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EL TEJEDOR DE SUEÑOS

>> martes, 25 de septiembre de 2012

Llegó a casa.
Encendió la luz,
Dejó el abrigo,
Colgó sombrero,
Miróse al espejo.

Allí estaba:
Un poco más viejo,
Un poco más ciego,
Con cada vez más canas
Y menos cabello donde exhibirlas.

Cerró la puerta.

Cruzando el pasillo
Se detuvo en el mismo sitio
Que todas las noches a la misma hora.
En una de las paredes colgaba
Lo que por transparencia parecía visillo
Pero que tapiz en realidad era.

Habían sido muchas horas pinchando aguja
Y alternando colores teñidos en hilos de lana
Habían sido muchos días acumulados en jornadas
Que representarían el elixir de la eterna juventud
vertidos como líquido fantástico en una probeta.

¿Cuál podía ser el tema de este tapiz?
A diferencia de algunos más comunes
No trataba de una cacería de ciervos
Tampoco de batallas medievales hablaba
Ni de bonsáis, samuráis, montañas  y geishas
El tema no era otro que el de sus sentimientos.
¡Difícil asunto para trabajar mediante manufactura!
¿Cómo expresar tantos momentos felices de una vida?
¿Cómo representar concretamente sesenta años
Convertidos en un asunto tratado en novecientos días?

El hombre observaba aquel trabajo tan laborioso
Aquella obra suave, rectangular y colorida
Con una mirada por la que escapaba la energía
Con un cuerpo que solo quería sentarse y descansar
Mientras pensaba en aquella idea ya resuelta y decidida

Tiró del cordel que sobresalía de los demás, bien urdidos
Y el tapiz fue poco a poco desapareciendo… lentamente
Dejando de ser, olvidando tanto tiempo dedicado a construirse
En aquellos breves y eternos momentos de destrucción.

La noche llegaba y el mar asomaba por la ventana
Curioso, como queriendo ver lo que allí pasaba
Brillando con las luces de los barcos en el horizonte
Más hermoso que nunca.

Cuando aquello que colgaba acabó convertido
En un montón de colores arruinados en el suelo
El hombre se dirigió, con el trabajo hecho, a la cama
Y desde allí, pensó que lo peor había ya pasado.

Cerró los ojos y dejó arrullarse por el murmullo de las olas
Mientras sus pensamientos cada vez más se abstraían
Viendo ya solo colores, como si los hubiese recogido de allí,
De ese pasillo, como si ya no estuvieran tan lejos
Y hubiesen venido hasta él
Ya no físicos, ya hechos sueño
Y desde la inconsciencia, volvió a trabajar con ellos.

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