? ¿Y esa persona que acaban ustedes de ver salir por aquella puerta?
-         Oliverio… Las casas están derrumbadas.
-         ¿No me diga?- dijo Oliverio con ironía.
-         ¿Dónde está entonces toda esa gente de la que usted habla?
-         Sabían que ustedes iban a venir y se marcharon de aquí. Destruyeron sus propiedades para irse a vivir al bosque…
-         ¿Y ese hombre con el que estaba usted?
-         Se encontraba mal, muy mal. Ahora he conseguido regenerar su energía, devolverle la salud.
-         ¿Usted le ha curado posando sus manos sobre su cuerpo?
-         En efecto. Sé de lo que hablo. Medicina natural oriental, señores…
-         … ¿Por qué se han ido al bosque?
-         Ustedes limítense a hacerme preguntas sobre mí mismo, dejen a los demás en paz. – Oliverio parecía enfadado.
-         Entonces imaginamos que no le importará que le preguntemos por su salud mental.
-         Ya ven. Me encuentro perfectamente. Tan bien como la gente que ha vivido conmigo aquí. Cuando ustedes terminen conmigo, me dejarán ir con ellos al bosque ¿verdad?
Habían venido a llevárselo. Uno a uno, habían logrado localizar a todos los antiguos pacientes de los distintos sanatorios del país. ¿Qué había ocurrido? Simplemente, que aquel hombre había recuperado la cordura. ¿Y por qué no podría suceder?   

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