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BELLE ÉPOQUE

>> sábado, 15 de septiembre de 2012




Todo surgió entre tres amigos que quedaban a comer y jugaban a inventarse un pretexto con el que hacer como que trabajan: Rafael Azcona, José Luis García Sánchez y Fernando Trueba. Ninguno de los comensales que compartieron con ellos comedor en aquellos días pudieron imaginar que de esa mesa saldría un premio Óscar. Entre cucharada y copa de vino nació “Belle Epoque”, título mítico de la historia del cine español de los años noventa. Aquel guión creado de forma lúdica hablaba de muchas cosas: de la época prebélica de los años treinta, de la líbido escondida y bullente, de las ansias de libertad… Todo narrado con un “quitemos hierro a todas esas cosas que en realidad no son tan graves”, desde una perspectiva humorística genuinamente azconiana que creó escuela; de hecho, muchos de los nombres que participaron activamente en el film pueden considerarse seguidores directos del logroñés: los propios Trueba y garcía Sánchez, Martínez Lázaro, Colomo… Toda una cantera de directores que diseñaron un nuevo género de humor dentro del panorama cinematográfico, ajustándose a unos cánones que incluso a día de hoy continúan funcionando.
“Belle Époque” contó con un equipo técnico-artístico tanto español como portugués (los escenarios) y francés (Michel Galabrú interpretando el papel de Danglard y Antoine Duhamel encargándose de la banda sonora).
España, 1931: Fernando Jorge Sanz), un joven soldado del ejército, deserta tras una rebelión fracasada desde el cuartel de Jaca contra la monarquía. Sus pasos le llevarán hasta un prostíbulo en el que conocerá al párroco don Luis (Agustín González) y a Manolo (Fernando Fernán Gómez), que se encuentran pasando la noche jugando a las cartas. Primer golpe de humor. Manolo le ofrece pasar la noche en su casa a Fernando. Al día siguiente, dispuesto ya a partir en tren buscando un nuevo destino, Manolo conocerá a las hijas de Fernando en la misma estación. Violeta (Ariadna Gil), Clara (Miriam Díaz Aroca), Rocío (Maribel Verdú) y Luz (Penélope Cruz) acaban de llegar de viaje para quedarse en casa con su padre. Fernando queda como embelesado ante estas cuatro apariciones y decide postergar su viaje para conocerlas más a fondo. Manolo ya se lo imagina y asume que acabará perdiendo un amigo para ganar un “yerno”. De estas cuatro gracias, quizá la más peculiar sea Violeta, que se cree “hombre” según su padre.
Durante la estancia en la casa familiar, Fernando no solo irá intimando con cada una de las hijas sino que conocerá además a otros personajes: El ya mencionado don Luis, por ejemplo, que a pesar de su cargo posee unas ideas liberales que lo harán sentirse identificado con don Miguel de Unamuno y su “sentimiento trágico de la vida” (Manolo, mente preclara donde las haya, cree que el error de Don Luis es considerar a Unamuno como “pensador” y no como “poeta”). Luego Juanito (Gabino Diego) y su madre Doña Asun (Chus Lampreave), ambos de ideología carlista. Juanito se encuentra enamorado de Rocío y siempre va tras ella (junto con su madre) para pedirla que se case con él. Está dispuesto a renunciar a sus ideas (y a su madre) con tal de que ella le diga que “sí”. De aquí resulta otro de los puntos cómicos sobresalientes de la película. Y, por último, la mujer de Manolo y madre de sus hijas, Amalia (Mary Carmen Ramírez) y su amante, Danglard (Michel Galabrú) que vienen a pasar unos días en la finca. Entre Danglard y Manolo surgen rencillas debido a que Amalia no está dispuesta a renunciar a ninguno de los dos. Ella es cantante (como la actriz que la encarna en realidad) y se encuentra haciendo giras por Europa difundiendo la zarzuela (gracias a Danglard, que pone el dinero en tan poco rentable misión). La escena de la llegada de ambos a la casa, cantando “En un país de fábula” (romanza de la zarzuela “La tabernera del puerto” de Sorozábal) añade otro de los puntos de comicidad al film, quizá el más surrealista de todos.
“Belle Époque” ganó, a demás del Óscar, nueve premios Goya.
La partitura de Antoine Duhamel (que colaboró entre otros con Jean-Luc Godard durante la etapa de la Nouvelle Vague francesa) resulta deliciosa, fundiendo la esencia original de sus partituras con el folclore español de la época histórica en cuestión sin caer en tópicos habituales.
La amistad de Fernando Trueba y Rafael Azcona les llevó a emprender una nueva empresa seis años después: “La niña de tus ojos”, basada en la experiencia de los equipos técnicos y artísticos españoles durante su estancia en la alemania nazi. Concretamente, y aunque no se alude a ellos, la experiencia de Florián rey y de quien por entonces era su mujer, Imperio Argentina (a la que no gustó en absoluto esta película).
Así mismo, Duhamel colaboró aportando la banda sonora a otro film de Trueba. “El sueño del mono loco”, film previo a “Belle Époque” (tres años anterior, de 1989).
“La niña de tus ojos contó con actores que ya figuraron en “Belle Epoque”, como Penélope Cruz y Jorge Sanz.
Cuando Trueba recogió el premio Óscar, dijo una frase que pasaría a los anales de la historia del cine:

“Me gustaría creer en Dios para agradecérselo. Pero solo creo en Billy Wilder, así que, gracias Mr. Wilder”.

El propio Wilder le llamaría por teléfono al día siguiente para decirle:

“Hola Fernando, soy Dios”.

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